elPeriódico.com, 20-08-2005

¡HORROR! LA POLICÍA BRITÁNICA MIENTE

JOSEP Pernau

La credibilidad es como la virginidad: que una vez perdida ya no se recupera. Quizá con una larga penitencia de honradez se consiga un cierto grado de confianza, pero siempre se recordará aquella vez que los responsables de buscar la verdad mintieron.

Es lo que le ocurre ahora a la policía británica. Le costó un siglo merecer la credibilidad de los ciudadanos, y la ha perdido en cinco minutos. Mintió Scotland Yard en el caso del electricista brasileño Jean Charles de Menezes, al que un agente mató a sangre fría. Podrán decir que se mintió en el contexto de la fiebre antiterrorista de los atentados de julio. Los policías no han de mentir y han de estar vacunados contra la histeria colectiva.

Mintieron todos los jefes, que justificaron los siete disparos en la cabeza del brasileño afirmando que vestía un abrigo, lo que podía servirle para esconder la bomba que, según las suposiciones policiales podía estallar en el metro de un momento a otro. Y que era portador, además, de una mochila, lo que constituía una señal evidente de sus perversas intenciones. Ni abrigo, ni mochila, ni bomba. Todo era una cadena de falsedades para enmascarar la torpeza de matar a un inocente.

La mentira pone ahora en peligro la estampa centenaria del bobby que es amable con los vecinos y que ayuda a los niños y a las ancianitas a cruzar la calle. Faltar a la verdad hace que se olvide un siglo de persecución al carterista en la calle, de seguir las huellas del sádico y de investigar en los salones al ladrón de guante blanco. Todo, por las mentiras policiales y por la sospecha cierta de que el que miente una vez puede mentir un millón. En Gran Bretaña la policía es mentirosa, como en los países del otro lado del Canal, reflexiona el ciudadano del bombín. ¡Que vergüenza!