Política y justicia
Juan Manuel García Ramos
Alguien podría pensar -si el pensamiento
no lo han prohibido aún, que no sé- que el ministro de Justicia español erró en
destacar a dos fiscales anticorrupción en Canarias, después de denunciar a los cuatro
vientos los altos índices de corrupción que él percibía en las Islas, para
allanarle su previsible camino electoral futuro: el mayor alto cargo
institucional imputado -no inculpado- en un delito de corrupción después de que
hayan actuado los fiscales del ramo es un ex consejero del Gobierno saavedrista (1991-1993). Por lo menos en las primeras
instrucciones practicadas, sólo instrucciones, por otra parte. De ahí a una
condena en firme puede mediar la eternidad.
Pero lo cierto es que en Canarias y fuera
de ella se ha sembrado un clima de sospecha generalizado sobre actuaciones
municipales, cabildicias y autonómicas, y uno se
encuentra por ahí con el correveidile de turno proclamando con gustosa
malignidad que en los próximos meses caerán este, aquel y el otro gobernante de
Coalición Canaria o del Partido Popular, nunca del Partido Socialista. Antes de
las próximas elecciones, entre septiembre y octubre.
Ya veremos. El que haya metido la pata -en
este caso, la mano- que lo pague ante
Me viene todo esto a la cabeza después de
leer un brillantísimo artículo del magistrado en excedencia y abogado, Javier Gómez
de Liaño, sobre la concesión del tercer grado al ex secretario de Estado de
Seguridad, Rafael Vera.
Denuncia Gómez de Liaño en su colaboración
periodística en El Mundo (28/8/06) que hace tiempo, tal vez siglos, que
Y ahí es donde a uno le surgen las dudas.
¿Puede un político de partido ejercer esas delicadas misiones de administración
imparcial de
En 1996 mantuve una polémica con Juan
Fernando López Aguilar en torno al nacionalismo canario. Él había escrito un
artículo en la revista Claves, de Madrid, en el número de septiembre de
1996, sobre "Estados autonómicos y nuevos nacionalismos. El caso de
Coalición Canaria".
En ese trabajo venía a ridiculizar la
posible ideología nacionalista de Coalición Canaria, ideología todavía en
ciernes en aquellos momentos, pues apenas habían transcurrido tres años de
constitución del primer gobierno nacionalista de la historia de nuestro pueblo,
y aprovechaba además López Aguilar para ignorar todo antecedente nacionalista
previo al proyecto de Coalición Canaria, todo ello en beneficio del respeto que
dispensaba a los nacionalismos históricos de Galicia, Euzkadi
y Cataluña.
En aquellos momentos nosotros sostuvimos
que los antecedentes históricos del nacionalismo canario eran tan legítimos
como podían ser los del gallego, vasco o catalán, por poner los ejemplos más a
mano. ¿Quién podría dudar de la existencia del nacionalismo andaluz?
Desde los primeros fueros arrancados por
nuestra especial situación geoestratégica a la corona española, a la
consideración de Canarias como "cuerpo de nación original", según el
ilustrado Viera y Clavijo, pasando por el pensamiento
de Secundino Delgado y su influencia posterior en la
fundación del PNC en 1924, o los movimientos regionalistas surgidos en el
Ateneo de
¿Puede alguien poner en duda que las
Canarias, a
Seguimos creyendo hoy, como creíamos en
1996, que el nacionalismo canario, sea a través de Coalición Canaria o de
cualquier otro mecanismo político, no es sino la ideología que actúa como
palanca para reforzar nuestra conciencia de pueblo singular y para defender
unos intereses concretos, sin que tales objetivos conlleven una insolidaridad
con el resto de los pueblos.
No eran, ésas, ideas compartidas por
nuestro antagonista en aquel último lustro del siglo XX, el hoy flamante
ministro de Justicia español y candidato in pectore a
la presidencia del Gobierno de Canarias en las próximas elecciones.
Hoy, curiosidades de la vida, el PSOE de
Juan Carlos Alemán (y de López Aguilar) apoya un Gobierno de Coalición Canaria,
aunque sólo sea como estrategia para cortarle el paso al Partido Popular. Única
estrategia de la que parecen ser capaces los partidos estatalistas
en Canarias.
En el acuerdo tácito que hay entre el PSOE
y CC, se comparten intereses, no valores, ni ideas, ni específicos objetivos
políticos. El interés del PSOE de situarse con cierta ventaja respecto al PP
con vistas a 2007, el interés de CC de mantenerse en el poder, de colocar a los
suyos con mayor holgura y de neutralizar al mismo tiempo a un rival natural
como es el PP, sobre todo en Tenerife.
El regreso a la política canaria de Juan
Fernando López Aguilar no sólo va a conllevar una elevación de la calidad y de
la temperatura ideológica en el debate político del Archipiélago, sino nos
servirá además para comprobar hasta qué punto la hostilidad del ministro hacia
Coalición Canaria sigue siendo la misma, o no, de la de 1996, o si sus
denuncias de corrupción desde su alto cargo contra las clases dirigentes que
hoy ocupan buena parte de las instituciones canarias se atenúan o se acentúan
cuando abandone su actual destino y se convierta en aspirante a gobernar esas
mismas instituciones. Esto se pone divertido.