Los plátanos y la polka de Nijota
Wladimiro
Rodríguez Brito
Cada poco, la
historia nos obliga a mirar para detrás para poder sembrar el futuro. De esta
manera, estamos siendo testigos de cómo el sector más mimado de la agricultura
canaria, con importantes inversiones de recursos públicos (sorribas,
riego, invernaderos, etc.) y privados (dinero de la inmigración americana y del
ahorro de nuestros agricultores), que mantiene aún un importante paisaje
agrícola y miles de puestos de trabajo, se viene abajo.
En diciembre, en medio
de las numerosas alegrías y celebraciones motivadas por la consecución del
acuerdo con
¿Qué hacemos en
Canarias ante esta situación? Pues estar pendiente de una nueva tormenta
"Delta" para que regule de forma "natural" los precios. El
pasado año, "gracias" a los efectos catastróficos de este fenómeno
meteorológico, nuestros agricultores pudieron cobrar mejores precios ante la
menor producción que pudo comercializarse. Sólo 5 millones de kilos semanales
frente a los 8 de la actualidad. La pregunta que nos hacemos es qué hace ASPROCAN,
la organización platanera responsable de estos temas, ¿es que no es capaz de
organizar? ¿No planifica? ¿No promociona? ¿No busca abrir nuevos mercados o al
menos conservar los antiguos? ¿Por qué no se pueden vender plátanos más allá de
los Pirineos? ¿Acaso no se han enterado de que hemos tenido un invierno seco
que ha adelantado la cosecha? ¿Con qué antelación planifica ASPROCAN? Esta
semana picamos el 20 por ciento, eso significa que se quedarán en Canarias 2
millones de kilos, es decir, 1 kilo en sólo una semana por cada habitante. Una
barbaridad.
En este nuevo mundo de
la "aldea global" y de las multinacionales, parece increíble que no
tengamos equipos capaces y competentes que establezcan y consoliden una
uniformidad comercial, una etiqueta de calidad y una estrategia común para
defender nuestros plátanos en el mercado peninsular. ¿Cuántas categorías
tenemos en el mercado frente a la uniformidad de las multinacionales? En muchos
casos se están vendiendo bananas por plátanos en lugares donde la escasa claridad
en la comercialización consigue confundir al consumidor.
Creemos que es el
momento para que nuestros agricultores y el resto de la sociedad reaccionen
para poner fin a esta situación. Es nuestra obligación defender a un sector
que, social y ambientalmente, desempeña un papel clave en Canarias. Tenemos un
mercado peninsular y una imagen de marca de calidad consolidada a lo largo de
muchas décadas, y ante la incapacidad de sus responsables se nos está escapando
entre los dedos. Están faltando ideas nuevas y solidez en la comercialización.
Nos resulta especialmente triste que en pleno siglo XXI las palabras del genial
Nijota sigan estando vigentes y dándole la razón en
esa polka que nuestros queridos sabandeños
han popularizado en los últimos veinte años.
Necesitamos una
entidad profesionalizada transparente y democrática con capacidad para
comercializar la fruta superando la atomización de la oferta canaria. Hoy por
hoy, ASPROCAN es totalmente ineficaz. Entre otras cosas, debido a las guerras
internas de sus integrantes con intereses contrapuestos.
Las administraciones
competentes deben propiciar en el ámbito de nuestros mercados de destino, es
decir,
Es mi intención
terminar con un mensaje positivo. Uniformizar calidad y oferta es necesario y
posible en Canarias. También hay que añadir que no todos los males son hijos de
ASPROCAN. En definitiva, aún podemos enderezar el rumbo de esta nave, antes de
que encalle en los acantilados costeros o que, peor aún, naufrague en medio del
Atlántico. En esa tarea debemos colaborar y ayudar todos, sin excepciones.
*Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del
Cabildo Insular de Tenerife