Pollos
"sostenibles"
Wladimiro Rodríguez Brito
Quiero aprovechar este espacio para invitarles a
reflexionar de nuevo sobre algunos aspectos ambientales y culturales que se nos
plantean a diario en nuestra tierra y en los que muy poca gente repara.
Por supuesto,
partimos de la base de que la economía y el medio ambiente son dos cuestiones
intrínsecamente relacionadas en un mundo tan complejo e interconectado como es
el que vivimos, y es obligado cuando hablamos de una de estas parcelas
referirnos también a la otra, si no el análisis quedaría incompleto. Un
concepto que escuchamos con demasiada frecuencia y muy poco contenido es el de
"sostenibilidad", sin que los que utilizan
esta palabreja se den cuenta de su significado real.
Todo el mundo sabe
que tenemos los mejores y más frondosos bosques de los últimos 500 años pero,
al mismo tiempo, importamos cada año cantidades ingentes de maderas preciosas
de países, como Brasil, muchas de ellas sacadas de la tala indiscriminada y
brutal de los bosques amazónicos. Acaso es coherente que hagamos tanto hincapié
en conservar nuestros montes cuando no se repara en que se están esquilmando
otros. Baste un dato, cada año desaparecen más de 20.000 Km2 de bosque de este país
en un proceso que lleva durando varias décadas. Asimismo, en esos terrenos
deforestados se realizan siembras para producir soja, plantaciones de caña de
azúcar (para fabricar biocombustible o etanol) o
pastos para una ganadería intensiva, que lo convierte en uno de los mayores
exportadores de carne del mundo. No olvidemos que estos suelos tropicales, una
vez deforestados, pierden gran parte de su fertilidad y su materia orgánica,
degradándose por la acción de la erosión y convirtiéndose -finalmente- en un
erial.
Otro caso curioso
tiene que ver con los pollos. En 2006 hemos importado, sólo de Brasil, 33
millones de kilos de carne de pollo. Un país que se está convirtiendo en uno de
los mayores productores de alimentos del mundo, en el que coexiste la miseria
más absoluta con un pillaje, más o menos clandestino, de sus recursos
naturales. Esta situación nos hace dudar de que este modelo sea sostenible a
medio y largo plazo, no sólo para los brasileños sino también para nosotros,
parte implicada en todo el proceso como consumidores finales.
Deberíamos
reflexionar sobre qué hacemos en Canarias para ser menos dependientes del
exterior y ser, al mismo tiempo, más sostenibles. Acciones como la potenciación
y defensa de una cabaña ganadera viable así como el mantenimiento de una
agricultura de abastecimiento mínima parecen medidas no sólo de sentido común
sino que obedecen a razones estratégicas de cara a un futuro incierto.
Imaginemos por un momento que, tal como ocurrió en Asia, la gripe aviar
afectara a Brasil y se cerraran sus exportaciones a Canarias. ¿Qué hacemos?,
¿de dónde sacamos los 16 kilos por habitante y año que consume nuestra
población, provinentes de Sudamérica?
La cuestión es aún
más paradójica cuando nos damos cuenta de las dificultades notables que nuestros
productores locales tienen para trabajar en el territorio insular. Entre otros
factores, por la fina pituitaria de mucha de nuestra gente y por la incapacidad
de algunos gestores políticos que no han contemplado en sus planeamientos
municipales espacios adecuados para albergar actividades ganaderas. Un ejemplo
triste de esta situación lo tenemos en la proyectada Granja Escuela de Las
Rosas, en San Juan de
Si de verdad tenemos
interés por comprometernos con el planeta y un futuro sostenible para nuestra
comunidad es necesario e imprescindible que dejemos de lado las declaraciones
de principios y los brindis al sol, y pasemos a la acción -personal y
colectiva- diaria, que reduzcamos y canalicemos mejor nuestro consumo y que, en
definitiva, adoptemos un mayor compromiso de vida en este tema, tan vital para
nuestra supervivencia en el futuro. Si el modelo no es sostenible ni viable en
el rico e inmenso Brasil, qué podemos esperar para este microterritorio
insular. Aún estamos a tiempo de sembrar y plantar nuevos compromisos para un
futuro sostenible en estas ínsulas. No dejemos escapar esta última oportunidad.
* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del
Cabildo Insular de Tenerife