ElGuanchePress, 29-03-2005

EL PORCENTAJE DE PARTICIPACIÓN: ÚNICA BARRERA ADMISIBLE EN DEMOCRACIA

Serrín está que se sube por las paredes y es que no comprende como el otrora noble y pacífico ("sumiso" llegó a decir el gnomo) pueblo canario ahora no sólo se hecha a la calle a las menores de cambio, sino que le ha cogido gusto y hasta disfruta manifestándose alegremente entre chácaras y tambores, entre bailes y canciones, no en balde según las últimas encuestas de los libreros Canarias es donde más se lee después de la Comunidad madrileña, record que ya teníamos con respecto a la comunidad Catalana, esperando que muy pronto alcancemos la cabeza y todo ello a pesar de las autoridades educativas que padecemos, sin embargo, y gracias a nuestro incansable profesorado, orgullo de todos nosotros, seguimos manteniendo, eso sí, a duras penas, nuestro deficiente sistema educativo.

A Serrín le cuesta creer que hasta los sociatas hayan echado las cuentas y reflexionado que con la regla de tres simple del sistema electoral de ellos jamás serán una alternativa de gobierno y todo debido a que el tope electoral de nuestra bananera sociedad, dicho sin segundas, mediante el cual es necesario sacar en una isla el 30 por ciento de los votos para obtener representación parlamentaria los condena a una eterna oposición, y a todos nosotros a la monotonía y el aburrimiento de un régimen tripartito pues tres veces treinta por ciento son noventa por ciento y si por ejemplo votan en una isla, San Borondón pongamos por caso, cuatro electores y cada uno vota a un partido nadie obtendría representación parlamentaria al haber obtenido cada uno el 25 por ciento de los sufragios y no llegar al 30 por ciento necesario, pero si en lugar de votar cuatro electores votaran solamente tres a otros tantos partidos cada uno obtendría un tercio de los escaños correspondientes a San Borondón al obtener cada partido el 33.33...por ciento de los sufragios ˇSESUDO ESTE SERRÍN, EHHH...! Con esa barrera insular da igual que el tope Nacional de Canarias sea el 6, el 3 o el 0 por ciento, pues el 30 por ciento insular viene a condicionar el resto.

Este y no otro, el de las barreras a la democracia, es el trasfondo de los dimes y diretes de la normativa electoral, por medio de la que unos y otros intentan repartirse nuestro dinero, perdón los escaños parlamentarios sin cuestionar para nada el porcentaje de participación electoral de las ciudadanas y ciudadanos, verdadero caballo de batalla de la participación democráticas.

Ejemplos recientes los tenemos en las convocatorias electorales al Parlamento europeo y en el referéndum sobre el tratado constitucional de la Unión Europea, en los que a duras penas se alcanzó la cuarta parte de participación del censo electoral, lo que afortunadamente ilegitima ambas convocatorias.

Y esto es más grave de lo que en principio pudiera parecer, pues bajas participaciones electorales han dado lugar a que lo más rancio, mediocre, cruel y sanguinario de la raza humana o mejor dicho inhumana, se hayan aupado al poder como es el caso de Hiltler en Alemania, Bush en USA, los partidarios del ultraconservador tratado europeo en el reciente 20-F y un sinfín de dramáticos ejemplos que se haría prolijo enumerar, pero que debemos retener en nuestra memoria histórica y colectiva para no repetir los mismos errores, caros errores.

Las conclusiones resultan obvias y es que cualquier sistema electoral debe exigir que la participación ciudadana en las distintas convocatorias supere, como mínimo, el 50 por ciento del censo para que las convocatorias sean legítimas, lo contrario es legislar para mantener la mediocridad, el totalitarismo y el régimen, como este que estamos soportando de la tripartita.

A Serrín esto no le entra en la cabeza. Es más, le parece una complicación innecesaria y prefiere seguir hablando del 30, 20 o 10 por ciento, del 6, 3 o 1 por ciento y no porque lo vea más o menos lógico, sino porque así le ha ido muy bien.

Sin embargo los demócratas exigiremos democracia, le pese al actual régimen o le pese a quien le pese: este es el camino que libremente ha elegido nuestro pueblo, que cada día que pasa está dejando más claro que con el mismo no se puede seguir jugando. Para más explicaciones remitirse a Ara u tabba. Dicen que el que advierte no es traidor y también hay quien dice que vale más creerlo que averiguarlo.