Por qué no creo en Dios / 1
Alexandro Saco
Porque considero
arrogante otorgar a una voluntad la creación de la maravilla que es el
universo. Porque no puede haber voluntad capaz de conciliar toda la interacción
de la naturaleza y erguirse sobre ella como creadora. Porque es una renuncia a
tratar de entender más allá de los dogmas de la fe. Dios es voluntad, la
naturaleza es perfección. Una voluntad nunca podrá crear perfección. Dios
cuenta con atributos humanos, no podría ser de otro modo en una cultura que ha
convertido al hombre en centro. Dios, como creación e interpretación humana de
lo desconocido es hasta simpático. Difundirlo como camino de vida erigido en
voluntad creadora, es cuestionable.
La vida el humano
no se la debe a ninguna voluntad. Ni la muerte propia debe ser censurada. Sólo
pueden encaramarse sobre el nacimiento y la muerte aquellos que pretenden
imponer una verdad mundana. El Dios que nuestra cultura nos presenta, es tan
humano que su divinidad es familiar. Sufre, castiga, ama, perdona, condena, da
vida: a imagen y semejanza. El límite de Dios es el límite de los humanos. Su
imagen, sus ideas, sus actos, respaldados por las iglesias, no se han acercado
a la divinidad, sino que han sido y son sociales, pero asumiéndose mejores.
Si el Dios que se
nos presenta tuviera algo de divino, esa idea no podría ser validada en
categorías humanas. Por eso Dios se encuentra en muchos lugares. En las
pantallas de
Lo cierto es que la
mayor fiesta católica se ha trastocado y la divinidad supuesta no ha podido
hacer nada para que navidad no sea sinónimo de dinero, de consumo, de pavo
muerto. La divinidad ha sido vencida por la publicidad y el consumo. ¿Puede una
divinidad desaparecer frente al comercio de los bienes terrenales? Lo terrenal
se esfuerza por construir un lugar distinto alimentando la idea de divinidad.
Pero religión y consumo en esta época son casi sinónimos. La religión, en
muchos casos es un producto, publicitado y expuesto en los medios de
comunicación.
Hipotecado ante la
voluntad creadora, al humano se le impide cruzar el puente que lo lleve a
confrontar las estructuras divinas. Porque éstas son finalmente políticas. La
distinción entre religión y política no existe. Unos hacen su labor apoyándose
el dogma divino, otros en el dogma político. Así, Dios o determinada ideología
es la voluntad por sobre las voluntades y se le otorga infalibilidad.
No hay más que
mirar alrededor de nuestro planeta, para comprender la armonía natural. De esa
naturaleza cósmica sólo podemos atisbar una ultra diminuta parte en este rincón
escondido del universo. Y desde este rincón algunos han decidido que una
voluntad a la que llaman Dios es la que lo ha creado todo. Qué arrogancia, qué
atrevimiento. Nuevamente el hombre encaramado sobre su voluntad de crear
ficciones, pero no para ser leídas, sino para ordenar el universo a la imagen
de sus limitaciones. No hay voluntad capaz de haber creado un mundo ni menos el
universo. Pero sí hay voluntades que para sustentar sus intereses pretender
validar esa limitada interpretación de la naturaleza. El universo no cabe en
Dios. Dios cabe en el humano. Por eso otros creemos en el humano, simple,
terreno, sexual, torpe y limitado. Pero a veces inteligente y acertado, creador
y amoroso.
23 12 2006