El PP y el puerto de Granadilla
Justo Fernández Rodríguez
El cinismo es una de las características que adornan a muchos políticos. Ángel Llanos, consejero del PP en el Cabildo de Tenerife, anunciaba, despues de una conversación con Mayor Oreja, el apoyo decidido a la construccion del puerto de Granadilla de los conservadores europeos, el "grupo más importante del Parlamento Europeo". Según el fogoso Llanos, como el hongo de los años 50, el puerto de Granadilla, "es bueno para Tenerife, para España y para la Unión Europea". No voy a extenderme en las razones por las que decenas de miles de ciudadanos tinerfeños se han mostrado, mediante recogidas de firmas y manifestaciones contra lo que consideran un pelotazo que beneficiará a los intereses especulativos de determinados personajes y grupos económicos cercanos al Gobierno autónomo, con graves consecuencias medioambientales.
Simplemente, voy a transcribir lo que opinaba el Gobierno de Aznar sobre el puerto de Granadilla, en un informe de 26-1-2000, de la Secretaría de Estado de Aguas y Costas, firmada por el subsecretario general adjunto, Carlos Peña, en el que se argumenta que "a los impactos sobre las playas hay que añadir el impacto del vertido de material de relleno o asentamiento del dique, que puede tener efectos negativos importantes sobre algunos fondos marinos, al cambiar el sustrato del mismo". "En cuanto al vertido accidental de fuel-oil, dependiendo de las condiciones meteorológicas, se pueden formar manchas dispersas que podrían llegar a la costa". "Uno de los impactos más fuertes sobre el medio ambiente será el producido sobre el paisaje, pues la zona perderá sus características de paisaje virgen incontaminado, para transformarse en una zona donde las características naturales serán irreconocibles y donde la explotación diaria de las instalaciones portuarias y el tráfico diario de barcos comerciales causarán de forma continua daños a la flora y fauna del entorno terrestre y marítimo".
El director general de Calidad y Evaluación Ambiental, Fernando Marín, el 27-1-2000, ratificaba lo expuesto y consideraba lo siguiente: "Los daños directos e indirectos que el citado puerto originaría en varias playas del sureste de Tenerife revisten una importancia extraordinaria, afectando a muchos kilómetros de costa bien conservada, eminentemente turística, con relevante valor medioambiental, paisajístico y de recursos naturales bióticos, siendo de destacar su cualificación como una de las zonas más importantes del mundo en paso y estancia de cetáceos".
"Esta Direccion General muestra, una vez más, su oposición total a la realización de dicho proyecto por las pérdidas irrecuperables que produciría, incluidas sus escasas playas". Juzguen ustedes mismos.
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Forma parte de su artículo "Democracia y cinismo"