PREHISTORIA CANARIA ¿PRECISA DATOS? (I)

 

Por Miguel Leal Cruz

 

Leemos en un medio regional el pasado día 7, una noticia alusiva a que “Antropólogos de Atapuerta (Burgos) se interesan por los primeros asentamientos antropológicos ¡cubanos! en una investigación conjunta de grupo con especialistas de aquella isla caribeña”. Como quiera aún  persiste la polémica en torno a la oscuridad casi total de datos para los siglos I al XV en nuestras islas, debate que fue iniciado hace poco en la presentación del libro Cronología de Canarias, en el CCPC; en su virtud aportamos alguna de las causas estructurales que, parece, hayan podido motivar tal escasez de elementos documentales probatorios. Incluso para los arqueológicos a la vista del interés que se muestra para otros archipiélagos atlánticos.

 

Se da por hecho científicamente las relaciones culturales pretéritas entre habitantes de este archipiélago canario con las imperantes en las zonas próximas de África, las denominadas líbico-berébere, nadie las pondrá en duda por ya probada. Las más zonas estudiadas han sido las cordilleras del Atlas, el Magreb marroquí, oeste sahariano, pero menos lo han sido los macizos orográficos de Futa D´Jalon situados en territorios más al sur, junto al río Níger y en los que proliferaron destacados imperios, por sus enormes riquezas, antes de la llegada de los europeos, y no suficientemente estudiados.

 

Este espacio geográfico global a decir de prestigiosos investigadores franceses mantuvo un paralelismo cultural con nuestras islas. Para su demostración científica se parte de un contexto nada sospechoso como es la cerámica, grabados rupestres, entre otras muestra de cultura material que datan cronologías muy antiguas para ambos espacios.

 

La cerámica es fundamental para conocer estas cronologías milenarias en el norte de África y nuestras islas, pues Sabino Berthelot sitúa la cerámica negra de La Palma con las aparecidas en cuevas de Río de Oro y Achacar en el Sahara ex español, ambas de tipo incisa por lo que propone cierta comunidad de origen. Según estudios editados por La UNESCO para el Norte de África, los proto guanches aportarán la cultura denominada de las cuevas, junto a las de enterramiento y momificación así como los tejidos de junco y cerámicas lisas de Tenerife o Fuerteventura, decoradas con incisiones que datan cronologías superiores a 2500 años antes de Cristo. También alude a las inscripciones tifinag o fondos de asa de piedra o túmulos de cronologías muy posteriores ya próximas a la etapa propiamente histórica.

 

Entre oleadas poblacionales pudo haber otras, incluso de étnia diferente. Considera que la primera migración camita procedente de Río de Oro, motivada por el cambio climático y deterioro del medio ambiente, será constante hasta el milenio anterior a la Era Cristiana, aportará elementos culturales que, a su vez, son coincidentes con otras aparecidas en el litoral mediterráneo:  ídolos o pintaderas; consideradas inmersas en cronologías superiores a tres milenios antes de Cristo y por tanto correspondientes a fases últimas del periodo neolítico (auténtico) que alcanzaría el litoral mediterráneo.

 

Si seguimos los estudios llevadas a cabo por otro gran investigador de la arqueología prehistórica, Manuel Pellicer Catalán, nos alecciona a través de rigurosos estudios avalados por los avances científicos, plasmado en numerosas obras, que patentiza aquella relación cultural canario-africana. En su ensayo sobre orígenes culturales para determinar elementos componentes de la Prehistoria de Canarias en su obligada relación con África próxima (Revista de Canarias, Tomo XXXIV, años 71-72), aporta deducciones concluyentes cuando afirma que, no obstante, “aparecen con tal carácter de conservadurismo y prudencia que necesariamente nos remite a otras tesis arqueológicas más recientes acorde con los avances continuos de la ciencia moderna aplicada”. Ninguna mejor que las llevadas a cabo por tres de sus más ventajosos alumnos de la Universidad lagunera cuando el profesor Pellicer Catalán, junto a Pilar Acosta, impartían clases en nuestra Universidad, con las consiguientes reservas metodológicas que el régimen político imperante en la época imponía. Dichos alumnos, hoy profesores docentes, Arcos Aguilar, Jiménez Gómez y Navarro Mederos, dan a la luz consecuencia de fructíferas investigaciones y de los conocimientos adquiridos durante estos últimos años. Minuciosas y sistemáticas investigaciones en el campo arqueológico de nuestras islas, a través de numerosas excavaciones con hallazgos de ricos variados estratos con reveladores restos de aquella cultura material, dando lugar a la elaboración de la primera síntesis sobre Arqueología Canaria, Del Mito a la Ciencia, editado por Interinsular / Ediciones Canarias, 1992) cuya aportación era necesaria para dar a conocer dichos meticulosos estudios.

 

En dicha publicación los autores pretenden separar los métodos de estudio imperantes hace veinte años en nuestra Universidad, por excesivo en los descriptivo y tipológico, de los nuevos métodos con planteamiento metodológico más al amparo de esos nuevos avances científicos.

 

Es significativo que en el prólogo de dicha publicación de necesaria consulta, el profesor Mauro Hernández Pérez diga: “Por los años sesenta (siglo XX), Diego Cuscoy había publicado la edición titulada Los Guanches, sin duda la mejor obra de la Prehistoria de Canarias y base de inspiración de numerosos estudios posteriores. Coinciden estos años con la jubilación de la docencia universitaria y, prácticamente, en la investigación los profesores Serra Rafols y Álvarez Delgado.

 

Por otra parte en la etapa actual, bajo tutoría del profesor Antonio Tejera Gaspar de nuestra Universidad, destacar la celebración de otros dos Congresos internacionales en La Laguna (en la pasada década) que pusieron de moda a Canarias entre arqueólogos, en especial franceses invitados, dedicados a la Prehistoria Africana, consecuencia del conocimiento adquirido por ambos países en las zonas objeto de estudio.