PREHISTORIA REGIONAL ¿PRECISA DATOS? (y II)

 

Por Miguel Leal Cruz

 

Tal como se indica en la primera parte de este artículo, periodístico (de investigación), a la búsqueda de necesarios datos que complementen nuestra vinculación hispano-africana se añade "que la celebración de los primeros Congresos Internacionales de Arqueología en La Laguna pusieron de moda a Canarias entre otros arqueólogos hispanos"; pero en especial, franceses, conocedores por sus intereses políticos de las zonas objeto de estudio, dieron como resultado la similitud investigadora con criterios coincidentes y la necesidad de revitalizar más investigaciones. En esta tarea se volcaron los profesores Pellicer y Acosta impulsando la elaboración de la Carta Arqueológica del Archipiélago con el estudio de diversos elementos culturales aborígenes con la realización de varias excavaciones en Tenerife y La Palma.

 

Aquellos trabajos han sido juzgados con cierta dureza y con demasiada frecuencia durante años, afirmándose que significó cierta desgana y “anquilosameniento” de la investigación sobre el pasado hispano-canario anterior, que condujo a cierta crisis de interpretación.

 

Se olvida, sin embargo, las circunstancias del momento (plena dictadura franquista) Desde diversos lugares se entorpecía, casi siempre por motivaciones exclusivamente personales, la investigación que se hacía en y desde la universidad lagunera, al igual que se impedía cualquier publicación al respecto. Apenas se conocían breves resúmenes de las investigaciones llevadas a cabo y que nunca recogían todas las cuestiones abordadas que por su propio carácter minusvaloraban los resultados sin recoger el fondo de las cuestiones abordadas.

 

No se prestaba atención a las fuentes escritas, tanto las procedentes de los primeros viajeros, cronistas o relatores de la conquista y años iniciales de la colonización, como tampoco a los documentos públicos y privados que hacían referencia al mundo aborigen prehispánico.

 

 Se olvidaba incluso el previo estado de la investigación con alguna isla relativamente muy conocida como era Tenerife y, en menor medida Gran Canaria, así como el total desconocimiento de las demás, para las que sólo se permitían los viejos esquemas tomados por Berthelot y Verneau, ahora excesivamente mitificados como se sabe.

 

Pero añaden los propios autores en la introducción del libro comentado que: “el secular saqueo de muchos de los yacimientos, la escasez de suficientes estratigrafías unido a las dificultades que algunos métodos de datación presentan para su aplicación en Canarias, han supuesto que todavía no contemos con las suficientes referencias cronológicas.

 

No obstante y a pesar de todo, M. Pellicer recoge en el estudio mencionado aspectos coincidentes cuando cita a Zeuner ponente en el V Congreso Panafricano de Prehistoria celebrado en Santa Cruz de Tenerife (año 1966) cuando afirma que las culturas canarias se originaron por oleadas sucesivas y desde las zonas orientales africanas a partir de 10 mil años antes de Cristo, (pleno Paleolítico Superior), hasta comienzos de la Era cristiana, es decir que abarcaría el periodo epipaleolítico y neolítico (auténtico), aspecto que avala nuevas teoría para un poblamiento canario, más remoto del que científicamente ahora se pretende dar como probado (en la década pasada hubo en La Laguna otros dos congresos, como se ha dicho)

 

Pero más misterioso aún es que no se sistematice una historia regional para los siglos I a XV, como se ha reiterado, a través de nueva investigación, por los especialistas académicos con autoridad en la materia (aquí los profesores Tejera Gaspar y Aznar Vallejo tendrían mucho que aportar), en archivos internacionales que mantuvieron relación con el pasado histórico que nos circundó durante aquella larga etapa.

 

Que de seguro serán proyectos fácilmente avalados por universidades españolas o de la Unión Europea e incluso de los Antropólogos que hallaron los fósiles milenarios de Atapuerta (Burgos).

 

Un espacio que por su cuantificación cronológica produce desilusión entre los amantes de la historia de su región, la que siempre, que directa o indirectamente estuvo relacionada con culturas que se conoce existieron, no sólo en el contexto geográfico africano próximo sino en la propia Península Ibérica y Mediterráneo, datos que más o menos probados racionalmente paliarían aquella intolerable laguna.

 

Islas estas que fueron ampliamente referenciadas durante la época clásica, y olvidadas por largo espacio de tiempo a pesar de su proximidad esas destacadas culturas desde la época, fenicia, cartaginesa o romana y más vándalos, bizantinos y sobre todo árabes, con una permanencia escalofriante de VIII siglos en España peninsular, y con fuerte aportación étnica y cultural (y guerrera) del Norte y Centro de África.

 

¿Por qué no se acude a historiadores franceses, expertos en África, sobre esta larga etapa de oscuridad?”; por cierto con su chauvinismo típico han hecho la grande Historia de la France.

 

No es esta nuestra especialidad pero sí da lugar a un debate apasionante…y habría que interesar e invitar a los antropólogos de Atapuerca, (ahora investigando en Cuba ¿..?), y lo mismo encuentran algún vestigio científico probatorio interesante. Buena falta nos hace para “rellenar” aspectos más que oscuros de nuestra historia regional atlántica. Que ya resulta absurdo para historiadores, periodistas y demás interesados en nuestra cultura hispana.