Premio merecido y conferencia O.I.T.

Justo Fernández Rodríguez

La concesión del Premio Príncipe de Asturias a Mary Robinson, "por su comportamiento ético en los campos de la política y del trabajo intelectual", contribuyendo a "hacer realidad un mundo sin fronteras de hombres y mujeres libres", ha sido una justa recompensa a una extraordinaria mujer, comprometida con los derechos humanos, las libertades y la igualdad.

Mary Robinson, competente jurista, presidenta de Irlanda desde 1990, fue designada el 9 de junio de 1997 Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Sus antecedentes no la situaban en la categoría de funcionaria dócil a los intereses de las grandes potencias. Prometió que, en su mandato, sería "la voz de aquellos que no tienen voz". Y no ha decepcionado. Durante estos años, ha repartido críticas a Rusia, por abusar contra la población civil y cometer crímenes de guerra en Chechenia; a China, por las múltiples violaciones de los Derechos Humanos a sus ciudadanos; a EE.UU., por los bombardeos, de 1999 contra Serbia, censurando el empleo del término "daños colaterales" para referirse a las bajas civiles y por la aplicación de la pena de muerte a los menores de edad y, a los países de la Unión Europea, por "demonizar" a los peticionarios de residencia provenientes de países pobres y en el caso de "ciertos políticos sin escrúpulos", por "manipular los miedos" y alimentar el fenómeno racista, como viene ocurriendo en España.

En 2001, amonestó públicamente a EE.UU. e Israel. Condenó los atentados terroristas palestinos contra Israel, pero denunció la ocupación militar de zonas palestinas y las múltiples violaciones de los Derechos Humanos que cometía el Gobierno de Ariel Sharón. Criticó los bombardeos norteamericanos indiscriminados de Afganistán con miles de víctimas civiles. Asimismo denunció la presencia de dirigentes afganos, responsables de graves violaciones de los Derechos Humanos que formaran parte del nuevo Gobierno impuesto por Bush, denunciando la situación de los detenidos, sin cargos, internados en la base de Guantánamo, sometidos a toda clase de vejaciones y torturas, condenadas por la Corte Suprema de EE.UU.

En septiembre de 2002, Mary Robinson, ante la negativa del Gobierno de Bush a ratificar el Tratado constitutivo de la Corte Penal Internacional, la irritación filtrada por Rusia y China, todos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y, sobre todo, el boicot encubierto a la obtención de fondos, dejó su cargo, censurando a los gobiernos por usar la guerra global contra el terrorismo para restringir las libertades civiles y aplastar a la oposición interna.

La 95 Conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se celebró bajo la necesidad de lograr un crecimiento económico "rico en empleo", para crear 430 millones de puestos de trabajo que puedan absorber el crecimiento de la fuerza laboral, especialmente, en los países en desarrollo. Se advierte el incremento de la brecha entre las oportunidades, sin precedentes, que pueden aprovechar algunos y la incertidumbre y dificultades que afecta a la gran mayoría.

En su discurso de apertura, Juan Somavia, director de la OIT, advertía ante 4.000 participantes, en representación de gobiernos, organizaciones empresariales y sindicatos, que "la economia global no está generando el número de trabajos decentes que se necesitan". A la falta de empleo suficiente, se suma el traslado progresivo de personas, desde zonas agrícolas y rurales hacia las ciudades, con la esperanza de escapar a la pobreza y encontrar un empleo digno. Asimismo, es preciso tener en cuentas las fuertes corrientes migratorias del África subsahariana y del Sudeste asiático. En definitiva, gran parte de la población mundial no ha tenido acceso a los beneficios de la globalización. "Existe un sentimiento creciente de devaluación de la dignidad del trabajo. El pensamiento económico imperante lo considera como un mero factor de producción, una mercancía, olvidándose del significado individual, familiar y nacional del trabajo del ser humano".

Se discutió sobre los cambios en el mundo laboral, el trabajo infantil, la salud y la seguridad ocupacional, la inspección laboral, la aplicación de normas laborales en numerosos países que las eluden, las demandas de una población de mayor edad, la discriminación y el progresivo aumento del sector informal, en el que los trabajadores no tienen la protección de las redes de la seguridad social.

Aunque sobre las decisiones, conclusiones, convenios y recomendaciones aprobadas habrá que esperar algun tiempo para comprobar su grado de cumplimiento, lo que no ofrece dudas es la situación analizada. El informe presentado no puede ser catalogado de optimista:

- La fuerza laboral del mundo está aumentando con rapidez. En estos momentos, unos 3.000 millones de personas, trabajan o buscan trabajo, a los que se añadirán 430 millones, de aquí al 2015, la mayoría procedentes de los países en vías de desarrollo.

- Durante la próxima década serán necesarios cientos de millones de nuevos empleos. Las economías tendrían que generar más de 43 millones de puestos de trabajo anuales, para reducir el desempleo mundial, que ha pasado de los 157 millones, en 1995, a los 192 millones de parados, en 2005. Un 6% de la población activa mundial. Mientras, en las economías desarrolladas y en la Unión Europea las tasas de desempleo se redujeron algunas décimas, en Oriente Medio y África del Norte continúan siendo las regiones con la mayores tasas de desempleo y de pobreza del mundo.

- Solamente 14,5% millones de los más de 500 millones de trabajadores que sufren pobreza extrema en el mundo consiguieron superar el umbral de ingresos de un dólar diario. En 2005, de los más de 2.800 millones de trabajadores que hay en el mundo, 1.400 millones de ellos no ganaron lo suficiente para situarse por encima del umbral de la pobreza, dos dólares al dia, el mismo número que hace un decenio.

- Según estimaciones de la OIT, más de 6.000 trabajadores mueren cada día a causa de enfermedades o accidentes relacionados con el trabajo.

- Las mujeres constituyen el 40% de la fuerza de trabajo mundial. Entre 1991 y 2005, el número de mujeres que trabajan aumentó de 900 millones a 1.220, pero continúan encontrando muchas dificultades para incorporarse al mercado laboral.

- En la última década, las tasas de desempleo juvenil aumentaron globalmente del 12,1 al 13,7%.

- En 2004 había 218 millones de niños atrapados en las garras del trabajo infantil, aunque, ese número significaba una disminución del 11% en los ultimos cuatro años.

- La violencia en el trabajo aumenta en todo el mundo. La intimidación, el acoso, el hostigamiento y otras conductas similares son tan dañinos como la pura y simple violencia física. La inestabilidad de muchos tipos de empleo genera enormes presiones en el lugar de trabajo, con signos de violencia cada vez más evidentes. Millones de trabajadores, incluidos en los países más desarrollados, son víctimas de mobbing. En España se calcula que cerca del 22% de los funcionarios públicos son víctimas de acoso laboral.

En la Conferencia se adoptaron nuevos instrumentos laborales, con normas y medidas sobre la relación de trabajo, seguridad y salud laboral. El movimiento sindical internacional ha acogido con esperanza el debate sobre el progreso realizado en la erradicación del trabajo infantil y, sobre todo, por el límite acordado en 2016 para la eliminación de las "peores formas" de trabajo infantil. Guy Ryder, secretario general de la CIOSL, exige "puestos de trabajo decente para los adultos. En las familias donde los adultos tienen un puesto de trabajo decente, se elimina la presión sobre los niños para que abandonen la escuela y se pongan a trabajar". Esperaremos los resultados...