El problema de los residuos urbanos
Wladimiro Rodríguez Brito *
E
n fechas recientes, hemos visitado la ciudad de Barcelona y, de la mano de los gestores, hemos entrado en contacto con la problemática de la gestión de sus residuos urbanos así como el tratamiento y las soluciones planteadas en una de las comunidades españolas punteras en este tema. Cataluña ha sido pionera en muchos aspectos de la gestión del medio ambiente urbano, en especial, en iniciativas de regeneración de espacios urbano-industriales. Un lectura sobre el terreno enriquece, máxime cuando debemos tomar decisiones que marcarán la pauta en los próximos años en un territorio insular como Tenerife, con altas densidades poblacionales en un espacio limitado. Estos mismos problemas se producen también en Barcelona, a pesar de su continentalidad.Es en este marco en el que creemos oportuno comentar algunos aspectos observados en este recorrido por la gestión medioambiental barcelonesa. Tal y como ocurre en Tenerife, también en Barcelona los residuos están convirtiéndose en uno de los principales problemas para la comunidad urbana. Esto ocurre a pesar de haber sido pioneros en muchas acciones tendentes a resolver o atenuar los impactos de la gestión de los residuos. En ese sentido, los catalanes han aprovechado las ayudas europeas para dotarse de la más avanzada tecnología y sistemas de procesamiento que existen en la actualidad en Europa.
Así, por ejemplo, las instalaciones de revalorización energética, de metanización o de cogeneración de energía son ejemplos de esta apuesta catalana. La planta de valoración energética de San Adrián de Bessos, una de las más antiguas de Cataluña y que ahora se encuentra rodeada de casas y de espacios lúdicos, se encuentra en plena remodelación para ampliar sus instalaciones para convertirse en un gran complejo ambiental en pleno cinturón urbano barcelonés.
Sin embargo, hemos comprobado que a pesar de toda esta tecnología, tanto en Cataluña como en Canarias, no se ha conseguido resolver el problema de los residuos urbanos, ni siquiera en un territorio como Barcelona, en el que el reciclado se viene desarrollando desde hace ya muchos años. En algunos aspectos se encuentran muy avanzados, por ejemplo, disponen de 4 fábricas de cemento que funcionan con gomas de neumático usados como combustible. En Tenerife, al carecer de esa industria nos vemos obligados a triturarlas y enterrarlas, sin ningún tipo de aprovechamiento energético posible. En otros materiales, plásticos, cartones y papel, se consigue un elevado porcentaje de recogida selectiva y posterior reciclado, pero se ve dificultada por la falta de una normativa industrial que favorezca estos materiales recuperados. El caso de los tetrabricks es especialmente complicado porque están compuestos de cartón, aluminio y plástico, y hay que establecer procesos de separación extremadamente complejos y caros. Por otra parte, se ha conseguido sacar adelante la colocación del compost en el mercado agrario, elaborado con los residuos de carácter orgánico, gracias a la colaboración y coordinación con los payeses o campesinos del agro catalán. Establecer esa relación directa entre ambas partes ha sido vital para dar salida a este subproducto obtenido de los procesos de recuperación de este tipo de residuos. Gracias a ello, se consigue evitar que muchas toneladas de basura acaben colmatando los sobre, cargados vertederos catalanes, algo de lo que debemos aprender los canarios.
En definitiva, una visita fructífera y enriquecedora que pone de manifiesto que las directrices que estamos siguiendo en Tenerife con relación al tratamiento de residuos están en consonancia con lo que se está desarrollando en la región más desarrollada de España, al menos en este tema. Sin embargo, en todos los lugares "crecen habas" y el problema de los residuos a día de hoy carece de una solución definitiva y que satisfaga a todas las partes, sea el lugar que sea, en especial en espacios que generan tanta basura como estos territorios. Después de la recogida selectiva de vidrio, papel, envases, materia orgánica y restos, procesados estos dos últimos en los ecoparques existentes, terminan en el vertedero de Garraf el 45 por ciento de lo que entra en esos equipamientos, confiriendo a éste y a cualquier vertedero una vida limitada.
Siempre, la mejor labor consistirá en concienciarnos todos de que la mejor solución es la de generar menos deshechos e intentar separarlos en origen. De esa forma, desde su actitud individual o familiar estará contribuyendo a la mejora y protección de su medio ambiente.
*
Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife