“Proceso contra Secundino Delgado”

obra de teatro de José Manuel Vilar

 

Marte, 9 de enero a las 20:30

 

Club Prensa Canaria - C/ León y Castillo, 39, bajo

 

 

“Proceso contra Secundino Delgado” es una obra de teatro de José Manuel Vilar, que en la actualidad ejerce como profesor de Arte Dramático en el Conservatorio Superior de Música de Canarias y director de escena del Teatro Independiente Canario (TIC) y Medio Almud Teatro. La obra, estrenada en mayo de 1990 en el Teatro Leal de La Laguna , es reeditada ahora por Editora Juvenil Canaria (cuyo proyecto es presentado en este mismo acto por Samir Delgado), con la colaboración de la Organización Juvenil Azarug, la Asociación Faita y el Colectivo Hupalupa. Vilar también es autor de otra obra de teatro “Charlestón Isleño” (Ediciones La Marea , 2003) y de “Técnica de la expresión facial” (Tenerife. CCPC, 1984), entre otros trabajos.

 

SOBRE EL AUTOR

josé Manuel Vilar

(A Coruña, 1945)

 

Licenciado en Arte Dramático (Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba, 1975). Participa en el Congrés Internacional de Teatre a Catalunya 1985 con el comunicado “Microanálisis de la interpretación facial del actor”.
En el Congreso de Cultura de Canarias 1987 presenta el comunicado “Sistemas Operativos del actor en escena”. (Inédito). Imparte el Ciclo de Conferencias sobre técnica teatral 2004 en el Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz. En el Seminario Internacional SilboArte 2006 (Vallehermoso, Gomera) presenta la ponencia “Estructura melódica y notación musical del Silbo Gomero”.


Obras editadas:

Farsa de Candelita y Don Plantón (Teatro de títeres, TVE), 1979

Comedia de El Amparo (Estudio introductorio).Tenerife. CCPC, 1980.

Técnica de la Expresión Facial. Tenerife.CCPC,1984.

Proceso contra Secundino Delgado. (Teatro) La Laguna , Ediciones Baile del Sol, 1993.

Charlestón Isleño. (Teatro) Islas Canarias. Ediciones La Marea , 2003.

En la actualidad es Profesor de Arte Dramático en el Conservatorio Superior de Música de Canarias.
Director de Escena con el Teatro Independiente Canario (TIC) y Medio Almud Teatro.



PRÓLOGO DEL LIBRO

Una fría mañana aguereña José Manuel Vilar me habló de la inminente publicación de Proceso contra Secundino Delgado y me propuso prologarla. Irreflexivamente acepté. Manolo Suárez me recordaba para ello el único -y escaso- mérito que yo puedo aducir para hacerlo. El día de su estreno en el Teatro Leal, en mayo del 90, cuando llenábamos como espectadores-expectantes el vestíbulo del Teatro y en la calle Carrera serpenteaba aún la larga cola para la compra de entradas, comenzaron los rumores de bombas y atentados para impedir la puesta en escena. Ya a punto de alzarse el telón vino el obligado desalojo de la sala, la supuestamente minuciosa inspección policial y una interminable serie de entradas y salidas, de indecisiones globales. En un determinado momento, en que parecía que una vez más los herederos intelectuales del carnicero propietario de la plaza añacense, supuesto Tigre de la Manigua , conseguirían el objetivo de reamordazar a Secundino y resucitar su proceso-vía crucis, decidimos salir al balcón central del Leal y pedir a la gente que, con o sin bomba, con o sin policías, e incluso con o sin entrada, ocuparan sus asientos para empezar la representación. Vencidas la dudas y los temores, la sala fue incapaz de albergar a los espectadores, aún más expectantes si cabe que antes del incidente. En ese acto escénico a guisa de prólogo teatral me tocó el papel de hablar a la gente, me permitió incluirme, de alguna forma y momentáneamente, en el elenco del TIC y justifica que, a pesar de mi escasa preparación en la crítica teatral, aceptara, o más bien reaceptara, el reto de este prólogo casi como continuación natural del otro.

 

La pequeña intrahistoria que he comentado es válida también para enfocar la obra de José Manuel Vilar. Estamos ante un teatro ideológico, montado sobre la exégesis biográfica y de un acontecimiento histórico que se sale del marco de nuestro pasado inmediato para incrustarse, vigente, en nuestra cotidianeidad, capaz de provocar e incitar. La utilización de elementos acrónicos -el teléfono, el reloj del Cabildo, la identidad "siete islas-siete estrellas"...- recalcan la intención del autor de acentuar esa cotidianeidad, de trascender más allá del marco temporal estricto mantenido, sin embargo, mediante la voz en off o la hoja del calendario de situación temporal precisa, logrando que tanto proceso como procesado adquieran carácter de ubicuidad temporal: 1902, 1912, 1990, 1993...


Proceso contra Secundino Delgado puede inscribirse dentro del teatro de ideas que arranca con Brecht o Ibsen. Destila un humor ácido, pirandelliano, rozando el negro, en el que la aparente y estudiada simplicidad de los elementos escénicos y el juego con la luz, logra introducirnos en la atmósfera deseada para cada acto, marcando con sólo leves pinceladas -"¡Siempre una hora menos en Canarias!", "la prensa de España"...- las diferencias básicas necesarias. A lo largo de la obra, con reminiscencias a mi gusto kafkianas y con el trasfondo del desconocimiento inocente del motivo real de su tortura, se desarrolla la trama del enfrentamiento individuo-Poder. Intencionadamente se estereotipan algunos de los elementos intermedios, pero básicos, del poder -tricornios bigotudos, militares, vigilantes, pseudotécnicos de la represión como el antropómetra- reservándose especial tratamiento en esta galería teratógena para los diputados "canarios" y para el Marqués, productos sublimados de la más pura oligarquía jilufa, a los que especifica como bandadas de buitres negros con librea que van a las Cortes para hacerle la venia al amo, personajes tan ubicuos como Secundino, que podríamos caracterizar actualmente con nombres y apellidos que todos tenemos en mente.

 

La soledad del personaje, su angustia, viene acentuada con ideas también estereotípicas como la sucesión velocidad-libertad-vuelo, o la del dolor como método de huida y catarsis e, incluso, la idea de la muerte propia como acto de liberación personal, contrapuesta al ¡viva la muerte! del sempiterno legionario. La introducción de Lila agranda aún más la sensación de amarga soledad que el autor nos arrastra a compartir con Secundino.


Al contrario de lo que temían los bombarderos del poder, la obra no puede ser calificada como "independentista". El perfume ideológico que la impregna y destila es militantemente ácrata, como la propia clave vital del procesado, con un cierto estilo de acratismo que casi todos compartimos y que la aleja tanto del panfleto como del manifiesto. Debemos tener en cuenta que se corresponde con una etapa concreta de la vida y el pensamiento de Secundino en que la independencia patria, aunque continúa siendo el leit motiv delgadiano, tomó otros cauces de expresión que se reflejan en el texto. El hilo conductor queda, de todas formas, explícito con una nueva pirueta acrónica colocando a Secundino en la misma línea de acción que a Washington, Bolívar, Martí, Sandino, Abd el-Krim, Amílcar Cabral y "Che" Guevara.


Proceso contra Secundino Delgado es la antítesis del teatro dacilista, con mensaje añaterviesco, de Desiré Dugour y nada tiene que ver con nuestro teatro costumbrista-mimético de los Millares o de Crosita en que ya apuntan las tendencias ibsenianas del teatro de las ideas. La obra hay que inscribirla como producto importante de la nueva literatura nacional canaria, capaz de ser usada como herramienta de liberación sin perder su carácter específicamente literario.


Para mí prologarla es un honor que agradezco a mis amigos Manolo Suárez, como inductor al prologuicidio, y José Manuel Vilar, animal teatral integral -actor, director, autor- que, desde el principio hasta el justiciero final, me ha hecho vivir los miedos y zozobras del protomártir de nuestra futura independencia nacional.

 

Francisco Javier González Pérez

Aguere, abril de 1993

 

Fuente: Club Prensa Canaria