“Proceso
contra Secundino Delgado”
obra
de teatro de José Manuel Vilar
Marte, 9 de enero a las 20:30
Club
Prensa Canaria - C/ León y Castillo, 39, bajo
“Proceso
contra Secundino Delgado” es una obra de teatro de José Manuel Vilar, que en
la actualidad ejerce como profesor de Arte Dramático en el Conservatorio
Superior de Música de Canarias y director de escena del Teatro Independiente
Canario (TIC) y Medio Almud Teatro. La obra, estrenada en mayo de 1990 en el
Teatro Leal de
SOBRE
EL AUTOR
josé
Manuel Vilar
(A
Coruña, 1945)
Licenciado
en Arte Dramático (Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba, 1975).
Participa en el Congrés Internacional de Teatre a Catalunya 1985 con el
comunicado “Microanálisis de la interpretación facial del actor”.
En el Congreso de Cultura de Canarias 1987 presenta el comunicado “Sistemas
Operativos del actor en escena”. (Inédito). Imparte el Ciclo de Conferencias
sobre técnica teatral 2004 en el Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto
de
Obras editadas:
Farsa
de Candelita y Don Plantón (Teatro de títeres, TVE), 1979
Comedia
de El Amparo (Estudio introductorio).Tenerife. CCPC, 1980.
Técnica
de
Proceso
contra Secundino Delgado. (Teatro)
Charlestón
Isleño. (Teatro) Islas Canarias. Ediciones
En
la actualidad es Profesor de Arte Dramático en el Conservatorio Superior de Música
de Canarias.
Director de Escena con el Teatro Independiente Canario (TIC) y Medio Almud
Teatro.
PRÓLOGO DEL LIBRO
Una
fría mañana aguereña José Manuel Vilar me habló de la inminente publicación
de Proceso contra Secundino Delgado y me propuso prologarla. Irreflexivamente
acepté. Manolo Suárez me recordaba para ello el único -y escaso- mérito que
yo puedo aducir para hacerlo. El día de su estreno en el Teatro Leal, en mayo
del 90, cuando llenábamos como espectadores-expectantes el vestíbulo del
Teatro y en la calle Carrera serpenteaba aún la larga cola para la compra de
entradas, comenzaron los rumores de bombas y atentados para impedir la puesta en
escena. Ya a punto de alzarse el telón vino el obligado desalojo de la sala, la
supuestamente minuciosa inspección policial y una interminable serie de
entradas y salidas, de indecisiones globales. En un determinado momento, en que
parecía que una vez más los herederos intelectuales del carnicero propietario
de la plaza añacense, supuesto Tigre de
La
pequeña intrahistoria que he comentado es válida también para enfocar la obra
de José Manuel Vilar. Estamos ante un teatro ideológico, montado sobre la exégesis
biográfica y de un acontecimiento histórico que se sale del marco de nuestro
pasado inmediato para incrustarse, vigente, en nuestra cotidianeidad, capaz de
provocar e incitar. La utilización de elementos acrónicos -el teléfono, el
reloj del Cabildo, la identidad "siete islas-siete estrellas"...-
recalcan la intención del autor de acentuar esa cotidianeidad, de trascender más
allá del marco temporal estricto mantenido, sin embargo, mediante la voz en off
o la hoja del calendario de situación temporal precisa, logrando que tanto
proceso como procesado adquieran carácter de ubicuidad temporal: 1902, 1912,
1990, 1993...
Proceso contra Secundino Delgado puede inscribirse dentro del teatro de ideas
que arranca con Brecht o Ibsen. Destila un humor ácido, pirandelliano, rozando
el negro, en el que la aparente y estudiada simplicidad de los elementos escénicos
y el juego con la luz, logra introducirnos en la atmósfera deseada para cada
acto, marcando con sólo leves pinceladas -"¡Siempre una hora menos en
Canarias!", "la prensa de España"...- las diferencias básicas
necesarias. A lo largo de la obra, con reminiscencias a mi gusto kafkianas y con
el trasfondo del desconocimiento inocente del motivo real de su tortura, se
desarrolla la trama del enfrentamiento individuo-Poder. Intencionadamente se
estereotipan algunos de los elementos intermedios, pero básicos, del poder
-tricornios bigotudos, militares, vigilantes, pseudotécnicos de la represión
como el antropómetra- reservándose especial tratamiento en esta galería teratógena
para los diputados "canarios" y para el Marqués, productos sublimados
de la más pura oligarquía jilufa, a los que especifica como bandadas de
buitres negros con librea que van a las Cortes para hacerle la venia al amo,
personajes tan ubicuos como Secundino, que podríamos caracterizar actualmente
con nombres y apellidos que todos tenemos en mente.
La
soledad del personaje, su angustia, viene acentuada con ideas también estereotípicas
como la sucesión velocidad-libertad-vuelo, o la del dolor como método de huida
y catarsis e, incluso, la idea de la muerte propia como acto de liberación
personal, contrapuesta al ¡viva la muerte! del sempiterno legionario. La
introducción de Lila agranda aún más la sensación de amarga soledad que el
autor nos arrastra a compartir con Secundino.
Al contrario de lo que temían los bombarderos del poder, la obra no puede ser
calificada como "independentista". El perfume ideológico que la
impregna y destila es militantemente ácrata, como la propia clave vital del
procesado, con un cierto estilo de acratismo que casi todos compartimos y que la
aleja tanto del panfleto como del manifiesto. Debemos tener en cuenta que se
corresponde con una etapa concreta de la vida y el pensamiento de Secundino en
que la independencia patria, aunque continúa siendo el leit motiv delgadiano,
tomó otros cauces de expresión que se reflejan en el texto. El hilo conductor
queda, de todas formas, explícito con una nueva pirueta acrónica colocando a
Secundino en la misma línea de acción que a Washington, Bolívar, Martí,
Sandino, Abd el-Krim, Amílcar Cabral y "Che" Guevara.
Proceso contra Secundino Delgado es la antítesis del teatro dacilista, con
mensaje añaterviesco, de Desiré Dugour y nada tiene que ver con nuestro teatro
costumbrista-mimético de los Millares o de Crosita en que ya apuntan las
tendencias ibsenianas del teatro de las ideas. La obra hay que inscribirla como
producto importante de la nueva literatura nacional canaria, capaz de ser usada
como herramienta de liberación sin perder su carácter específicamente
literario.
Para mí prologarla es un honor que agradezco a mis amigos Manolo Suárez, como
inductor al prologuicidio, y José Manuel Vilar, animal teatral integral -actor,
director, autor- que, desde el principio hasta el justiciero final, me ha hecho
vivir los miedos y zozobras del protomártir de nuestra futura independencia
nacional.
Francisco
Javier González Pérez
Aguere,
abril de 1993
Fuente:
Club Prensa Canaria