Psicología y Salud Mental

 

José Tomás Bethencourt Benítez

 

La Psicología es la ciencia que estudia el comportamiento humano e intervine sobre él para mejorarlo. En consecuencia, uno de los objetivos primordiales de la misma es el de promover la salud mental de las personas.

 

La actual y moderna ciencia psicológica se caracteriza por haber propiciado el surgimiento del llamado, movimiento mundial de “la psicología positiva”, entre cuyos promotores podemos nombrar a destacados expertos internacionales como Martin Seligman, Mihaly Csikszentmihalyi, Richard Snyder o Daniel Goleman. Tal movimiento actual es heredero y tributario del “movimiento para el desarrollo del potencial humano”, que se dio en la psicología de los años 60 del siglo XX, gracias a psicólogos humanistas insignes como Viktor Frankl, Abraham Maslow y Carl Rogers.

 

Desde las posiciones del movimiento de “la psicología positiva”, se defiende sustituir los modelos patocéntricos que han estado predominando en la investigación y en la práctica psicológica mundial, por otros modelos que enfaticen el estudio de la experiencia subjetiva positiva, de los rasgos individuales positivos y de las características de las instituciones positivas,  de cara a mejorar la calidad de vida y prevenir las patologías que surgen cuando la vida se convierte en estéril y sin sentido.

 

Los modelos patocéntricos han enfatizado una visión negativa del ser humano en el que sobresalen las debilidades, la enfermedad, la anormalidad, mientras que desde el movimiento de la psicología positiva se resaltan las fortalezas, la salud y la normalidad en los individuos. Desde dicha perspectiva, algunos de los tópicos que ocupan su atención son el optimismo, la esperanza, la sabiduría, el humor, la creatividad, el prestar atención al futuro, el coraje, la responsabilidad, la espiritualidad, la autonomía y autorregulación, el bienestar subjetivo, las emociones positivas, el altruismo, la resiliencia, y en definitiva la felicidad.

 

De todos esos tópicos, tal vez el menos conocido sea el de la resiliencia, el cual proviene de la física y más concretamente de la mecánica, entendiéndose como la resistencia de ciertos materiales a la ruptura o al rompimiento, en tal sentido, la resiliencia psicológica sería la capacidad de las personas para hacer adaptaciones positivas y constructivas a los contextos adversos, manteniendo intacto su bienestar y satisfacción.

 

Para el movimiento de la psicología positiva, los profesionales de la salud mental que traten de ayudar a las personas a mantener o mejorar su bienestar y felicidad, cuentan con un buen repertorio de técnicas terapéuticas cognitivo-conductuales, entre las que podemos destacar, “Terapia de Aceptación y Compromiso”, “Terapia Dialéctico-Comportamental”, “Coaching”, “Psicoterapia Analítico-Funcional”, “Psicoterapia de Resolución de Problemas”, “Terapia Integral de Pareja”, “Terapia Cognitiva basada en el Mindfulness” o “Terapia de Activación Conductual”.

 

Los postulados y propuestas que desde la psicología positiva se nos hacen,  pueden parecer ingenuos e ilusos, ante los males de sobra conocidos que en las personas y los pueblos generan el colonialismo, el capitalismo y el imperialismo, ya Erich Fromm en su famosa obra “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea” reflejaba, muy claramente, los efectos neurotizantes que las sociedades actuales provocan en sus habitantes. En cualquier caso, a los profesionales de la psicología les queda por delante un gran desafío, el de ayudar a las personas a encarar y manejar esas condiciones adversas de vida y el enseñarles a actuar para transformarlas en contextos positivos y habitables.

 

* Doctor en Psicología