¿Qué está pasando en España?

Juan Jesús Ayala

Es esa una pregunta que se hacen muchos y desde la vertiente de la perplejidad, del miedo y, sobre todo, desde un espacio de quietismo que ante cualquier modificación del modelo político de España que se pueda diseñar para que se adapte a los tiempos que corren, les da pavor. Generalmente los que así piensan y dedican sus mejores piezas oratorias y políticas son los que pretenden que nada cambie y los que desarrollan políticas conservadoras a ultranza y como no puede ser menos lo mismo le sucede a una institución que siempre ha andado metida en los berenjenales de la política aunque se afane en decir que no. Y me refiero a la iglesia. Y nos es que con la iglesia hayamos topado, sino que es la intranquilidad de sus mentores la que le hace pasar del pastoralis-mo dominical a las diatribas políticas diarias. Y no está mal que opine pero cuando sus opiniones adoptan un carácter plenamente político en ese momento la iglesia está fuera de su órbita y en afán de asumir competencias desde los pulpitos y desde la Conferencia que no son de su cometido aunque parece que si de su preocupación.

Pues bien, la Conferencia Episcopal integrada por sesenta y seis obispos, 12 auxiliares y una docena de eméritos ha convocado una reunión plenaria con carácter urgente para analizar "la situación social, política, cultural y religiosa del país, que exige una reflexión especial, incluida la unidad de España". Y todo englobado en una pregunta marco que es: ¿Qué está pasando en España?

Como dicen a los entrevistado-res cuando le hacen a alguien una entrevista rutinaria, "buena pregunta esa, me alegro que me la haya hecho". No hace falta ser un lince y, además, no veo sea como muy necesario montar seminario alguno ni siquiera político y menos aun de carácter pastoral para percibir de manera nítida que es lo que está pasando en España y que es lo que la dinámica de la política está propiciando. Pero, a la vez, sí tenemos que admitir que la iglesia ha sido, y la historia nos lo puede me-morizar un sinfín de veces, instigadora de muchas cruzadas y con determinaciones políticas de cierta envergadura. Recordemos sin más la de la Guerra Civil del 36 en la que la iglesia fue tajante en sus manifiestos desde los pulpitos aplaudiendo al Movimiento Nacional y anatematizando y enviando a los infiernos a todo aquello que proviniese del gobierno legítimo de la república. Y hoy en esta nueva coyuntura política también está tomando partido. Y además hay que admitir que el papel político de la iglesia no solo se limita a sus componentes ideológicos, sino también a los estructurales y psicológicos.

La influencia política de la iglesia se deja notar, sobre todo, en los regímenes corporativistas en la que las representaciones de los intereses no se hacen a través de partidos y asociaciones, y en donde su influencia es definitiva y deja sentir sus presupuestos ideológicos. Por eso choca que desde una pseudoquietud aparente aparezca de nuevo una virulencia eclesial y con unas ínfulas descaradas para situar en el espacio de la discusión social la posición de la iglesia con pretensiones políticas a ultranza y se pregunte: ¿Qué está pasando en España?

En España no sucede nada del otro mundo. Es una consecuencia del quietismo de las políticas que se han desarrollado durante medio siglo y que la iglesia como institución ha apostado por ellas, no sólo porque de esa manera sus intereses se defendían mejor, sino porque dentro de su espacio ideológico, España, les daba la impresión, iba por los derroteros de un conservadurismo aplaudido. Y cuando es la unidad de España lo que les preocupa y que es esa la misma preocupación del Partido Popular, representante de la derecha española, estamos asistiendo a un maridaje perfecto y que camina en el tiempo cogido de la mano. Se han cruzado en el espacio socio-político y ahora en momentos de incertidumbre y de cierta madurez política parece no les interesa que esto sea así por lo que da la impresión de que aquellos que han apostado por mover la historia de los pueblos que conforman el Estado español la bendición de la iglesia tardará en llegarles.