¿QUÉ
ES DEL NACIONALISMO CANARIO? (II)
Ramón Moreno
¡El
pueblo unido, jamás será vencido!... Este socorrido slogan, pronunciado como un
“grito de guerra”, y que se chilla desaforadamente en casi todas las
manifestaciones, sean de la índole que sean, no deja de ser en realidad, un
“clamoroso silencio popular”, que en nuestra tierra es convenientemente
manipulado y devaluado, por aquello de “el que calla otorga”.
Y eso es lo que está pasando. Resulta contradictorio,
pero los canarios, que están desunidos desgraciadamente -como consecuencia de
una sociedad desarticulada-, al mismo tiempo, callan al unísono,
“disciplinadamente”; aunque estén en total acuerdo con el “diagnostico” de la
situación en nuestro Archipiélago, y la “terapia” que hay que aplicar. ¡Es la
cruda y sangrante realidad!
Pero, ¿qué ha impedido históricamente, que este pueblo
esté unido como una piña, para exigir sus derechos como tal, y ser protagonista
de su futuro?
Analizar detenida y objetivamente esa casuística (lo
que podría ser objeto de una tesis doctoral, con calificación “cum laude”) requeriría, indefectiblemente, un exhaustivo
estudio interdisciplinar en los campos
socio-económico, político, cultural y
otros, de la “historia colonial de Canarias”; cuya vertiente política más
reciente, es la que me interesa destacar ahora.
Porque, si bien es verdad que bastantes autores se han
aproximado tímidamente a este tema, no es menos cierto la falta de rigor de
algunos de ellos a la hora de abordar el nacionalismo -como opción política que
canalice las legítimas aspiraciones de este pueblo- al que, cínicamente, y
desvirtuando su propia esencia, “clasifican” en dos “modalidades”:
“nacionalismo independentista”, lo que es una obviedad; y “nacionalismo no
independentista”, lo que es una perversión semántica del propio concepto.
Olvidan sistemática y deliberadamente, que
“nacionalismo viene de nación” -que no de “nacionalidad”, insisto-, y la enorme
dimensión antropológica de éste, como fuerza natural y motriz que está presente
en los comportamientos humanos, cuando el hombre se identifica con su tierra, sus gentes, sus costumbres y su
historia; componentes inequívocos e indisociables de las señas de identidad de
un pueblo.
Una especie de “simbiosis” natural, que ha estado
presente en los procesos emancipadores de todos los pueblos del mundo; y que en
Canarias, cobra especial significación, por cuanto existe un evidente y
anacrónico “hecho colonial” que no podemos soslayar. Habida cuenta de nuestra
decimonónica condición de “territorio nacional español” en África; entelequia
político-jurídica, que la legalidad internacional no ampara hoy en día, en modo
alguno.
Por consiguiente, en pura ortodoxia nacionalista, para
ser reconocido y considerado como tal, es condición “sine qua non” -en la
práxis política va implícito-, el reconocimiento expreso, sin eufemismos al
uso, del hecho colonial canario, como expresión indeleble de toda acción
política que persiga ejercer el derecho inalienable e imprescriptible del
pueblo canario a la libre autodeterminación, como paso previo, al inaplazable
calendario de descolonización de nuestro territorio, que permita la necesaria
emancipación de este pueblo. ¡Esa es, sin duda alguna, la correcta “Hoja de
Ruta”!
Todo lo demás, se diga lo que se diga, son fuegos de
artificio, demagogia barata, confucionismo encubridor, conductas serviles...
con un único y deleznable propósito: mantener “sine die”,
al precio que sea, el actual “status quo” para seguir esquilmando esta tierra,
en la vorágine depredadora de auténtico saqueo y rapiña, que ha caracterizado
históricamente, la “imperialista” política colonial de España.
Un ejemplo palmario de ese “colaboracionismo”, es el
que parece ejercer el histórico PNC, todo un referente del nacionalismo canario
por antonomasia; y que, como barco sin brújula, sin timón y sin aparejo, lo
mantienen “perdido en medio del Atlántico”, con un “capitán” que sabrá mucho de
“letras”, pero que no tiene n.p.i. de “navegación”.
¡Y no es el único caso!
Pese a todo, no debe haber la menor incertidumbre de
que la única forma posible de aglutinar y articular políticamente a este pueblo
nuestro, para que recupere su dignidad y autoestima, pasa, necesariamente, por
la vía del auténtico nacionalismo canario democrático, sí. Pero ¡excluyente!, con
todos aquellos que en este tiempo se han puesto el disfraz de “nacionalistas”,
para seguir medrando y disfrutando de las prebendas del poder; y con los que,
felonía tras felonía, han estado manteniendo sus espúreos e inconfesables
intereses, que para nada se corresponden con los verdaderos intereses generales
del pueblo canario.
Lo lamentable de todo esto, es que el espectro
político, auténticamente nacionalista canario, esté absolutamente atomizado
(con un “potaje” de siglas, incomestible) e inmerso en absurdas disquisiciones,
extraviado en un estéril y nefasto “debate político” -que no toca-; y con unos
“líderes” autoproclamados, que mantienen los mismos postulados e idénticas
posiciones que hace 30 años.
Aferrados a unas actitudes intransigentes y poco
conciliadoras, que han desembocado en desencuentros, enemistades, hostilidades
y un sin fin de “malas artes”. Impidiendo el necesario avance y cohesión del
Campo Nacional Canario, que estará estancado, mientras persistan esas rémoras;
y no se haga una inexcusable y patriótica autocrítica, y se produzca una
necesaria y profunda catarsis, que regenere y de credibilidad al nacionalismo
que todos propugnamos.
Canarias, marzo de 2007