RACISMO

Teodoro Santana

Imagínese que a usted le asaltan, le roban y le dan una paliza brutal. Y que, encima, ofenden a su madre. Y que cuando usted proteste por esta última humillación, los asaltantes invoquen la libertad de expresión para poder decir lo que quieran acerca de la profesión de su madre. Que los compinches de los asaltantes le llamen intolerante porque usted se mosquee porque traten de prostituta a su progenitora.

Pues, ni más ni menos, eso es lo que ocurre con las caricaturas vejatorias del profeta Mahoma, las protestas musulmanas y las reacciones bienpensantes en Occidente. En abril del año pasado, la reina danesa, cabeza de la Iglesia de ese país, declaraba que "tenemos que mostrar nuestra oposición al Islam y correr el riesgo de que se nos pongan etiquetas desagradables, porque hay cosas por las que no deberíamos mostrar tolerancia".

Dinamarca, donde la extrema derecha alcanza un 15% de votos. Y donde los musulmanes, el 4% de la población, sufren un serio acoso racista. Donde el diario ultraderechista Jyllands-Posten animó a los caricaturistas del país a enviar viñetas ofensivas para el Islam (todos terroristas, ya se sabe), y publicó doce de ellas. Dinamarca, que apoya las barbaridades del estado teocrático israelí. Y la ocupación occidental de Irak para robar el petróleo de la antigua Babilonia.

Occidente, que ha colonizado, saqueado, bombardeado y masacrado a los países de cultura islámica (y a otros muchos). Y Palestina. Occidente, que mira con superioridad al tercer mundo y, en especial, a los países musulmanes. Occidente, dónde se prohíben exposiciones 'ofensivas' con el dios cristiano o se censura la música de los Rolling Stones (el domingo pasado en la super-bowl estadounidense). Occidente, dónde en unas partes se obliga a enseñar a los niños la fantasía creacionista. Y en otras las escuelas públicas se ven obligadas a impartir catequesis católica.

La islamofobia, el racismo imperialista envuelto en papel de celofán. Esto no tiene nada que ver con la libertad de expresión. Y sí mucho con el saqueo. Además, mientras la tropa esté entretenida con la religión, no se planteará otras cosas. Más madera, o sea.