RATZINGER, LA CIA Y OTRA VEZ MAHOMA Y EL ISLAM

 

Si el discurso no hubiera venido del Papa, cualquier experto hubiera concluido que la CIA y el Mossad habían elaborado otro plan para lanzar a las masas musulmanas a las calles como lo hicieron con la manipulación de las caricaturas de Mahoma en la prensa europea.

 

Pero viniendo del Papa Ratzinger, un consumado "doctrinario" de las cruzadas, tampoco hay ninguna garantía de que el mensaje no haya sido elaborado y manipulado para producir un efecto político y social como el que está sucediendo.

 

Y tampoco hay que olvidar la "santa alianza" Vaticano y Washington-CIA fortificada durante la administración Reagan y recreada con fuerza durante la presente gestión de Bush junior. Nada mejor que volver a atizar el fuego anti-islámico como preludio a la anunciada invasión a Irán. Es una de las tácticas de propaganda favoritas de la CIASea como sea, Ratzinger lanzó la bomba: condenó la "irracionalidad" de "la difusión de la fe mediante la violencia" de la 'yijad' (guerra santa) del Islam.

 

Para completar la obra, Ratzinger citó a un emperador cristiano del siglo XIV que afirmó que el profeta Mahoma había traído al mundo sólo cosas "malvadas e inhumanas".

 

Saltaron todos los tapones: lo que no consiguieron los 33 días de genocidio israelí en Líbano, o lo que no consigue la masacre norteamericana continuada en Irak, lo consiguió el Papa Benedicto XVI con un discurso con el que logró despertar nuevamente la "furia islámica" y la condena de millones de musulmanes en todo el mundo.

 

Las reacciones más fuertes salieron de Pakistán, Egipto, Irán e Irak, y en este último destacados líderes suníes consideraron que las palabras del Pontífice "incitan al terrorismo" contra los musulmanes, ya que "dan a las tropas de EEUU un pretexto para seguir matando a los mahometanos".

 

En la India y Egipto hubo masivas manifestaciones de protesta. En Palestina, el primer ministro pidió que no ofenda su religión y el máximo clérigo shiíta en Líbano exigió una disculpa pública. En Turquía, en tanto, el líder del partido islámico sostuvo que Benedicto XVI esta al nivel de "Hitler y Mussolini".

 

También resultaron infructuosas las "aclaraciones" hechas por el portavoz vaticano, Federico Lombardi (quien afirmó que Ratzinger respeta al Islam y busca el diálogo con las otras religiones y culturas), para frenar la avalancha de protestas.

 

El domingo, en un intento por apagar el incendio,  Ratzinger en persona dijo que el pasaje de su discurso en la Universidad alemana de Ratisbona "no expresa su pensamiento personal" y que espera que la explicación del "auténtico sentido de sus palabras" sirva para "calmar los ánimos".

 

Antes del rezo del ángelus, Ratzinger señaló que estaba "vivamente afligido por las reacciones suscitadas por un breve pasaje" de ese discurso "considerado como ofensivo para la sensibilidad de los creyentes musulmanes".

 

Ratzinger  tiene que definir con sus asesores (con quienes se mantiene en "reunión permanente" desde que se desató el escándalo)  si viaja a Turquía donde tiene prevista una visita, y cuyas autoridades ya anunciaron que no será "bien recibido".

 

Lo cierto es que -según lo describen los expertos en la milenaria interna de poder del Vaticano- las palabras de Ratzinger contra el Islam desataron una polémica que roza la continuidad de la relación con el mundo islámico que se mantuvo equilibrada y tranquila durante el reinado de Juan Pablo II, su predecesor.

 

Tras la muerte de Juan Pablo II, se conformó en el Vaticano una troyka de poder representado en el llamado "cuadrilátero" conformado por los cardenales Joseph Ratzinger, Antonio Sodano, Giovanni Battista , y Camillo Ruini.

 

Según el diario Corriere della Sera, durante la agonía de Juan Pablo II estos cuatro cardenales más importantes e influyentes habrían hecho un pacto de mutua no agresión para garantizar el status quo de sus respectivos poderes personales, más allá de quien fuese el sucesor de Juan Pablo II.

 

Entre los puntos acordados figuraban la continuidad de la política de "armonía" desarrollada por Juan Pablo II con otras religiones, incluido el Islam, con sus 1.500 millones de fieles.

 

Como producto de ese acuerdo, Joseph Ratzinger fue coronado Papa, bajo el paraguas del OPUS DEI, el poder en las sombras que se cierne sobre el Vaticano.

 

Es a ese poder y a ese pacto que Ratzinger (llamado el "látigo doctrinario") deberá dar explicaciones por sus exabruptos con los musulmanes.  

 

Fuente: NuestraAmérica