El REA y las golondrinas
Wladimiro Rodríguez Brito
E
l pasado domingo comentábamos cómo unos recursos económicos que, en teoría, destina la UE a las Regiones Ultraperiféricas (RUP), en el caso de Canarias es muy discutible que el supuesto beneficio de esta ayuda repercuta positivamente en los sectores productivos del archipiélago, o incluso en el coste de la vida y de la cesta de la compra. De esta manera, aunque las siglas signifiquen Régimen Especial de Abastecimiento (REA), la realidad nos indica que Canarias recibe algo más de 21.000 millones de pesetas anualmente y, en estos momentos negociamos nada menos que 148.500 millones para el período 2006-2013. El espíritu de estas ayudas necesita urgentemente un cambio de prioridades en el modelo de sociedad, incluso en el paisaje y en la piel de este archipiélago ultraperiférico. Es decir, que estos 890 millones de euros invertidos en ayudarnos pueden acabar convirtiéndonos en una comunidad mucho más dependiente del exterior de lo que somos hoy.¿Ayudas o hipotecas?
En estos días se habla de la fiebre aviar y de la precaria producción local, no dejamos de observar el horizonte con temor ante la llegada de las primeras golondrinas procedentes de África, que habrán recorrido una geografía llena de interrogantes para la salud de las islas a las que arriban. Tampoco se trata de pedir partidas de nacimiento a esas golondrinas que regresan a nuestros balcones por primavera ni de preguntarles de dónde vienen ni dónde han parado.
Son fechas propicias para preguntarnos qué estamos haciendo para reducir o, al menos, no aumentar nuestra dependencia del exterior y en qué medida las ayudas europeas contribuyen a este principio. En otras palabras, utilizando un viejo proverbio chino, no se trata de que nos den el pescado sino que nos den una caña y nos enseñen a pescar.
Sin ánimo de caer pesados ni caer en la reiteración, sí que sentimos que estamos obligados a insistir en el fondo de la cuestión, que no es otro que el efecto "perverso" y negativo que tienen las ayudas del REA para nuestros agricultores y ganaderos. Y que cada vez que perdemos a uno de ellos, que arroja la toalla cansado de luchar contra molinos de viento, perdemos todos un recurso estratégico inapreciable. Esta sociedad debe reflexionar sobre este problema que acabará siendo imposible de solucionar a poco que continúe la dinámica actual.
Golondrinas y REA
¿Qué tienen que ver las románticas golondrinas que anuncian la ansiada primavera con las ayudas del REA? Mucho. En estos momentos, importamos más de 40 millones de kilos de pollo, con arancel 0 cuando provienen, por ejemplo, de Brasil, o de 60 pesetas de ayuda en subvención REA cuando vienen de territorio de la UE, que no se justifican por los costes de insularidad o alojamiento (el transporte hasta la isla tiene un coste medio de 25 ptas./kg.). Qué se puede decir de los 15 millones de kilos de queso holandés que se llevan nada menos que 3.000 millones de pesetas de ayudas REA. Mientras tanto, estos productos elaborados o criados en las islas no reciben ni un céntimo de ayuda.
Por todo lo dicho, el debate está servido: O protegemos, apoyamos y potenciamos a los que cuidan gallinas, vacas o cabras en Garafía, Nisdafe, La Oliva, etc., o, por el contrario, esta astronómica cifra que se debate estos días se empleará en contribuir a arruinarlos. Más allá del significado del pomposo REA entendemos que se pervierte el espíritu que justifica estas subvenciones cuando ni abaratan la cesta de la compra de los consumidores canarios al tiempo que comprometen la supervivencia del sector agrario.
Las producciones ganaderas de tipo industrial son más vulnerables que las granjas familiares dispersas, máxime cuando vivimos en islas con una gran dispersión territorial y con demandas localizadas, muchas de las cuales podemos atender sin importaciones de lugares alejados, cada día más dependientes de los costes energéticos y de los problemas sanitarios; prioricemos los recursos que aporten tanto la Unión Europea como Canarias hacia la producción local para construir una sociedad y un territorio más sostenible y menos dependiente del exterior, incluso cuando lleguen las oscuras golondrinas.
* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife