Elguanchepress.-Aguere
, 26-03-2005Palpables signos de recolonización española
Que aún existen, ya entrado el siglo XXI, elocuentes y bien visibles síntomas de la persistencia del colonialismo más rancio en Canarias es algo evidente Como prueba más concluyente la información que nos deparó el periódico El Día el pasado 24 de Marzo, en relación a la cuasi suspensión (nos quedó la magua) de la salida de un paso de Semana Santa, el de la Virgen de la Esperanza Macarena, la noche del Jueves Santo por las calles de la capital. El motivo radicó, según la citada información, en que la correspondiente Hermandad, formada por andaluces residentes en Santa Cruz, se negó a salir si la banda de música no interpretaba el himno español "como marca la tradición", en el momento de comenzar el trayecto.
Todo empezó a raíz de una disposición del representante municipal que formaba parte de la comisión mixta, junto al representante de la Vicaría Episcopal, que se encarga de supervisar y preparar las procesiones, en el sentido de no autorizar a la Banda la intepretación del referido himno en base a la normativa legal. En efecto, según el portavoz municipal, el Real Decreto 834 de 11 de Abril de 1984 reserva estos sones musicales exclusivamente "para el Santísimo Sacramento y no para el resto de las imágenes". Esto último desencadenó las iras del capataz español de aquella Hermandad que aseguró que "la imagen de la Macarena tiene el fajín que le entregó el antiguo capitán general de Canarias y, por tanto, se le tiene que tocar el himno nacional " (sic).
Se formó pues el follón protocolario subsiguiente y lo más triste del caso es que, en lugar de hacer prevalecer firmemente la normativa legal, el colonizado representante municipal accedió a los fervientes deseos patrióticos del capataz, que montó en cólera cuando le dijeron que no se podía tocar el himno de su país. Los de la Hermandad entonces "amenazaron" con contratar a la banda de Tejina, pero esta les pidió 1.800 euros, "aunque- señaló el capataz- luego desestimó la oferta porque le recomendaron que no aceptara este compromiso... y hasta la contrataron para esta noche para otra actuación por 2.400 euros, cuando la banda que contrata el Ayuntamiento, la de La Esperanza, recibe apenas 1.021 euros.
Como resulta que la banda contratada por el Ayuntamiento santacrucero, proveniente del municipio de La Esperanza, era la más barata y seguramente para evitar un escándalo socio-religioso "políticamente incorrecto", pues, "aquí paz y en el cielo gloria". Y héte aquí que los escasos, aunque fervientes, vecinos asistentes a la procesión tuvieron que tragarse en un acto esencialmente religioso los acordes del himno metropolitano, satisfaciendo así la "santa" voluntad de los andaluces residentes en un territorio que no es el suyo. Y aún no entendemos como no se van para su tierra a disfrutar de lo lindo de la alegría característica de su semana santa, aún conociendo la humildad y el ya de por sí apagado carácter popular de las procesiones isleñas. Aunque, todo hay que decirlo, se explayaron en alabanzas y elogios con la labor de la banda de La Esperanza que en los últimos 11 años participa en el cortejo procesional de Santa Cruz, ya que tiene un repertorio "de corte andaluz", con diversas piezas "que ellos tocan con maestría". Recordó asímismo el susodicho y "echao pa´lante" capataz los inicios de esta procesión, allá por 1959, cuando la cofradía se afincó en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, de Santa Cruz, "de la mano de siete u ocho andaluces, en su mayoría militares" (indio ya entender). Y siguió diciendo el capataz español : "Hace cinco años, salió por primera vez el Jesús Cautivo. Fue la primera vez que un paso lo cargaban en Canarias un grupo de mujeres. Aquella fecha, andábamos cortos de costaleros para sacar los dos pasos y buscamos a mujeres". Intuímos, evidentemente, la poca o nula disponibilidad de machos canarios para tal menester, de tal forma que tuvieron que echar mano, entre otras de su país, de sus abducidas cónyuges canarias, hermanas, tías, primas y demás familia....
Asistimos pues, de un tiempo a esta parte, a la práctica de una suerte de foráneos estilos y a una descarada importación de costumbres ajenas a nuestro pueblo isleño. Una recolonización cultural y religiosa en toda regla, en la que prevalecen las "saetas", el "fino laína", o esos estridentes gritos de "guapa" dedicados a una imagen, tan alejados todos ellos de la auténtica idiosincrasia canaria. Sustituyen poco a poco las primeras a las "malagueñas" de toda la vida, que ahora resulta que deben cantarse en determinados espacios y en determinados momentos, reduciendo aún más su implantación. Un alarmante proceso de españolización, parejo con la creciente inmigración europea en general a este territorio colonial canario.
Nos cuelan una vez más, sin ningún respeto, las componentes político-militares en todos los actos cívico-religiosos que pueden (recordemos el ya desaparecido pendejo de la conquista), en forma de desfiles castrenses, símbolos o himnos, a pesar incluso de la oposición del Obispado de Tenerife. ¿Ocurrirá lo mismo en territorios europeos como Catalunya o Euskadi? Parece que no despertamos del todo y algunas veces da la sensación que vamos hacia atrás en lugar de pa´lante. Dios, qué cruz.