Casa África: Cultura, cooperación y
recolonización
José
Villalba Pérez
El Plan, lanzado en plena “crisis de los cayucos”, es presentado como una
respuesta “al problema de la inmigración”, una herramienta de “fomento de la
cooperación para regular adecuadamente los flujos migratorios procedentes de la
región subsahariana y combatir el tráfico ilegal de
personas”. Sin embargo no oculta su naturaleza. Así entre sus objetivos y prioridades
el Plan África sitúa el “refuerzo y la diversificación de los intercambios
económicos, así como el fomento de las inversiones, sin olvidar la creciente
importancia estratégica de la región subsahariana, y
en particular el Golfo de Guinea, para nuestra seguridad energética y las
oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas
españolas”.
En especial, se pretende asegurar la presencia de las multinacionales
energéticas y pesqueras españolas en este nuevo saqueo. Favorecer la
penetración de las empresas españolas (hidrocarburos, pesca y turismo como
prioridades), asegurar la “seguridad energética” y promover la lucha contra la
inmigración. El control de fronteras y su militarización en la lucha contra
“las mafias de la inmigración” y “el terrorismo internacional” –la nueva
coartada que todo lo justifican- se convierten en elementos condicionantes de
las políticas de cooperación.
Con esta nueva política africana el Gobierno pretende que España no quede fuera
del nuevo reparto y recolonización de África, la última frontera de la
globalización. Pretende participar en el nuevo Gran Juego Africano inaugurado
al final del siglo XX, posición que quedó de manifiesto en el anterior viaje
del Monarca a las islas rememorando la realizada por Alfonso XIII en 1906, en
plena lucha de las potencias de principios del XX por reparto de África.
Como explícita el Plan África, sus objetivos se centran en asegurar la
presencia de las empresas españolas en el expolio que organismos como el G8,
FMI y BM están coordinando. El Plan, “viene así a sumarse, desde una
perspectiva nacional, a otras importantes iniciativas relacionadas con el
continente africano surgidas en los últimos años como
En este marco es en el que se inscribe la creación de Casa África que aparece
como una herramienta esencial para la creciente presencia económica, política y
militar en el África Subsahariana. El anuncio de su
creación es entusiastamente recibido por el Gobierno de Canarias que intenta
convertirlo en un elemento más de la política de expansión de los capitales
canarios.
Tas un periodo de acumulación de capital sin precedentes gracias, entre otras,
a
La gestación de
Los nombramientos y actuaciones realizados hasta ahora por
El primer gran reparto del mundo se realizó a la voz de “evangelización”; el
segundo al calor de “la ciencia, los descubrimientos y la civilización”; hoy,
se hace al grito del “comercio y la cooperación al desarrollo”. Con el primero
surgieron las misiones y los misioneros; las segundas dieron sociedades
geográficas y exploradores; hoy nacen organismos como Casa África
que intentan articular el mundo de las ONG y de los cooperantes
poniéndolo al servicio de la expansión del capitalismo patrio. Mejor los
nuestros.
Un modelo ya experimentado en Canarias a través de
La separación institucional de ambos ámbitos (negocios privados y cooperación
al desarrollo) es una condición imprescindible para una verdadera política de
cooperación con el trabajo de los movimientos sociales africanos -en este caso-
que luchan por la transformación de sus sociedades. Sólo desde esa separación,
el movimiento social que desde el Norte apoya esas realidades africanas de
lucha y transformación social, puede convertirse en un verdadero fiscalizador
de las políticas de sus Estados y de la actividad exterior de sus empresas
nacionales.
Como bien sabemos los canarios, la corrupción no es una característica
exclusiva de regímenes africanos, y una de las bases sobre las que se sostienen
son las prácticas clientelares, y Canarias
sabe también mucho de ello. Instituciones como Casa África, que asimilan
“intereses nacionales” a “intereses empresariales” y los ligan a las “políticas
de solidaridad y cooperación” son caldo de cultivo institucional del
clientelismo y un paso más para la definitiva reconversión de las
Organizaciones No Gubernamentales en Organizaciones Para Gubernamentales, en contratistas
privados de las políticas culturales y sociales exteriores. Estaríamos
ante una privatización más, la de los costosos servicios exteriores
que mantenían los viejos Estados coloniales sustituidos por una
entusiasta masa de voluntarios ‘mileuristas’,
solidarios, emprendedores, sobradamente preparados y, sobre todo,
pendientes de “la financiación de su proyecto”. Esta es
(*)
Miembro de