Al rector Lobo

 

Juan Manuel García Ramos

 

Apreciado amigo: desde hace algunos meses sigo con interés las noticias que te vinculan con un salto a la política activa y te relacionan con una organización nacionalista de nuestras islas. También tengo sobre mi mesa recortes periodísticos donde determinada fuerza política te exige en mayo de este mismo año el cese fulminante de tus funciones como rector de la ULPGC tras conocer tu compromiso de acudir a las próximas elecciones formando parte de alguna candidatura.


Sé lo que estarás pensando en estos momentos. Algunos círculos académicos y políticos de nuestra tierra acogen de muy mala manera cualquier tipo de relación de algunos profesionales con movimientos nacionalistas; los mismos círculos académicos y políticos que luego ven con mucha naturalidad que simpatizantes o militantes de partidos/franquicias en Canarias, representantes legítimos del nacionalismo español, coloquen a sus peones en puestos de cualquier responsabilidad, dentro o fuera de la universidad. La tradición avala estas afirmaciones mías.


Quiero felicitarte por tu decisión de incorporarte al proyecto político en el que has depositado tu confianza y espero que los dirigentes de esa organización sepan valorar la relevancia de tu personalidad, tu línea de trabajo y de gestión y la honradez que ha caracterizado tu trayectoria.


Lo digo porque te conozco desde hace ya algún tiempo, en especial desde que coincidimos como vicerrectores en el equipo de gobierno de José Carlos Alberto Bethencourt, y porque me parece que tu paso a la política activa se convierte en un ejemplo simbólico de compromiso con los intereses generales de nuestra Comunidad en unos momentos en los que el compromiso brilla por su ausencia en tantos escenarios de nuestra convivencia.


Los canarios tenemos la obligación de volver a prestigiar la política con gente que pueda aportar sus conocimientos y su experiencia en la administración de los asuntos públicos.


En ese sentido, creo que nadie pone hoy en duda el trabajo de dos universitarias como son Marisa Zamora y Marisa Tejedor en el seno del Ejecutivo autónomo, quizás las dos últimas incorporaciones a la política provenientes de los claustros universitarios. Por ello las cito.

Canarias necesita hombres y mujeres formados, profesionales prestigiosos y libres de cautividades económicas, que conduzcan las instituciones insulares y nacionales con la independencia de criterio y la creatividad que éstas exigen de todos nosotros.


No estoy abogando por un gobierno exclusivo de ilustrados, pero sí estoy reclamando una mayor presencia de intelectuales, científicos y técnicos cualificados en la dirección de nuestros destinos colectivos, así como en la conformación de nuestra opinión publicada, radiada o televisada.

Los universitarios canarios tendríamos que salir de vez en cuando de nuestros departamentos, laboratorios y quirófanos y dar nuestros pareceres y criterios sobre tantos asuntos de actualidad, hoy hegemonizados por una clase política cerrada sobre sí misma y celosa de su blindaje. Tan celosa de esos privilegios autoconcedidos que ve siempre con malos ojos cualquier intervención que no provenga de sus endogámicas filas.


Creo que llevas desde junio de 1998 al frente del rectorado de tu universidad y que nadie te niega ya el buen trabajo llevado a cabo. Ni siquiera los que han tenido algunos roces dialécticos con tu trayectoria son capaces de restar méritos a tus ya más de ocho años de entrega a esa institución.


Tanto desde la universidad como desde cualquier otra actividad política se puede luchar por el bienestar de nuestra tierra y de nuestros paisanos. En especial, por nuestra juventud, a la que has dedicado mucho esfuerzo desde tu intervención académica.


Tenemos por delante no desmotivar más de lo que está a nuestra juventud. Los que ejercemos la docencia universitaria sabemos mejor que nadie de las muchas promociones de muchachos y muchachas brillantes hoy malogradas en el laberinto laboral.


Todos sabemos las diferencias existentes entre lo que predicamos en nuestras cátedras y lo que luego la realidad ofrece a nuestros alumnos una vez graduados o licenciados. Al final de muchas de esas carreras de máximas calificaciones y de horas y horas de esfuerzo no espera sino la decepción: una sociedad incapaz de incorporar a sus generaciones más frescas a puestos de trabajo remunerados con dignidad y no precarios. A aquellas generaciones capaces de enriquecer de verdad el futuro de todos nosotros.


Universidades sólidas y prestigiadas significa siempre sociedades pujantes y desarrolladas. Algunos gestores políticos ignoran esta simple ecuación y regatean y regatean recursos destinados a ese escalón superior de la educación, donde los climas de consenso entre sus distintos estamentos son necesarios para hacer las respectivas labores con el máximo de excelencia.


Apreciado amigo Manuel: Canarias se encuentra en un momento muy delicado de su historia, pero tampoco en el más delicado de todos los momentos vividos. No hay sitio para el desaliento.


Esas circunstancias actuales reclaman todo nuestro conocimiento de la situación y ponernos manos a la obra para mejorar nuestro porvenir.


Sigo confiando hoy, como confío desde hace muchos años, en la existencia de una clase política criolla, integrada por nuestros mejores hombres y nuestras mejores mujeres, empeñados todos en una misma misión: la de encontrar el futuro más acertado para nuestros descendientes sin alterar los atractivos de nuestras islas y sin agotar sus infinitas posibilidades de vida en paz y prosperidad.


Ya has recibido las primeras agresiones de los de siempre, de los que ven con recelo que el caudal de militancia y simpatía de los partidos nacionalistas crezca.


No abdiques de tus intenciones y sigue adelante. Necesitamos a los mejores en nuestras filas, entre otras cosas para demostrar a algunos que las reputaciones las repartimos en Canarias entre nuestros hijos y entre los que han decidido residir entre nosotros y que no estamos a merced de que otros vengan desde fuera a ejercer esos derechos.


Hemos de creer en una clase política canaria propia, sin dependencias de centros de decisión exteriores que se dediquen a tergiversar nuestra capacidad de organización y de ordenación de nuestros prestigios.


Tu paso a la política, amigo Lobo, es, como ya dije, un ejemplo útil para otras muchas vocaciones indecisas. Espero que tu desembarco -si así lo decides- en las nuevas responsabilidades sea fecundo para todos.


En Canarias no sobra nadie cuando se trata de luchar por el hoy y el mañana de una sociedad que ha convertido la improvisación en una metodología de trabajo. Tú conoces nuestra historia mejor que yo y sabes de nuestras limitaciones a la hora de hacernos dueños de nuestro destino común: de una Canarias bien autogobernada y de una Canarias bien autolegislada.



Enhorabuena y suerte, rector.