Recuerdo de tu mano

En la húmeda pinocha hundí mis dedos, arcillosamente contestados por tu tierra

y vi caer tu agua clara por el estrecho barranco.

Alzó el cernícalo su vuelo y tras esquivar el sol que nunca demasiado se oculta, dejó despejado en el eterno bosque el astro comprometido que iluminó las lajas del camino.

El poleo envejecido entró en mi casa de aromas y dos nubes violetas sonrieron heladas en lo más alto del cielo.

Con el viento susurrando entre los árboles me llevaste hasta el batir de las olas,

Con tu mano de fresco haz y cálido envés, con tu mano que me da magua,

Con tus manos de retama y codeso, de niebla y calima...

Que dicha tu mano...¡patria que tanto recuerdo!

Arakuzem