Reflexiones de Semana Santa

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Han comenzado las vacaciones de Semana Santa. Según la Dirección General de Tráfico, ya se han producido más de siete millones de desplazamientos. Los principales problemas se habrán producido en las vías de acceso a las costas. Ocho mil agentes, más de 300 radares y 150 coches camuflados forman el dispositivo oficial de tráfico para intentar reducir el número de 110 víctimas mortales del año anterior, en su gran mayoría por no usar el cinturón de seguridad o por conducir a velocidad excesiva. Se constata que la inicial prevención de muchos conductores por la pérdida de puntos, por violación del Código de Circulación ha ido descendiendo.


En estos días, hemos conocido que el 39% de las muertes por accidente laboral no ocurren en la fábrica, taller, oficina o cantera; se producen en las carreteras, cuando los trabajadores se dirigen al, o regresan del, trabajo. Un 64% de los accidente ocurren en el trayecto de ida y el 36% en el de vuelta.


En Irak, gracias a Bush, Blair y Aznar, se ha logrado la implantación de la democracia y las libertades; se ha impedido la implantación del terrorismo islámico y avanza, de forma acelerada, la reconstrucción del país. Eso sí, la política desarrollada por los ocupantes y sus cómplices nativos ha ocasionado la muerte de más de 650.000 personas, en su mayoría civiles, ancianos, mujeres y niños. Cada día, las agresiones y sus correspondientes represalias causan una media de 50 muertos. Es el precio a pagar por el aventurerismo bélico de unos personajes que conceden escaso valor a la vida.


La Unión Europea cumplió medio siglo de vida el pasado 25 de marzo, con la esperanza de superar la crisis política que significó el fracaso de las consultas celebradas en Francia y Holanda para ratificar el proyecto de Constitución, en 2005. La presidenta, de turno, Angela Merkel, no tenía otro remedio que mostrarse optimista, ante el desafío de superar, en junio de 2009, en las elecciones al Parlamento Europeo, el actual bloqueo constitucional. El terrorismo, la inmigración y la energía serán los temas que dominen la agenda de la Unión Europea, en los próximos años, y el envejecimiento, la globalización y las desigualdades, las amenazas a evitar.


Todos los dirigentes han evidenciado, con mayor o menor rigor, las ventajas obtenidas por la Unión, pero nadie puede negar que, en los últimos quince años, coincidiendo con gobiernos conservadores en Francia (Chirac), Italia (Berlusconi) y España (Aznar), el contagio del modelo estadounidense, no sólo ha hecho aumentar las desigualdades, sino que el peso de los salarios en la economía ha caído a sus niveles más bajos, amenazando el denominado modelo social europeo.


Con algunas críticas y advertencias serias, la situación de la economía española no deja de recibir halagos desde los más variados organismos internacionales. El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, aprovechó su presencia en el Foro Nueva Economía, en Madrid, para considerar el superávit fiscal, el alto crecimiento de la economía nacional y la creación de empleo. No dudó en advertir del insatisfactorio nivel de productividad, que sólo alcanzó un aumento del 0,8% en 2006, aunque tampoco se mostró optimista con el 1% de media de crecimiento de la productividad en los últimos años en la Unión Europea.


El Fondo Monetario Internacional, dirigido por Rodrigo Rato, no ha ahorrado elogios al crecimiento económico español, aunque hace previsiones de una desaceleración suave del crecimiento, hasta el 3,5%, acompañado de un incremento del déficit comercial. El FMI advierte de los riesgos del rápido aumento del crédito y de la alta concentración de préstamos en la vivienda. Asimismo, señala que la llegada de inmigrantes ha flexibilizado, a la baja, el mercado de trabajo. Valora positivamente la creación de empleo, la recuperación de la productividad, la moderación de la inflación y el aumento del superávit de la contabilidad nacional, que alcanza un récord histórico: el 1,8% del PIB.


En la primera clasificación mundial del Índice de Gobierno de la Economía Internacional (IGEI), que pretende medir la capacidad de cada país en la economía internacional, España se consolida en el noveno lugar. Nuestro país es la octava economía mundial en términos de Producto Interior Bruto; la segunda en entrada de turistas; la acogida de inmigrantes crece a ritmos superiores a cualquier otro país; el comercio supone más del 2% del total mundial y es un importante inversor gracias a sus empresas multinacionales.


Con el bañador en la mano, me entero de que el Tribunal Constitucional ha anulado el famoso ’decretazo’ del Gobierno de Aznar, por el que, al margen de las organizaciones sindicales, impuso una reforma laboral restrictiva, que lesionaba derechos adquiridos de los trabajadores y que dio lugar a una huelga general, el 20 de junio de 2002.


La capacidad de sorpresa ante la actuación de los dirigentes del PP, exhortados, alentados y controlados por algunos medios de comunicación expertos en conspiraciones, no parece tener límites. Las declaraciones del antiguo director general de la Policía, Díaz de Mera, actualmente eurodiputado del Partido Popular, cuando declaró sobre el atentado terrorista del 11-M -y su calenturienta e interesada versión sobre la existencia de un informe que relacionaba el atentado con ETA, negándose a facilitar el mismo y los nombres de sus autores y de quiénes le informaron de su existencia- conforman un capítulo absurdo, de justificación e intriga, de quienes mostraron una gran incapacidad, ineficacia, irresponsabilidad y estupidez, ante las advertencias, amenazas y pruebas que se acumulaban sobre la perspectiva, más que cierta, de un atentado del terrorismo islamita en territorio español, después de la ’foto de las Azores’. ¿Dónde ha quedado la manifestación de Rajoy de que "en mi partido no hay nadie que diga que ETA hizo eso. Si alguien lo dice, yo le exigiré que lo pruebe, y si no lo prueba, le diré que no lo puede decir?"


Los gastos de Zaplana, en su época de ministro de Trabajo, han dejado huella. A las facturas de aviones privados, 150.000 euros en menos de dos años, hay que añadir cientos de miles de euros en gemelos de oro y de plata, maletines, echarpes, bolsos de piel, donativos, relojes, pañuelos de seda, chicles, bolsas de patatas, ketchup, yogures, pan de seis cereales, helados o regalos de Navidad para seis parientes; también sorprende su gusto por los turrones. Los responsables del Ministerio de Trabajo en abril de 2004 se negaron a pagar tres facturas de turrón de 23.000 euros, adquiridos en la Navidad de 2003 por el ministro Zaplana, y continuaban sin ser abonadas, porque la partida anual para gastos de protocolo había sido agotada.


Nos hemos enterado que en España la especulación inmobiliaria, favorecida desde ayuntamientos, diputaciones, cabildos y gobiernos autónomos, ha servido para incrementar el número de ricos. Las personas que tienen un patrimonio superior a 10 millones de euros (más de 1.600 millones de las antiguas pesetas) en 2006 son casi 4.000, un 24,27% más que en 2005. Mientras, la participación de los salarios en Producto Interior Bruto ha descendido.


De la desvergüenza que, durante varios días, se ha apoderado del Parlamento de Canarias escribiremos otro día.