El GuanchePress, 17-05-2007

 

 

REFRESCANDO LA MEMORIA

 

La lucha por las libertades democráticas durante la Transición en Canarias no fue patrimonio de una sola persona ni de una única organización clandestina. Aunque el PCE dominaba casi hegemónicamente la pelea política contra la Dictadura, otros miles de canarios sin adscripción partidaria concreta contribuyeron con sus actitudes o su rebeldía a impedir que la intolerancia se consolidase en el poder. Los comunistas fueron los primeros en dominar la calle y el ámbito sindical, los nacionalistas transformados posteriormente en independentistas se movían en el exilio europeo y africano, los socialistas se atrincheraron en la oposición universitaria y pagaron también con el destierro o el exilio, mientras que los liberales, regionalistas y democristianos que convivían con el régimen se encargarían por último de desactivarlo jurídica y parlamentariamente desde dentro a la muerte de Franco. Puede que sin la participación de todos ellos, en mayor o menor medida, el Archipiélago como parte de España, seguiría guiado más por la caverna que por la razón.

 

* * *

 

1960 es un año decisivo para Canarias, aunque la mayoría de sus habitantes y visitantes permanezcan ajenos a lo que se estaba cociendo entonces en el mundo. Como parte geográfica del continente africano, ese año el general Franco tuvo que resistir la primera andanada diplomática de la emergente y grandiosa vecina negra, que empezaba a despertarse de manera autónoma gracias a la evolución de los procesos de descolonización. En 1960 acceden a la independencia diecisiete nuevos Estados africanos, en lo que se llamó internacionalmente como "el año de África". La fascinación por este fenómeno en la opinión pública mundial era similar al que ahora podemos apreciar con respecto a los países asiáticos o del Este europeo, aunque con un claro ingrediente ideológico añadido que conectaba con los sentimientos de toda la izquierda europea de forma muy nítida.

 

Ese otoño, en el curso de la XV Asamblea General de la ONU, se van a sentar las bases ideológicas e institucionales por las que, a partir de entonces y de forma acelerada, va a discurrir el proceso descolonizador. El general Franco ya había conseguido que su régimen fuese reconocido por el resto del mundo y de hecho se le permitió entrar en la ONU el 14 de diciembre de 1955. Pero Naciones Unidas vivía una imparable fuerza centrípeta en favor de la independencia africana y el 14 de diciembre de 1960 su Asamblea General aprueba entre el alborozo mundial la "Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales" más conocida como la "Resolución 1514".

 

España se había unido al reducido número de nueve países que se abstuvieron en la votación, por 89 que la apoyaron. El debate surgió a iniciativa del presidente soviético Jruschov, que de esta forma se apuntaba un importante triunfo ante las naciones del Tercer Mundo. En Nueva York le aplaudieron a rabiar Nebro, Fidel Castro, Nkrumah, Sekou Touré... mientras los Estados Unidos se lamían las heridas ante el evidente éxito diplomático de sus entonces adversarios.

 

El alegato anticolonialista de la ONU tuvo sus primeros efectos en Mauritania. Fue Marruecos la que se apresuró a pedir su anexión, pero Francia, que llevaba sesenta años asentada en sus tierras, se negó y optó por darle la independencia, ante la rabieta del monarca, Mohamed V, padre de Hassan. El fracaso le animó a desviar su interés hacia Ceuta y Melilla, planteando por vez primera sus reivindicaciones territoriales en Naciones Unidas, junto a las del Sáhara y el Sidi Ifni. La presión marroquí sobre las posesiones españolas norteafricanas era apoyada por ocho países: Siria, Libia, Indonesia, Jordania, Líbano, Yemen, Sudán y Arabia Saudita. La oposición verbal de España en Nueva York la sostuvo el embajador Manuel Aznar, abuelo del anterior líder del PP: -Hemos dicho y mantenemos que no existe en los territorios bajo nuestra jurisdicción ningún asunto, ningún problema, aparte de los de la justicia y el honor, que no puedan resolverse por negociaciones bilaterales con los países que estiman tener derecho a una reclamación*.

(Francisco Villar. El proceso de descolonización del Sáhara)

 

Las posturas estaban terriblemente enfrentadas, pero Marruecos se veía sometido por el clima mundial favorable a las descolonizaciones, sinónimo de libertad y de liberación del yugo colonialista para la inmensa totalidad de las opiniones públicas europeas y occidentales. Sin embargo, dos países se resistían hasta el final: Portugal y España. El secretario general de la ONU fue desairado por las dos últimas dictaduras europeas cuando al alimón desatendieron su petición de información sobre sus tierras africanas, consideradas "Territorios No Autónomos (TNA)". Los dos países ibéricos rechazaron la demanda porque pensaban, en cambio, que esos territorios eran "provincias".

 

Como la discusión se prolongaba, la Asamblea General decidió crear el "Comité de los 6", que evaluaría las raíces coloniales de estas posesiones y emitiría un informe. Cuando este dossier se terminó, la nueva mayoría afroasiática aliada con los países comunistas convierten su discusión en un proceso público a la política colonial española y portuguesa, que sólo encuentran aliados en algunas naciones iberoamericanas. En este ambiente enrarecido, el 3 de noviembre de 1960 el delegado soviético Kutchava tercia en la polémica y durante su intervención en Nueva York señala como colonias españolas "el Ifni, el Sáhara y las Islas Canarias". La delegación española escuchó estupefacta el alegato, que venía nada menos que de una superpotencia.

 

Manuel Aznar se puso a la defensiva, debido al tono que empiezan a cobrar los debates. Nunca antes nadie había osado cuestionar la españolidad de Canarias y mucho menos en un foro internacional. El diplomático español, arrinconado y sorprendido por la iniciativa, trató de buscar un equilibrio entre las posiciones ortodoxamente colonialistas del presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco y las más templadas del ministro de Asuntos Exteriores, Castiella: -España no sabe lo que es un TNA y piensa que no se le puede imponer el envío de información sobre territorios pretendidamente tales bajo su administración, pero teniendo en cuenta su voluntad de colaborar con la ONU, está dispuesta a transmitir, en el momento oportuno, información sobre sus provincias ultramarinas.

 

Pero los argumentos españoles no eran muy convincentes. En la siguiente sesión de los debates, el delegado búlgaro Grinberg, sostiene que el Capítulo XI de la Carta de las Naciones Unidas referida a los TNA debe aplicarse a los siguientes "territorios coloniales administrados por España: Ifni, el Sáhara, Fernando Poo, Río Muni y las Islas Canarias". Sólo el representante indio valora el talante conciliador de Aznar, frente al salazarismo inmovilista que expresaba el delegado portugués, Franco Nogueira, acérrimo crítico del "Informe de los 6".

 

El 10 de noviembre se consuma la derrota internacional de España, que sólo va en compañía de los dos países más retrógrados del mundo, Portugal y Sud áfrica. Las Naciones Unidas apoyan por amplia mayoría las recomendaciones de su comité descolonizador. A Portugal se le exige información sobre Angola y Mozambique, entre otras colonias, mientras que España debe suministrar los datos que se le pidan sobre el Ifni, Fernando Poo, Río Muni y el Sáhara Occidental. El Archipiélago canario se había salvado casi al final de la voracidad independentista africana, aunque el último obstáculo se presentaría inesperadamente al día siguiente.

 

El delegado ucraniano, que seguía de cerca los debates, presentó una enmienda al texto de los 6 incluyendo en la lista de territorios administrados por España a "las Islas Canarias". El ambiente en la sala subió de temperatura, y nuevamente son los indios y los argentinos los únicos que defienden "la vocación descolonizadora de Franco", frente al delegado marroquí, Alí Skalli, que reivindica con dureza "la marroquinidad de Ifni, Sáhara, Ceuta y Melilla".

 

Con respecto a Canarias, la mayoría de los diplomáticos que representan a sus países en la ONU desconocían la petición ucraniana, entonces un mero tentáculo del Imperio comunista soviético.

 

Nadie conocía con exactitud el sentimiento independentista del Archipiélago y si sus habitantes eran árabes, negros, o españoles en su mayoría. El delegado colombiano sí, pues las actas de los debates registran su posición favorable a la españolidad de las Islas.

 

En este ambiente de confusión generalizada, se levanta la sesión, tras votarse la enmienda. Canarias no fue considerada colonia española por 54 países que votaron en contra, mientras que 13 se abstuvieron y 8 sí pensaron que el Archipiélago era un territorio parecido a Guinea, Sáhara e Ifni.

 

Los teléfonos ardían en la embajada española de Nueva York. Desde allí, el embajador Lequerica contacta con el ministro de Exteriores Castiella, y le hace ver que si se oponen a la descolonización de Guinea, Sáhara e Ifni, la mayoría de los países podrían ampliar en una segunda tentativa la lista de territorios TNA e incluir al Archipiélago canario. El posibilismo de Castiella le hizo aceptar que estos tres territorios podían ser inspeccionados por la ONU, con gran enfado de Carrero Blanco, que los consideraba "provincias españolas, como las que más". La división del régimen franquista se intuía en estas desavenencias y por una vez, triunfaron las 'palomas' frente a los 'halcones'.

 

Finalmente es el embajador Lequerica quien recibe órdenes expresas de Exteriores y, conocedor del trasfondo enrarecido que se vive en Madrid, realiza una escueta declaración: "El Gobierno español ha decidido transmitir al Secretario General información respecto a los territorios a que se refiere el Capítulo XI de la Carta". Su laconismo encierra cesiones evidentes: Guinea, Sáhara e Ifni ya no son "provincias" sino TNA, un eufemismo tecnocrático para denominar lisa y llanamente a lo que eran "colonias".

 

La flexibilidad de Castiella y su enfrentamiento con Carrero Blanco “salvarían” a Canarias de la entonces potente y sólida garra africana, aliada del bloque soviético.

 

Cuando llegó la hora de la votación, las enmiendas ucranianas en favor de la independencia del Archipiélago fueron derrotadas, salvándose una coyuntura histórica que no era nada favorable. El historiador y diplomático Francisco Villar, que vivió todo el proceso en primera persona, no duda en afirmar que "así, en unas horas, ante la presión creciente a que se había visto sometida la posición española y, especialmente, ante el riesgo inminente de ver incluidas las Canarias entre los territorios coloniales españoles, el Ministerio de Asuntos Exteriores lograba abrir una brecha en las concepciones reaccionarias del almirante Carrero y su equipo de Presidencia. Pero se trataba de una simple brecha.

 

Las contradicciones de la diplomacia española (Presidencia "versus" Exteriores) van a ser cada vez más patentes, aunque Canarias “salvó” el primer intento internacional de descolonización, cuyas repercusiones para el futuro, de haber prosperado, pueden fácilmente imaginarse".

 

***

 

Las convulsiones diplomáticas del año 1960 habían dejado un panorama de cierta zozobra en el régimen de Franco acerca del futuro de sus colonias. Soviéticos y africanos dejaron ver sus intenciones en los debates de la ONU y eso no era precisamente tranquilizador. En la vecina Marruecos, el Rey Mohamed V muere inesperadamente tras una operación de apendicitis y en su lugar ocupa el trono su hijo Muley Hassan, que empezaría a gobernar bajo el nombre de Hassan.

 

La fiebre descolonizadora de la ONU se camuflaba en la prensa del régimen bajo los más estúpidos subterfugios y la iniciativa de la URSS, Bulgaria y Ucrania en reivindicación de la independencia para Canarias sirvió para el consumo interno como cierre de filas "contra el comunismo". Es así como en las Islas la prensa del Movimiento, que era toda, levantó un gran escándalo y agitó a la opinión pública insular por la reivindicación de independencia desde la ONU, destacando los editoriales y agresivos artículos en contra de los diarios El Día, La Tarde, Falange y Diario de Las Palmas.

 

Este último vespertino extractó un editorial del diario madrileño y  poderoso referente de opinión en la época, en el que bajo el título de "Fariseísmo Soviético y colonialismo", arremetía contra Ucrania y contra su delegado por "haberse atrevido a presentar una moción en la que se pedía a la más alta institución internacional que considerase territorios coloniales a nuestras cuatro provincias africanas (...) y rebajar una parte tan entrañable de nuestra Patria como el archipiélago canario, al nivel político de una de tantas colonias africanas". El artículo llama a la URSS, "heredera de la rapacidad imperialista y despótica de los zares" y a los canarios los define como "vanguardia heroica de la comunidad española de destino".

 

Además, en el Archipiélago se registraron auténticos maremotos políticos por los debates de la ONU. Alcaldes de varios municipios remiten telegramas de adhesión a Franco, espoleados por el jefe provincial del Movimiento y Gobernador civil, Ballesteros Gaibrois. El dictador, a su vez, le confesaría a su primo Franco Salgado Araujo que en esos momentos estaba "preocupado por el debate de la comisión política en la ONU sobre colonialismo, donde el delegado de la República Árabe Unida (RAU) atacó a las provincias españolas de Fernando Poo e incluso dijo que las Islas Canarias eran una colonia sobre la que España debía de informar a la organización internacional".

 

Franco tenía la impresión, sin embargo, de que "el buen sentido se impondría en esta fiebre de independencia", para lo cual se conseguiría la "franca unión con los portugueses, en un esfuerzo por evitar que no triunfen los enemigos de Occidente, que lo que desean es que Moscú los asimile".

*(Mis conversaciones privadas con Franco. Franco Salgado Araujo).

 

También por esas fechas se registran varios encuentros entre Manuel Aznar y el ministro con más poder dentro del régimen: el titular de Gobernación, Blas Pérez, palmero de nacimiento y hombre de confianza de Franco, según recuerda su secretario particular, el también palmero Adolfo Duque: "Manuel Aznar me llamaba para concertar citas con Blas Pérez cada vez que regresaba de Nueva York o de La Habana, donde fue director del diario La Marina, y me consta que su preocupación por la españolidad de Canarias nunca se la agradecieron lo suficientemente en las Islas".

 

Artículo tomado del libro del periodista español, Federico Utrera

Canarias secreto de Estado. Pág. 3-6

Edición de los Organismos Coloniales: Gobierno supuestamente Autónomo de Canarias; Cabildo de Gran Canaria; Cabildo de Tenerife.

Canarias 1996.