DESDE EL GUINIGUADA
RELIGIÓN E INTOLERANCIA
Félix M. Arencibia
La marea de la primavera sube y baja desde las oscuridades de dragones de nubes hasta los cernículos azules de Magec. A Gara Sánchez le vienen a la mente los recuerdos de su infancia con las monjas. El aire que se respiraba era el de la intolerancia, de la verdad excluyente, de la negación de la libertad. Su experiencia vital le ha llevado a un mayor relativismo y tolerancia consigo mismo y con los demás. Ese relativismo al cual se opone con ardor el nuevo Papa, el cardenal Ratzinger que se ha convertido en martillo de herejes. Para ella, como para otros muchos, su cristianismo lo era por obligación del bautismo y no por libre elección. ¿Cuántos católicos habría en el mundo si fuera a los dieciochos años cuando pudieran elegir serlos o no?
Gara Sánchez vio con esperanza la nueva cara de una Iglesia Católica preconizada por Juan XXIII en el Vaticano II, más abierta a los pobres y oprimidos y no tan aliada al poder como en el pasado. Durante el papado de Juan Pablo II ha observado asombrada cómo se condenaba a las personas más comprometidas con la Teología de la Liberación, mártires de dictaduras y al servicio de los más pobres, de la justicia y la libertad. El anterior papa, atleta del catolicismo más retrogrado de siempre, supo utilizar su imagen y los medios de comunicación, pero no siempre los puso al servicio de los valores más compasivos y evangélicos. Condena a los que se divorcian, pero admite las anulaciones un tanto extrañas de su iglesia, un mayor protagonismo del papel de la mujer, a los homosexuales, el uso del preservativo en la prevención del SIDA…
No niega que haya tenido sus aspectos positivos, pero ya se han encargado los medios de comunicación, entre ellos la televisión española, en resaltarlos. Esos medios que han sido puestos al servicio de la dramatización de la enfermedad y muerte de papa anterior y a la elección del actual han sido impresionantes y desproporcionados, piensa Gara. Ellos han realizado una propaganda gratuita a un papado que se supone no va a estar al servicio de la tolerancia con los más oprimidos. Va crear más tensiones y división en las sociedades europeas con temas como el divorcio, el aborto, la homosexualidad… Anima a los católicos a obstruir las leyes con las que no están de acuerdo. A este paso se crearán los radicalismos enfrentados que ya existen en la sociedad estadounidense con temas como el aborto.
Gara, que navega entre las azarosas olas de estos días primaverales, recuerda las palabras de Gandhi, ese gran apóstol de la tolerancia, que no utilizó la religión para condenar o excluir a los demás: "Si un hombre llega al corazón de su propia religión, se encuentra por eso mismo en el corazón de las demás religiones".