Energías
renovables para salvarnos
Carmelo Barone
"La vida es
peligrosa no por los pocos que hacen el mal, sino por los muchos que se sientan
a ver lo que pasa" (E. Einstein)
Hoy, después
de varias décadas de alarmas, avaladas por fenómenos meteorológicos cada vez
más extremos, se reconoce unánimemente que "el cambio climático es una de
las mayores amenazas para la humanidad, que pone también en peligro los
objetivos de desarrollo de millones de personas, especialmente en los países
pobres" (ministro de M. A. de Kenya). La salvación de
Porque se trata de la
salvación de nuestros hijos y nietos. No podemos quedarnos, por más tiempo,
indiferentes en esta irresponsable inercia. Mañana será demasiado tarde. Ya la
misma ONU, en 2004, pedía "una revolución en el uso global de la energía".
Debemos ir dejando la energía fósil: la del carbón, gas y petróleo, antes de su
"pico de producción" y el consiguiente excesivo e insostenible
encarecimiento, con sus desastrosas consecuencias, tanto en el ulterior
calentamiento global, hacia un próximo punto de no retorno, como en la economía
mundial. Hemos visto cómo, en los últimos años, el petróleo ha duplicado su
precio. No nos engañemos: el enorme desarrollo industrial y de la motorización,
solamente de China e India, en la actualidad, anula cualquier plan de
reducción, por el protocolo de Kyoto, etc., de las emisiones de los gases
responsables de la creciente fiebre de nuestra "casa común". Nunca
habrá guerras por el sol, sí por el petróleo.
No ignoramos los
enormes intereses económicos vinculados a él, que hoy mueven el mundo y la
política con sus multinacionales. No es justo que ese "oro negro" tan
vital esté sujeto a la especulación. Es una esclavitud, un barco que se hunde y
que debemos abandonar cuanto antes -repito-. Hay más: el programa "aire
limpio para Europa", por
En el terremoto de Agadir (1960) hubo 15.000 muertos. En Ucrania y Bielorrusia,
a consecuencia de la tragedia de Chernobyl (1986), se
estiman hasta hoy unos 400.000 muertos por cáncer. El calvario por esa
silenciosa e invisible peste atómica sigue con sus leucemias y malformaciones
en los fetos, ya que hay elementos radiactivos cuya peligrosidad dura hasta mil
años. Precisamente, es éste uno de los peores problemas que desaconsejan esa
"energía sucia". Ninguna central atómica es segura al 100%, y todas
emiten radiactividad al ambiente, según me ha confirmado el responsable de energía
de Greenpeace. "A la luz de la tecnología
existente, la energía nuclear no tiene sentido. No es previsible ni sensato que
se desarrolle", declaraba J. Piqué cuando era ministro de Industria.
Recuerdo la angustia general, en Italia, después de Chernobyl,
durante más de un año, cuando se estaba pendiente, diariamente, de los análisis
de radiactividad en los alimentos y las aguas... sobreviviendo, en pocas
palabras. Hubo un referéndum en el año 1989, y, como en otros países de
Por todo esto, esa
prevista central atómica de Sidi Boulbra,
posiblemente rusa, que no francesa, la primera en Marruecos, sin experiencia al
respecto, constituiría una terrible espada de Damocles, no solamente para
nosotros y nuestra valiosa industria turística -que vale miles de esas
centrales-, sino también para nuestros vecinos del "país hermano",
como lo define el rey Juan Carlos, que está construyendo junto a decenas de
empresarios isleños varias ciudades en la costa, enfrente. En caso de un
posible escape radiactivo, el turismo abandonaría a ambos y nuestras
exportaciones agrarias, que para Marruecos son imprescindibles, se irían al
traste, con los plátanos, etc. Ese país tan maravilloso, con un potencial
turístico impresionante, y nuestro paraíso atlántico, tan apetecido por
millones de europeos, no pueden mínimamente correr
ese permanente riesgo por una simple central eléctrica, cuando hay alternativas
que nunca podrían poner en peligro la vida de un solo niño, ni de las futuras
generaciones. En Marruecos sobra energía renovable, radiación solar y espacios,
también una cultura milenaria de vida y respeto. ¡Que al menos África sea un
continente libre de lo nuclear es una cuestión también de seguridad estratégica
para
Nuestro gobierno
central, con su Ministerio de Industria, están "alejados" de esta
amenaza. Justificar esa opción energética, por parte de Marruecos, con el
concepto de soberanía nacional es, en este caso, regresar al tiempo de los
romanos, en derecho, o poner la cabeza debajo de las alas. Que nuestro
periódico El Guanche, en aras de nuestro amplio universalismo, sea el
valedor de de esta nueva era energética, y defensor tanto de nosotros como de
lo nuestro, como siempre.
Porque el viento que
despierta los almendros en Arguayo y en Tejeda es el mismo de los valles del Anteatlas,
donde los pueblos bereberes, como nuestra raíz,
también festejan en Tafraoute ese renovado y floreal
milagro de febrero. ¡Hermano!, no me envenenes ese viento, ni la mar ni la
madre Tierra que nos alimenta, porque tú y yo somos parte de ellas. También el
Corán nos recuerda que estar en paz y armonía con el prójimo es la mitad de la
sabiduría de la vida.