Repensando el 8 de marzo

P. Luis Barrios

En la antesala a un nuevo aniversario del 8 de marzo, fecha en que se celebra el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, te invito a reflexionar críticamente. Comencemos primeramente con lo histórico.

Por un lado están quienes reconocen que el 8 de Marzo de 1854, unas 40,000 obreras del trabajo textil en la ciudad de Nueva York se lanzaron a las calles levantando la consigna de una huelga. ¿Qué querían? Exigir una jornada laboral de 12 horas en lugar de las 16 que venían haciendo. Esta heroica hazaña deja como resultado el que más adelante se le denomine a este 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

El otro 8 de marzo de 1908 recoge unos datos históricos nebulosos en donde murieron 129 mujeres en un fuego que provocó el dueño de una factoría de textil de algodón en la ciudad de Nueva York porque no quería ceder ante las peticiones de unas trabajadoras quienes solicitaban mejores condiciones de trabajo. Lo nebuloso para algunas/os historiadoras/es está relacionado con la fecha del incidente, en ningún momento se duda que este crimen ocurrió.

Por supuesto, ambas versiones desconocen los sucesos que grupos de mujeres estaban llevando a cabo en otros países tales como Rusia, Austria, Alemania, Dinamarca, Suecia, Suiza, México, Cuba y Venezuela, por solo mencionar algunos.

Por otro lado, la versión del 8 de marzo de 1908, reconocido como el Día Internacional de la Mujer, le quitó todo el matiz comunista que prácticamente dio origen al 8 de marzo de 1854 conocido como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y por supuesto, no es lo mismo el Día Internacional de la Mujer vs. el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Luego en el año 1975 -quitándole todo el trasfondo de lucha y organización política del movimiento comunista- la Asamblea General de Naciones Unidas establece el 8 de marzo como Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Ahora lo mas práctico. De frente a la penosa realidad en donde hemos organizado una sociedad en donde la mujer sigue rezagada a un plano inferior al hombre en todos los aspectos (ejemplo: político, económico, poder, social, sexual, religioso, educativo, etc.) me parece necesario reflexionar sobre una serie de preocupaciones las cuales modestamente les comparto.

Primero; Que no se nos olvide que la relación de cooperación entre hombres y mujeres establecida por Dios durante la creación, fue reemplazada por una de dominio masculino y de opresión femenina. La Iglesia como institución masculina valida y bendice este tipo de relaciones desiguales. Esto es un pecado capital en donde la Iglesia pasa a ser una estructura de opresión en vez de ser una de liberación.

Segundo; Hay la necesidad de reconocer que la opresión femenina no ha sido eterna como pretenden algunas personas hacernos creer. Basta con que hagamos un estudio serio de las administraciones matriarcales (caracterizado por la ausencia de la supremacía masculina y la distribución de responsabilidades entre géneros equitativamente) y descubriremos un mundo diferente, y por supuesto mejor. Hay quienes reconocen a esta fase matriarcal como el comunismo primitivo. Júzguelo usted. Yo mientras tanto sostengo que si el patriarcado (la validación de la creencia de la supremacía masculina y la inferioridad de la mujer) tuvo comienzo, definitivamente puede y debe de tener un final.

Tercero; La violencia llevada a cabo por nosotros los hombres -la cual no deja de ser conductas aprendidas, por lo tanto se puede desaprender- requiere de un análisis mucho más inclusivo teniendo la capacidad de envolver no solo la violencia hacia la mujer pero también la violencia que ejercemos hacia otros hombres y la violencia que ejercemos hacia nosotros mismos. Eso sí, lo mismo puede suceder también con las mujeres. Por otro lado, esta ineptitud, conciente o inconciente, de nosotros los hombres de no poder llevar a cabo una autocrítica seria de estas realidades es la que en parte sigue retrasando el que podamos retornar a unas relaciones equitativas entre hombres y mujeres y unas relaciones de ética solidaria para con otros/as seres humanos.

Cuarto; Este asunto de decir que el problema de la opresión femenina lo es únicamente el hombre más allá de ser simplista es también una posición peligrosísima la cual en última instancia tiende a beneficiar enormemente a la clase dominante. Por lo tanto, en el activismo hacia la liberación de la mujer es necesario el poder tener la capacidad de incluir una serie de variables que se interrelacionan con nosotros los hombres y una de estas variables lo es la lucha de clase. De aquí el que crea que nuestro activismo por la liberación femenina mas allá de ser antisexista, también debe de ser uno de carácter anticapitalista, teniendo la capacidad de entender las raíces y fundamentos históricos, sociales, políticos, religiosos, culturales y económicos del patriarcalismo. O sea, tengamos la capacidad de identificar prioridades como lo es el sexismo, pero sin menospreciar realidades como lo es la lucha de clases y sus estructuras sociales.

Quinto; En nuestra agenda de liberación femenina deberíamos comenzar con la clarificación de una serie de conceptos que estamos utilizando los cuales muchas veces los promovemos como sinónimos cuando en realidad no lo son. Por ejemplo, la violencia hacia las mujeres debe de ser clasificado como la violación a los derechos de géneros y no como violencia doméstica. Es cierto que la violencia hacia la mujer puede ser en un ambiente doméstico, pero también puede ser en otros lugares. Por otro lado, la violencia doméstica no debe de definirse únicamente como violencia hacia las mujeres. De aquí mi preferencia por el uso de la terminología violencia intrafamiliar ya que la misma demuestra con mayor exactitud que la misma puede ser ejercida contra las mujeres, los/as niños/as, los/as ancianos/as y también contra hombres. Por supuesto, este tipo de análisis no es con la intención de restarle importancia a la realidad de las estadísticas las cuales demuestran que en más del 90% de los casos reportados de violencia de parejas un hombre (esposo, ex-esposo, novio, amante, etc.) en una relación heterosexual es quien asesina a una mujer. Lo que estoy tratando es de complementar lo que le falta a esas estadísticas.

Sexto; Se hace necesario el que en nuestro activismo por una agenda de liberación femenina eliminemos el lenguaje que ratifica, promueve y bendice el modelo de relaciones heterosexista.

Reconozcamos no solo que es posible y normal la relación entre dos hombres o dos mujeres, sino también, que Dios es su creación diversa, creó a unas personas heterosexuales y a otras homosexuales. Y también admitamos entonces que las relaciones de opresión y explotación también existen en parejas del mismo sexo. Por lo tanto, este tipo de violencia puede ser de un hombre hacia otro hombre o de una mujer hacia otra mujer.

Por último, y no por menos importante, me parece que se hace necesario el que podamos articular discusiones serias en donde podamos discutir abiertamente sobre los supuestos retos morales que siguen desafiando a una agenda de liberación femenina. Me tomo la libertad de mencionar por lo menos tres de estos supuestos retos dizques morales: el aborto, la prostitución y el adulterio.

Por desgracia, muchas de las compañeras que representan estas realidades han sido excluidas de esta agenda de liberación femenina. ¿Por qué? Por lo tanto, rescatemos el verdadero significado del 8 de marzo en donde podamos crear una sociedad en donde la paz con justicia salga triunfante.

* Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
4 de marzo de 2005
lbarrios@jjay.cuny.edu