El Día, 24-04-2005

Represión franquista en La Palma

José Vicente González Bethencourt *

No se trata de hurgar tan profunda herida, sino de ayudar a cicatrizarla, porque mucho es el dolor que aún produce. Con el libro "República y represión franquista en La Palma", Alfredo Mederos colabora en la recuperación de la dignidad de unas personas que, sin conocerse en ellas delito alguno, fueron, sin embargo, asesinadas por el solo hecho de vivir en La Palma el 18 de julio de 1936 y durante la semana siguiente en que la isla mantuviera lealtad al Gobierno de la II República. El pasado miércoles, Santa Cruz de La Palma fue escenario de un acontecimiento que, una vez más, pero ahora sin miedo y con el solo afán de no olvidar a unas personas honorables, sigue conmocionando muchas conciencias. Quien fuera ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, presentó el libro desde la posición objetiva que da la distancia, enfatizando el ejemplo que significó aquella semana republicana en La Palma, con unas autoridades generosas con los que se sabía apoyaban el golpe militar, dispuestas a resolver pacíficamente tan difícil situación.

Luego, y no sólo en los años de la guerra, también durante mucho tiempo después, la cruel represión ejercida por los franquistas condenó a la isla a un silencio atroz, que era necesario romper, y para ello se recordó con nombres y apellidos a aquellas personas merecedoras del más encomiable respeto y homenaje. Alfredo Mederos, uno de los profesores que tuve la suerte de disfrutar en aquellos años de bachillerato en la Academia de Los Llanos de Aridane, palmero de Breña Alta, socialista de convicción, riguroso investigador, catedrático emérito de la Universidad de La Laguna, lo ha hecho posible. Allí estaban, con emoción contenida, pero con semblante pacífico, sin odio ni rencor alguno, los hijos y nietos de los asesinados, torturados, encarcelados, represaliados, desposeídos de la paz y libertad por la que tanto lucharon, por ser republicanos, comunistas, socialistas, anarquistas o masones, y en muchos casos, simplemente por nada, no habían cometido delito alguno.

Me decía la hija de uno de ellos que su padre, trabajador de la madera, fue acusado de ayudar con agua y alimentos a los huidos al monte. Detenido en su domicilio en la noche del 20 de enero de 1937, fue esposado, castigado y encerrado en el cuartel de San Francisco de la capital palmera. Luego, con doce detenidos más, entre ellos un hermano, fueron torturados, asesinados y enterrados en el Pinar de Fuencaliente, a unos cien metros por encima de la carretera, cerca de Montes de Luna, Mazo. Con los años se dio con el lugar, y hoy los familiares del grupo conocido por los trece de Fuencaliente lo pueden visitar. Pero queda pendiente, y para ello por quien proceda se debe hacer la gestión oportuna, la recuperación de los restos para una digna sepultura.

A este libro le seguirán otros trabajos de Alfredo Mederos sobre Tenerife, Gomera y El Hierro. Resulta muy duro leerlo, pero, como otros sobre la represión de la dictadura franquista, de lectura obligada para conocer y no repetir nuestra historia tan reciente. Impresionante las calamidades sufridas por cientos de palmeros, a pesar de que en La Palma, como en el resto de Canarias, no hubo guerra. Sí una injustificada y vil represión, en muchos casos por cuestiones personales o miserables, incluso económicas, y en general para aterrorizar a la población, mayoritariamente republicana. Ocho palmeros, por ejemplo, fueron asesinados en campos de concentración nazis. Decididamente se está acabando con tanto silencio impuesto incluso hasta el día de hoy.

* Senador por Tenerife y consejero del Cabildo PSC-PSOE