Rescatar los usos tradicionales contra el fuego

Jaime Llineares

La Orden del Cachorro Canario lamenta profundamente los incendios acaecidos en Gran Canaria, Tenerife y La Gomera y considera que nunca antes nuestro pa­trimonio natural se había visto tan seria­mente dañado. Según estimaciones de los técnicos vinculados a esta Asociación cultural, el fuego ha comprometido la continuidad de numerosas especies au­tóctonas, e incluso núcleos y colonias de plantas endémicas y rarezas catalogadas como tesoros botánicos de estas Islas. La Orden del Cachorro Canario esta con­vencida de que esta catástrofe pudo ha­berse evitado si se hubiera contado con los hombres y mujeres del campo para el diseño y planteamiento de las políticas medioambientales de Canarias.

Durante siglos los agricultores isleños han reali­zado espontáneamente tareas de limpie­za y conservación de los bosques, indis­pensables para el equilibrio y funciona­miento sostenible de los ecosistemas lo­cales. Sin embargo, hoy día esas labores y costumbres heredadas de nuestros an­tepasados se han visto desplazadas por una restrictiva y absurda política medioambiental que nos conduce al desas­tre más absoluto, como hemos visto en estos días. La Orden del Cachorro Cana­rio nació en 1991 con la finalidad esen­cial de "rescatar, vivir, transmitir y de­fender los signos de todo lo relacionado con la idiosincrasia canaria", como es el caso de nuestra tierra y de nuestros bos­ques, es por ello que ha visto con honda preocupación la desaparición de miles de hectáreas de la cubierta vegetal del Archipiélago tras los recientes incendios. En Gran Canaria un tercio de la masa fo­restal, correspondiente a las vertientes centro y suroeste de la isla, ha quedado calcinada, pero lo peor es que se ha pues­to en peligro la supervivencia de 30 endemismos de la flora y fauna autóctonas. La Asociación cree que dicha devasta­ción se ha producido, en buena medida, debido al abandono, e incluso a la persecución, de los usos y prácticas agrope­cuarias tradicionales. Los campesinos canarios han venido desarrollado, de manera altruista, innumerables funcio­nes que han contribuido a preservar y mantener el territorio libre del fuego, pe­ro, en cambio, fueron ignorados y arrin­conados a la hora de articular y planifi­car la protección del medio ambiente.

Para la Orden del Cachorro Canario es preciso rectificar esas políticas y precep­tos legales si queremos frenar el desba­rajuste y evitar perdidas aún mayores. En este sentido, aboga por recuperar, mientras todavía sea posible, el conjunto de técnicas y actividades ancestrales que han caracterizado a las faenas agrícolas de los campesinos isleños, las cuales han tenido una gran importancia en la pre­servación de nuestra biodiversidad. La citada Asociación no solo teme que si no se aplican estas practicas el fuego volve­rá a reaparecer y a reducir a la desnudez de la ceniza las especies endémicas que pueblan nuestros riscos y barrancos, si­no que estos usos pueden caer en el olvi­do y no podamos dejarlos en herencia a las generaciones futuras. La quema de cientos de hectáreas de pinares, palme­rales, cañaverales y numerosas comuni­dades arbóreas exclusivas de las Islas es razón más que suficiente, ajuicio de esta Orden, para plantear una revisión de la política medioambiental y someterla a debate social. Es absolutamente necesa­rio que el agricultor canario vuelva a asu­mir el rol de guardián y garante de nues­tra agrodiversidad y recursos filogenéticos. Nos encontramos en un momento crítico que nos obliga a retroceder ante una disparatada y errónea política de consecuencias incalculables.

Es urgente articular estrategias compatibles con los espacios protegidos, que promuevan el desarrollo rural y posibiliten la armoni­zación entre el aprovechamiento de los recursos y la conservación del medio na­tural, lo cual pasa por implicar de nuevo a los agricultores de las Islas en la pro­tección del entorno. En diciembre de 2005, la Orden del Cachorro Canario y la Dirección Académica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria celebra­ron una mesa de trabajo sobre la natura­leza canaria en la cual participaron nu­merosos jóvenes alumnos e intervinieron como ponentes, entre otros, Cristina Mo­lina Petit, Rafael Esparza, César Rodrí­guez, Eugenio Reyes y Francisco Cabre­ra. Las conclusiones adoptadas en el marco de dicha mesa se podrían sinteti­zar en lo siguiente: "En Canarias no se esta valorando la función que cumplen los espacios verdes en la absorción de los gases tóxicos, además de que el Archi­piélago no responde a las expectativas del Protocolo de Kyoto, sino que, al con­trario, las emisiones de CO2 que genera equivalen a las que corresponderían a una población de 17 millones de habitan­tes cuando, en realidad, aquí viven 2 mi­llones de personas". Al respecto, la cita­da mesa propuso ayudar de múltiples formas a los agricultores y ganaderos de las Islas para que cuiden de los campos y los preserven de accidentes e incendios, ya que son los mejores guardianes de nuestra naturaleza. Desde la Orden del Cachorro Canario hacemos un llama­miento a los responsables y autoridades medioambientales para que reaccionen ante la evidencia del fracaso de sus polí­ticas e impulsen, de forma inmediata, los cambios tendentes a evitar la reproduc­ción de los hechos que estamos lamen­tando. Desde esta plataforma defensora de las tradiciones que nos identifican con nuestra tierra canaria creemos que la al­ternativa no puede ir por otra vía que no sea la de devolver a nuestros campesinos el papel protagonista que les correspon­de en la conservación de nuestra querida y privilegiada naturaleza, y que haga po­sible la recuperación y rescate de ese co­nocimiento tradicional sobre la agrodi­versidad que sólo ellos atesoran.