Reservas de
oro y pensiones
Juan Manuel
García Ramos
No creo que la noticia haya tenido la trascendencia
que a nuestro entender merece, pero quizá todo se justifica por las fechas
vacacionales. Se trata de un comunicado emitido por el portavoz del Partido
Nacionalista Vasco en la comisión de Economía y Hacienda del Senado, Javier Maqueda, donde se nos viene a decir -mejor: a denunciar-
que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se deshizo en el mes de julio
pasado, a través del Banco de España, de 24,8 toneladas de las reservas de oro
nacionales con el objetivo de financiar la partida correspondiente al pago de
2.500 euros por cada niño recién nacido, esa suerte de joya de la corona
preelectoral exhibida por el presidente en cuestión.
Javier Maqueda, además de senador, es catedrático de
Comercialización e Investigación de Mercados en
Hace dos meses, Maqueda ya había censurado la
iniciativa de Pedro Solbes de jugar en Bolsa el
dinero acumulado de nuestras pensiones, iniciativa que según nuestras noticias
quedó suspendida.
Ahora Maqueda ha vuelto a criticar la política
financiera de un gobierno que promete atractivas medidas a los ciudadanos sin
prever de dónde sacará los fondos para hacerlas realidad y todo ello a base de
"trabajar a contracorriente, sin tiempo y sin ningún control".
Si todas esas acusaciones las hubiera vertido un senador del PP, acaso no nos
hubieran resultado tan llamativas, la confrontación permanente PSOE-PP en el
Estado muchas veces nos hace desconfiar de algunas de sus descalificaciones
recíprocas, pero ha sido el PNV, un partido que apoyó la investidura de
Rodríguez Zapatero, el que ahora enfrenta con rigor la política económica y
hacendística del ministro Pedro Solbes, y esto merece
una reflexión más serena.
¿Será verdad que están jugando con nuestro fondo de pensiones y lo usan
irresponsablemente para la promoción electoral sin más, como señala Javier Maqueda?
¿Tiene resistencia la economía española para financiar leyes como la de las
primas a los recién nacidos y las de dependencia? ¿Tiene resistencia el Estado
español para una exhibición tal de proteccionismo?
Hace muchos años que se viene hablando de la crisis de
Expertos como el sociólogo Manuel Castells llegan a afirmar que la situación se
ha vuelto insostenible y sólo se puede remediar a base de inmigración masiva:
"Los que protestan contra el número de inmigrantes en España deberían ser
conscientes de que es lo único que puede permitir evitar la quiebra de
Al parecer, se trata de buscar cotizantes debajo de
las piedras, ya sean los inmigrantes de nuestros días, ya sean esos próximos
niños nacidos con premio estatal de natalidad para sus padres. En ese sentido,
la medida gubernamental de invertir parte de la reserva de oro nacional en
aumentar la demografía no parece tan disparatada, aunque también es verdad que
suena mucho a improvisación, tal y como nos ha señalado el senador Javier Maqueda.
Suena a improvisación porque sólo se basa en aumentar la población sin asociar
este fenómeno natural a un modelo económico capaz de crear el empleo necesario.
El modelo de crecimiento económico español actual hace aguas por todos lados.
Desde el principio de este siglo se ha procurado atenuar una fórmula basada en
el consumo desmedido y en la actividad constructora. Algunos especialistas,
como Alberto Recarte, nos recuerdan cómo el mismo
PSOE intentó, en la controvertida campaña electoral de 2004, eliminar las
exenciones fiscales para la compra de vivienda por los particulares, pues
creían los socialistas que los altos precios alcanzados se debía a esas ayudas
fiscales. Hoy estamos en plena crisis en el ámbito de la construcción y en el
inmobiliario, no sabemos si por esas razones expuestas o por el alza de los
tipos de interés del dinero hipotecario. Todo parece una madeja endiabladamente
enredada.
En cualquiera de los casos, lo que se teme es qué va a ocurrir con el enorme empleo
creado en estos últimos años de crecimiento en el sector de la construcción
(donde los puestos de trabajo han pasado de 1’2 millones a 2’5 millones), con
el del propio sector inmobiliario (donde desempeñan su trabajo al menos un
millón de personas) y con los servicios derivados de esas actividades.
Según el propio Recarte, no sería imposible volver a
encontrarse con cuatro millones de desempleados, muchos de ellos mujeres y, con
toda probabilidad, con muchos más inmigrantes a los que, a corto y medio plazo,
sería difícil volver a integrar en el aparato productivo.
Lo que se ha quedado obsoleto en España es ese modelo económico de crecimiento
y si pensamos en una modernización de éste y contemplamos los lugares que ocupa
España entre los países inversores en Investigación y Desarrollo, no es
precisamente el optimismo lo que nos invade.
En un reciente ranking mundial, España quedaba situada en el puesto veinticinco
de los ochenta y dos países del mundo censados, a cuya cabeza se encontraba
Japón, Suiza y Estados Unidos. Un lugar que no se correspondía con la jerarquía
española entre los países más industrializados del planeta.
Algo falla en la economía española y lo que menos necesita son parches o
medidas temerarias. España está muy lejos de las reglas del juego de la nueva
economía. Aunque a algunos dirigentes de izquierda les cueste admitirlo, la
única forma de crecer hoy es mediante la globalización y la introducción de
políticas liberales. Luego ya vendrán los ajustes sociales según la ideología de
turno. No por repetido es menos cierto: lo que determina la economía actual,
hablemos en clave agrícola, industrial o de servicios, es que rentabilice el
conocimiento y la innovación.
Ese sería el debate económico a llevar a cabo y es ahí donde radica la acción
política. El reparto de la riqueza nunca ha dependido de la economía sino de la
sociedad y sus instituciones. Existe una acción política de grandes miras y
otra de miras de pan para hoy y hambre para mañana, como la que acaba de
denunciar Javier Maqueda en el comunicado que
comentamos al principio de estas líneas. Pura pirotecnia previa a una
aprobación de los presupuestos de 2008 más que conflictiva.