Riesgo volcánico bajo control

•EL DÍA, S/C de Tenerife

Aunque los efectos de las erupciones volcánicas pueden ser beneficiosos a largo plazo por lo que representan de aumento de la superficie de tierra firme, la creación de suelos fértiles para la agricultura o la posibilidad de aprovechamiento de la energía geotérmica, allí donde se producen próximas a la actividad y a la concentración de núcleos humanos pueden ser origen de daños.

Las características que definen a una catástrofe volcánica han puesto de manifiesto la necesidad de contar con sistemas de prevención eficaces en aquellas zonas, por otro lado bastante bien delimitadas, que pueden verse afectadas por este fenómeno, y ésta es precisamente la tarea que lleva a cabo el Plan de Actuación Coordinada de Protección Civil ante una posible erupción volcánica en Tenerife, organismo que está integrado por los tres niveles administrativos: Delegación del Gobierno en Canarias, Ejecutivo regional y Cabildo insular.

Desde la dirección del organismo se ha insistido esta semana en que la posición amarilla que indica el "semáforo volcánico" significa que la situación de alerta se mantiene invariable desde mayo, momento en el que fue activado, y, por lo tanto, reitera el llamamiento a la tranquilidad. Y aunque las probabilidades de que se produzca una erupción están cifradas actualmente en unos valores del 10 por ciento, los dirigentes del operativo han venido adoptando las medidas preventivas necesarias ante dicho riesgo.

Estas medidas consisten, principalmente, en la estimación de las consecuencias de una erupción; la confección de mapas de riesgo; la ordenación del territorio y de los sistemas de vigilancia de la actividad volcánica, además de la puesta en funcionamiento de los planes de emergencia específicos.

En este sentido, los sistemas de prevención presentan una jerarquía que encabeza el plan de evacuación, al que se añaden, por orden de importancia, el plan de abastecimiento, albergue y asistencia social, así como también el de actuación sobre el agente volcánico y el de coordinación informativa en situaciones de emergencia.

De hecho, el protocolo de actuación ante el riesgo de una hipotética erupción ya se ha puesto en marcha, y recientemente los técnicos han ultimado todos y cada uno de los detalles en lo que se refiere al operativo del plan de evacuación que, en este caso, se centra en dos amplias zonas. Por una parte, el área que integran los municipios de Icod, El Tanque y Garachico y, por otra, la formada por Santiago del Teide y Guía de Isora.

La inexistencia de un edificio volcánico definido y con actividad permanente, a la manera, por ejemplo, del Etna o del Pinatubo, además de la imposibilidad de predecir con certeza dónde y cómo podría producirse una hipotética erupción son las causas que, después de que se hayan establecido unos rigurosos criterios de prevención, han obligado a los responsables del plan a actuar sobre una superficie de mayor extensión.

De 28 a 32.000 personas

En ambos supuestos, el volumen de población que podría verse afectada oscila entre las 28.000 y las 32.000 personas, y el tiempo máximo para proceder a su desalojo completo se ha estimado en unos tres días, aproximadamente, desde el momento en que se ordene la puesta en marcha del operativo y hasta que se instale a los vecinos en aquellos lugares destinados para su acogida.

De manera paralela a las tareas de evacuación en la zona, el plan también contempla diferentes protocolos de actuación que se activarían de inmediato. Entre éstos quedan definidos los que tendrían como protagonistas a aquellos grupos de intervención que deberían actuar en materia de seguridad ciudadana y control de accesos, asegurando de esta manera la fluidez de las comunicaciones.

Asimismo, también se procedería al abastecimiento y control sanitario del agua, los alimentos y la ropa, a la distribución de mascarillas y de filtros entre la población, además de habilitar los centros hospitalarios para la asistencia médica necesaria.

De otra parte, y en cuanto a la intervención sobre el agente volcánico propiamente dicho, junto al reconocimiento y evaluación de la situación y de los posibles daños, las tareas básicas estarían orientadas a la metodología aplicable en la vigilancia y seguimiento del flujo de lava; la retirada de piroclastos de las cubiertas de las edificaciones y de las vías, así como de centros de comunicación terrestres, marítimos y aéreos que pudieran verse afectados, y la extinción de incendios.

Por último se articularían los procedimientos necesarios para informar a la población acerca de las características del riesgo volcánico, las medidas adoptadas y la planificación prevista.

La Isla se ha convertido en los últimos meses en un volcán de rumores sobre la posible erupción, unos comentarios que se han intensificado esta semana

• EL DÍA, S/C de Tenerife

Los movimientos sísmicos de origen volcánico que comenzaron a producirse en abril, así como la posterior decisión de poner en marcha un plan de vigilancia especial sobre el fenómeno, han motivado que a lo largo de los últimos meses hayan surgido todo tipo de hipótesis acerca de una posible erupción, algunas harto disparatadas. La rumorología no ha dejado de proliferar durante todo este tiempo y se ha incrementado en la última semana, sobre todo tras aumentar la cadencia de los seísmos.

Así, desde un primer momento se propagó un comentario entre buena parte de la población de la Isla según el cual el mismísimo Teide estaba a punto de protagonizar una erupción, extremo que ha sido prácticamente descartado por parte de los científicos, cuyas previsiones apuntan a otras zonas.

En algunos casos, la rumorología popular ha llegado incluso a establecer un punto concreto para tal fenómeno: nada menos que la Montaña de Taco, entre Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, una posibilidad que los investigadores jamás han planteado.

La concreción de los rumores ha alcanzado tal extremo que desde hace unos días circula de boca en boca la fecha exacta de la emanación de la lava: el 4 de octubre. Ni siquiera los más sofisticados instrumentos de medición utilizados en las investigaciones alcanzarían tal nivel de exactitud con tanto tiempo de antelación.

Esta suerte de psicosis ha llevado a que tanto los ayuntamientos como el Cabildo hayan recibido en las últimas semanas llamadas de todo tipo, en las que ciudadanos preocupados informaban de fenómenos tales como el repentino calentamiento del agua del mar.

Dichos rumores, unidos a una interpretación escasamente rigurosa de las informaciones periodísticas por parte de algunas emisoras de radio, llevaron a principios de la presente semana a que se propagara con mayor rapidez la creencia de que la erupción iba a ser inminente.

La situación alcanzó tal extremo que el presidente del Cabildo, Ricardo Melchior, se veía obligado el jueves a pedir públicamente tranquilidad y a rogar que no se haga caso de rumores y falsas alarmas.

No obstante, los comentarios de todo tipo continúan propagándose y no parece que tengan intención de desaparecer. La Isla se ha convertido en las últimas semanas en un permanente volcán de hipótesis populares.

 * Tomado de El Día, 12-9-04