ROMPIERON COALICIÓN CANARIA
NICOLÁS GUERRA AGUIAR
El nombramiento de una comisión gestora aprobado por el Consejo Político Nacional de CC no es más que la constatación oficial de algo que se veía venir. La retirada del sector llamado "crítico" (el de los señores Ramírez y Rodríguez) y que lleva a la escisión, echa por tierra definitivamente la gran esperanza de miles de canarios. Otra vez en la novísima democracia, ilusiones universalmente nacionalistas han sido cortadas de raíz, como si todo obedeciera a estrategias perfectamente planeadas desde concretos habitáculos del poder, ya se trate del económico o del político. Pero lo cierto es que una poderosísima maquinaria como fue Coalición Canaria está no sólo escindida sino -en apariencia- sin posibilidades de recuperar democráticamente la representatividad que ilusionó a una gran parte del pueblo canario.
Pero no fueron violentas actuaciones de la Naturaleza o casuales circunstancias las que tumbaron a esa coalición que llegó a tener en sus manos el monopolio del ejercicio político en Canarias. Detentación de poder -recordemos- del que hizo gala con mísero alarde en soberbios comportamientos y que llegó a obnubilar no sólo a quienes ejercían los cargos políticos sino, incluso, a muchos de los que antaño se presentaron como la encarnación humana de la ética.
Coalición Canaria llegó a ser el poder máximo, unas veces ayudada por hábiles (aunque nada éticos) pactos con quienes fuera necesario y otras coadyuvada por la propia incapacidad de formaciones políticas que no reaccionaron a tiempo, quizás por sus propias limitaciones o descomposiciones internas. Pero lo cierto es que durante diez años, aproximadamente, controló con férrea mano hasta los más elementales pensamientos que surgieran en Canarias, los cuales tuvieron que aparentar estructuras nacionalistas si querían ser considerados "de los nuestros", frente a todo lo que llegara de fuera de ella. El monopolio del poder omnímodo cegó y ofuscó preclaras mentes y desdibujó esperanzadoras ilusiones que sus palabras anteriores habían sembrado entre los votantes... tras un irrefrenable giro hacia posturas conservadoras. Coalición se convirtió en una muy poderosa empresa política con un claro axioma que, como tal, no necesita demostración: o se está conmigo o se está contra mí. Así de sencillo, pero también así de mezquino, antidemocrático y excluidor: si se pertenecía (Telde) a la asociación de la élite, las ventajas materiales se hacen inmediatas realidades. Pero si las siglas perdedoras definen a otros (Gáldar), las ausencias de ayudas y de realidades son el comportamiento definidor. Es decir, gobernaron los cargos de Coalición sólo para sus amigos y devotos, para los ayuntamientos afines ideológicamente (CC, PP), sin el más mínimo respeto a la variedad de pensamientos. Y sus gobernantes se olvidaron de lo humano.
Ahora bien: si fueron el poder en Canarias, si tuvieron en sus manos las únicas vías de comunicación con el dinero que llegaba a las arcas públicas, ¿a qué se debe esta escisión que conduce, inexorablemente, a su desaparición en Gran Canaria, ya se trate de la Coalición que permanece o del nuevo partido que los escindidos o expulsados quieren crear?
El limitado espacio reservado a un artículo no permite entrar en análisis pormenorizados ni en estudios detallados minuciosamente. Pero sí puedo esbozar planteamientos generales que expliquen, racionalmente, las causas de tal declive en sólo una década, la que Coalición empezó con el voto de censura en el Cabildo grancanario al PSOE tras el pacto con la más pura derecha del PP y llevó, también, al Gobierno de Canarias. Sin pudores o rigores éticos (e incluso estéticos), aquella supuesta izquierda nacionalista se asentó en los poderes políticos y económicos y no sólo no repudió el concierto a los cuatro años sino que repitió con el Partido Popular. Se encontraron a gusto los viejos progres, aunque eso significara la simple minucia de pisotear principios elementales que habían defendido ante sus votantes. Y es necesario recordar que hoy los señores Ramírez y Rodríguez (vicepresidente del Cabildo Insular y presidente del Gobierno de Canarias, respectivamente) son oposición porque no pudieron repetir los tratados con los populares o fueron engañados por sus propios correligionarios. De haberlos necesitado el PP o ATI, hoy seguirían silenciosos y ufanos en los coches oficiales.
Otros, los más astutos, hábiles, taimados, zorros y ladinos fueron perceptores del hundimiento y se definieron por el sector momentáneamente más fuerte, el del señor Mauricio: muchos cargos, largas listas de nominillas oficiales y prebendas están en juego en este mundo traidor. Y ante el fracaso ajeno, hoy se desprenden de aquellos hábitos de pensamientos que definieron maneras de ser y de actuar pero que ahora no son coincidentes con los intereses personales.
Todo lo anterior salta a la vista. El pueblo está aprendiendo porque fue su espalda la receptora de traiciones y flagelaciones. A Coalición Canaria en Gran Canaria no le quedarán más que las personas interesadas en los cargos. Tal como se ve en las votaciones, la frustración es inconmensurable. Pero no me alegraré de su hundimiento, muy al contrario, lamentaré la zozobra porque con ella también desaparecen honradas ilusiones populares. Y eso es, sencillamente, impúdica exhibición de lo que no se debe hacer en política.
* Artículo de Opinión publicado en el periódico LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas el 25 de Febrero de 2005.