Desde Canarias a
la Ancha Castilla
Wladimiro
Rodríguez Brito *
Estos días hemos tenido conocimiento de un documento
de la Dirección
General de Costas, en el que se plantea aplicar la ley hecha
para un continente a los territorios insulares. Dicha legislación ignora las
reglas de convivencia en un territorio limitado, accidentado y escaso, como
este archipiélago atlántico.
La rigidez en la
utilización indiscriminada de la cinta métrica en lugares como el Roque de las
Bodegas, Almáciga, Cho Vito o Benijo
para contar 100 metros
tierra adentro, como si estuviéramos en Alicante, Cádiz o Bilbao. Esta actitud
indica una vez más la ignorancia y desconsideración que -cíclicamente- ejerce
Madrid sobre los territorios de la ultraperiferia.
Hace 400 ó 500 años, los agricultores, pastores o pescadores levantaron sus
viviendas en la ladera norte de Anaga. Su única
preocupación consistía en los lugares que las rocas de las laderas y las olas
del mar les permitieran sobrevivir, y es en este marco, en el que tenemos
numerosos ejemplos de núcleos construidos a lo largo de toda la línea costera,
en especial en lugares inhóspitos para la agricultura, muchos de ellos sobre
coladas de lava recientes: Costa Brava, Playa San Juan, Alcalá, Las Aguas, en
San Juan de la Rambla,
y un largo etcétera.
No podemos
reivindicar otra cosa que la defensa de nuestras costas debe ser una prioridad
de todas las administraciones, en especial con el reciente y desmesurado avance
de la urbanización, el incremento de vertidos, afecciones a la flora y la
fauna, etc. Sin embargo, no podemos permitir que este rigor se materialice
desde Madrid sobre núcleos de población consolidados y de clase trabajadora.
Nos sorprende negativamente la alegría que manifiesta Costas al aludir a la
nulidad del PRUG de Anaga. Un documento que llevó
años de trabajo y esfuerzo de técnicos, vecinos y colectivos y que requirió un
amplio consenso y cesiones por todas las partes para lograr su aprobación. Este
plan proporcionó un marco legal que permitía a los vecinos del Parque Rural
mejorar sus viviendas, dignificarlas, garantizando una calidad de vida a la vez
que asegurando el respeto a la naturaleza y el valioso paisaje de Anaga. Estos vecinos y no la administración son los
principales responsables de que Anaga se haya
conservado como un tesoro de nuestro patrimonio natural hasta la actualidad.
Parece curioso que
las principales preocupaciones de Costas pasen por caseríos pobres, que apenas
han crecido en las últimas décadas, mientras que urbanizaciones suntuosas y chalets de lujo, en los que se puede pescar desde la
ventana del dormitorio, salen indemnes. ¿Por qué esta persecución hacia los más
desprotegidos? Asimismo, no deja de sorprender que en el Levante español, en
Benidorm, Torrevieja o Torremolinos, por citar sólo
tres casos, el deslinde de Costas ni se inmute ante gigantescos rascacielos en
primera línea de playa, con todo un continente a su espalda.
Ante esta situación
que juzgamos injusta, sería necesario que la Ley de Costas tuviera una cierta flexibilidad a
la hora de analizar casos singulares como los que tenemos en diferentes
enclaves de nuestra geografía insular. Sólo pedimos que se tengan en cuenta
nuestras peculiaridades geográficas y culturales para permitir a los ciudadanos
la convivencia con un territorio único que nada tiene que ver con la Ancha Castilla. En
este estado de cosas, que quita el sueño a muchas familias de recursos escasos,
es donde decimos con voz clara y firme que los vecinos que desarrollan su vida
a la sombra de los roques de Chinobre, Anambro y Las Ánimas, se merecen el apoyo y el aliento de
la administración, no el acoso. Las leyes están pensadas para proteger a los
ciudadanos y su patrimonio natural, no a la inversa, como está sucediendo en
este caso. Convertir este asunto en un problema de jueces y abogados es desviar
la atención. La responsabilidad es política, tanto a nivel de legislación como
en la gestión del territorio. En definitiva, sólo apoyamos la necesidad de una
mayor justicia social de la
Administración con los pobladores de esos caseríos que, por
mucho que se empeñe Costas, ya son asentamientos históricos. En ese sentido,
solo queda pedir una legislación más racional y coherente con el territorio y
la sociedad que pretende regular, no a cualquier precio, esperamos.
* Consejero del Área de Medio Ambiente y Paisaje del
Cabildo Insular de Tenerife