La ruta del almendro en flor

Wladimiro Rodríguez Brito

La ruta del almendro, en Santiago del Teide, es, sin lugar a dudas, uno de los recorridos más enriquecedores que se pueden realizar en la isla de Tenerife; en el mismo confluyen y se plasman sobre el territorio una larga serie de marcados contrastes físicos e importantes cambios socioeconómicos.

El marco físico está condicionado por los materiales antiguos del Macizo de Teno (8-10 millones de años) y las lavas hirvientes y recientes del Chinyero, de apenas 97 años (1909), apenas un suspiro en términos geológicos. En el plano social nos encontramos en un territorio en que la estructura de la propiedad ha estado concentrada en una sola familia, "dueña" de un señorío que se instaura en el siglo XVII, el Marquesado de San Andrés. Resulta curioso y triste a la vez que justo cuando Europa ya ha abandonado el feudalismo éste llega con fuerza a Tenerife. Este hecho significó una dura prueba para el pueblo de Santiago que durante muchos siglos -hasta hace muy poco- careció de la mayor parte de la propiedad de la tierra y se vio obligada a sobrevivir aprovechando las peores tierras del municipio, las ocupadas por las lavas del volcán, las más áridas y yermas. El itinerario del almendro también discurre por Los Baldíos, terrenos comunales que fueron cedidos en usufructo a los vecinos por el Ayuntamiento después de las Cortes de Cádiz, en 1812, para ofrecer una alternativa de subsistencia a estos campesinos, sometidos al régimen de Mayorazgo conviviendo en un corto espacio señores y vasallos.

El recorrido que hemos hecho este fin de semana más de 500 personas supone una lectura de un paisaje "congelado" en el tiempo. Desde el Valle de Arriba hasta Arguayo podemos atisbar entre los agrestes malpaíses el denodado esfuerzo y el avispado ingenio de un pueblo por hacer productiva una tierra casi imposible. Nuestra mirada se aventura entre los almendros en flor, las higueras, los pasiles para los higos, los amontonamientos de piedras (molledos), los muros para proteger los árboles de los animales sueltos, las galerías de agua y los canales, las eras, los corrales para encerrar los animales, la deforestación de los montes públicos en busca de tierras de cultivo en las cumbres, y alcanza las tierras cultivadas en la Montaña del Centeno y en la Montaña del Estrecho, a 1.400 m. de altura.

Asimismo, en el recorrido podemos contemplar cómo los frutales introducidos por los campesinos han tenido una capacidad de adaptación extraordinaria, por no hablar de su resistencia. Baste señalar que la mayoría carece de toda actividad agrícola en los últimos 35 años, es decir, que las higueras, almendros, perales, tuneras o damasqueros, etc. han resistido la agresión que han sufrido por plantas autóctonas (escobones, pinos, tabaibas, tasaigos, bejeques, etc.) que han ido invadiendo las tierras antaño labradas. Con dinero público se han limpiado y cuidado muchos de esos frutales, en especial, almendros e higueras. Divisamos también las reforestaciones realizadas en los 50 y 60 del pasado siglo en la Montaña del Estrecho o en la Zona de la Cruz de Tea y Mancha Cambada, que ponen de manifiesto cómo conviven la cultura agraria de Santiago del Teide, anterior a los alumbramientos de agua y al turismo, con la recuperación forestal en el paleopaisaje agrario que permitió la supervivencia de un pueblo castigado socialmente y maltratado por la naturaleza. Incluso las lavas del Chinyero recubrieron un amplio espacio en las tierras comunales de las que malvivían los vecinos de Santiago del Teide, aquellas que consiguieron una vez que las Cortes de Cádiz abolieron señoríos y vasallaje. Y es que este áspero sotavento tinerfeño presenta algunos de los mayores contrastes geológicos y paisajísticos, entre el Barranco del Sauce y Araza y los malpaíses del vulcanismo histórico más reciente.

Por otra parte, los cambios recientes en este Municipio han sido de los más dinámicos de la Isla, pues con los alumbramientos de agua en la década de los cincuenta se pasó, en un corto período de tiempo, de la pobreza del secano al regadío para, a posteriori incorporarse a la actividad turística que es la ruptura definitiva, transformando paisajes, costumbres, sociedad y economía en este territorio. Por fin, se logró romper con el medioevo y el vasallaje imperante hasta bien entrado el siglo XX, se acabó con la pobreza secular y con la falta de esperanza de un futuro mejor para los hijos de los campesinos

Estas son algunas de las razones que justifican que -por noveno año consecutivo- este primer fin de semana de febrero finalicemos la Ruta del Almendro en el Centro Cultural de Arguayo, un oasis sociocultural donde perviven retazos aborígenes en la cultura de la cerámicas y un amplio recordatorio de los tiempos difíciles, como pone de manifiesto el Museo de Doña Domitila. El Roque de Arguayo es el último afloramiento del Macizo de Teno hacia el este, abundante en arcilla. Hacia el suroeste va a quedar todo sepultado por los malpaíses que desde Pico Viejo (Bense, en lengua aborigen) cubren gran parte de los municipios de Santiago del Teide y Guía de Isora hasta Chirche. Estamos en un rincón singular de esta isla en el que confluyen multitud de aspectos físicos e históricos, heredados de una rica cultura de agricultores y pastores.

No quiero terminar este artículo sin expresar mi más sincero agradecimiento y un sentido reconocimiento público por el compromiso demostrado a lo largo de tantos años por el Ayuntamiento de Santiago del Teide a favor del patrimonio rural de Tenerife, por su esfuerzo real por conservar sus vestigios, las eras, los hornos, la alfarería, etc.; por su interés en reivindicar la memoria de los hombres y mujeres de antaño, los anónimos campesinos que no salen en ningún libro de historia pero que fueron capaces de sacar a sus familias adelante. En esa oscura labor no puede faltar un emocionado recuerdo a Pancracio Socas, que nos abandonó hace muy poco tiempo y cuyo trabajo ha sido continuado por el actual alcalde, Juan Gorrín, y por la concejala, María Candelaria, que, desde hace ya 9 años vienen organizando una cita tradicional con nuestra herencia cultural, la ruta del Almendro. Tampoco nos olvidamos de la Asociación Los Poleos, con la que compartimos el interés y el esfuerzo por recuperar los frutales de secano del sotavento tinerfeño y toda la riqueza histórica del agro de la zona, de la Asociación El Cardón, que guía a los centenares de caminantes, al personal de Medio Ambiente o a los voluntarios de las diferentes asociaciones que garantizan su seguridad y la organización del evento. Enhorabuena a todos.

* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife.