El camino de Candelaria
Wladimiro Rodríguez Brito
A
yer sábado, 29-01-05, por vez primera, coincidiendo con la fecha tradicional de celebración del día de Candelaria, hemos promocionado y organizado desde el Área de Medio Ambiente y Paisaje, los ayuntamientos, la Federación Canaria de Montañismo y la Oficina del Voluntariado Ambiental, la realización de la peregrinación por el Camino Viejo, desde Tegueste hasta la Basílica, guiados por cualificados montañeros voluntarios, con la misión de conducir a la vez que enseñar a los caminantes los valores naturales y culturales que se encuentran tanto a los lados como en el propio camino.Y es que cada una de las piedras que quedan en ese camino real es parte de nuestra herencia histórica como sociedad, en la misma dimensión que un edificio antiguo, una calle de un casco histórico o los contenidos de un museo. Es por lo que se le ha reconocido recientemente a este itinerario su incoación como bien de interés cultural, gracias sobre todo a la iniciativa de destacados montañeros, como Miguel Pérez Carballo, que participan en estas iniciativas de manera desinteresada y en beneficio de toda la sociedad, a la que tratamos de implicar para que conozca este camino y sus valores, como mejor vía, tal vez la única, para conservarlo. Esta ruta, trillada millones de veces por sucesivas generaciones de canarios a lo largo de casi cinco siglos, enlaza dos "islas" contrapuestas en sus paisajes, la isla húmeda del barlovento insular, la isla del trigo, de las papas y las vacas, enfrentada con la isla seca del sotavento, la isla de las pencas, de los almendros e higueras, de las cabras, pero extraordinariamente rica en aguas subterráneas, que, con el devenir del tiempo permitirían la irrigación y, por ende, la bonanza económica y productividad del noreste tinerfeño, desde Valle Guerra, Punta de Hidalgo hasta Añaza.
Los caseríos de Igueste de Candelaria o de Barranco Hondo representan dos pequeños oasis en el sotavento de la isla, vinculados también a la historia del agua y sus aprovechamientos. El camino supone una lección sobre el terreno de la íntima relación que siempre ha existido entre el tinerfeño y el agua y que demuestra que no sólo ha habido especulación sino también esfuerzo, sacrificio y el trabajo de miles de anónimos trabajadores, que hizo posible hace muchos años que las ciudades pudieran tener agua o que los campos pudieran ser cultivados, de esta manera evolucionamos y progresamos, de una isla de secano a otra de regadío y exportadora de alimentos.
Es por ello que el camino de Candelaria es un libro abierto sobre la cultura del sacrificio y el trabajo del isleño en su lucha por hacer fértil un espacio agreste y con un clima impredecible, que no da ninguna facilidad. Tenemos los primeros canales que llevaron el agua desde las galerías de Araca, Chacorche, Achacay, Chajarche, Arepo, Mocanes, Chinabargo, entre otras, por los canales de Araca, primero, y por el del Río-Portezuelo, y otros que profundizan en el aledaño Valle de Güímar, con los canales de Araya y Güí-mar-Santa Cruz. Desde esta comarca del sureste insular se insufló el preciado y vital elemento para las zonas pobladas, para la refinería instalada en 1929, y para los cultivos de algodón, tabaco, caña de azúcar, en un primer momento, para ser luego complementados por los tomates y el plátano. Es entonces cuando la ciudad de Santa Cruz deja de depender del escaso suministro aportado por la Galería de Catalanes y por los Barrancos de Tahodio y Santos. El aumento del abastecimiento del agua permite a la ciudad crecer y expandirse, con todo lo que ello conlleva. Valle Guerra y Tejina se convirtieron en la zona tomatera más importante de Tenerife, pasando de la cultura del aljibe a la del regadío.
Mientras recorremos el camino de Candelaria, cortaremos algunos de estos canales, hoy abandonados en su mayoría por el agotamiento del acuífero por la sobreexplotación (la galería de Araca, con más de 1.000 pipas / hora, hoy se encuentra completamente seca), constituyendo una lección de cómo tenemos que respetar la naturaleza y que merecen un profundo respeto por el esfuerzo realizado para poder construirlos, por el enorme sacrificio del anónimo campesino que sudó sangre y lágrimas para colgar de los riscos un río de vida y prosperidad para otras tierras que carecían de este preciado recurso.
El Área de Medio Ambiente del Cabildo Insular de Tenerife, más allá de las motivaciones religiosas conferidas a Candelaria, auspicia y anima a todos los canarios para que recorran esta ruta como tributo sencillo a las personas que se dejaron la piel para legarnos un futuro mejor. Esa creemos que es la mejor y más provechosa enseñanza que podemos obtener del recorrido. En ese sentido, la masiva peregrinación que sucede cada año en agosto, por la carretera u otros itinerarios, apenas aporta nada a los que la realizan, que no dedican un minuto a reflexionar sobre el suelo que pisan, sobre los árboles que le dan sombra o su relación con el medio o con las gentes que le han precedido. Es nuestra intención que esta conmemoración festiva sirva para concienciar y educar a todas las personas, a las que consigamos convencer, para que dediquen unas horas de su tiempo libre a volver a caminar por la tierra que tanto esfuerzo costó a sus antepasados conservar y hacer productiva.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife