DESDE EL GUINIGUADA

 

LA MONTAÑA SAGRADA DE TINDAYA

Félix M. Arencibia

 

Bajo la siesta del tórrido verano tardío, Bencomo, el viejo profesor nunca retirado, evoca su estancia el pasado verano en el pago de Tindaya. Disfruta rememorando aquellas noches en que la telúrica pirámide sagrada de la Montaña de Tindaya establece un contraste con el magnetismo de la rellena cara de la luna. ¡Es algo maravilloso lo que supone su silueta sobre la llanura y el cielo alumbrados por nuestro satélite! Trata de imaginarse lo que supuso para los primeros canarios aquel santuario sobre el que estamparon más de 200 huellas podomorfas, desde el que adoraron a Magec (el sol) y a Yur (la luna) y a otros monumentos naturales del Archipiélago. La Montaña de Tindaya la convirtieron en su templo donde incluso construyeron sus enterramientos en forma de túmulos. Posteriormente a la conquista siguió siendo un lugar de leyendas, misterios brujas…

 

En sus paseos matutinos por los alrededores de Tindaya, fue testigo de la riqueza de su flora y fauna. Así disfrutó con joyas endémicas de Canarias y otras de la Macaronésica como la “cuernúa”, el “jorjado” o las Tamarix Canariensis, echium bonnetii… Además pudo contemplar el ágil  vuelo de “la aguililla” que convive con el afanoso cuervo. De otras especies como el Halcón de berbería y “el guirre” que están en peligro de extinción… ¡Se trata de auténtico paraíso en un paisaje lunar! Tan importantes son sus valores arqueológicos, etnográficos y naturalistas que el propio Parlamento Canario la declaró “Bien de interés Cultural”. 

 

A pesar de los méritos enumerados a Bencomo le entristece ese famoso proyecto monumental de la Montaña de Tindaya que se le encargó al artista vasco Eduardo Chillida. Se trata de vaciar parcialmente la montaña, según cuentan para contemplar el sol y la luna desde ella. ¡Qué mejor visión que contemplar ambos cuerpos celestes con su perfil presidiéndola! Si lo que se pretende es el reclamo turístico no ve razón suficiente para no respetar dicho monumento natural. Deduce que los valores etnográficos, arqueológicos y naturalistas bien conservados, resaltados y publicitados podrían  por sí solos un excelente atractivo para canarios y turista.

 

Otra cosas es que se quiera horadar la montaña interiormente. Eso no se le hubiese permitido hacer a Chillida en cualquier montaña de la verde y bella Euskadi. Con el proyecto de Tindaya se abre la veda para construir en el Roque Nublo, Teide, Taburiente... como exponen los ecologistas de ATAN en su página web. Bencomo apoya a Ben Magec y demás grupos a los que parece se quiere silenciar.  Mientras, saborea los versos de nuestro poeta Domingo Rivero: “Sobre estos campos que abrazó el aliento / del volcán, ha pasado la serena / paz de los siglos que el ambiente llena…”

 

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─“Tan importantes son sus valores arqueológicos, etnográficos y naturalistas que el propio Parlamento Canario la declaró “Bien de interés Cultural”.