Bajo la siesta del tórrido
verano tardío, Bencomo, el viejo profesor nunca retirado, evoca su estancia el
pasado verano en el pago de Tindaya. Disfruta rememorando aquellas noches en que
la telúrica pirámide sagrada de la Montaña de Tindaya establece un contraste
con el magnetismo de la rellena cara de la luna. ¡Es algo maravilloso lo que
supone su silueta sobre la llanura y el cielo alumbrados por nuestro satélite!
Trata de imaginarse lo que supuso para los primeros canarios aquel santuario
sobre el que estamparon más de 200 huellas podomorfas, desde el que adoraron a
Magec (el sol) y a Yur (la luna) y a otros monumentos naturales del
Archipiélago. La Montaña de Tindaya la convirtieron en su templo donde incluso
construyeron sus enterramientos en forma de túmulos. Posteriormente a la
conquista siguió siendo un lugar de leyendas, misterios brujas…
En sus paseos matutinos por
los alrededores de Tindaya, fue testigo de la riqueza de su flora y fauna. Así
disfrutó con joyas endémicas de Canarias y otras de la Macaronésica como la
“cuernúa”, el “jorjado” o las Tamarix
Canariensis, echium bonnetii… Además pudo contemplar el ágil vuelo de “la aguililla” que convive con el
afanoso cuervo. De otras especies como el Halcón de berbería y “el guirre” que
están en peligro de extinción… ¡Se trata de auténtico paraíso en un paisaje
lunar! Tan importantes son sus valores arqueológicos, etnográficos y
naturalistas que el propio Parlamento Canario la declaró “Bien de interés
Cultural”.
A pesar de los méritos
enumerados a Bencomo le entristece ese famoso proyecto monumental de la Montaña
de Tindaya que se le encargó al artista vasco Eduardo Chillida. Se trata de vaciar parcialmente la montaña, según
cuentan para contemplar el sol y la luna desde ella. ¡Qué mejor visión que
contemplar ambos cuerpos celestes con su perfil presidiéndola! Si lo que se
pretende es el reclamo turístico no ve razón suficiente para no respetar dicho
monumento natural. Deduce que los valores etnográficos, arqueológicos y
naturalistas bien conservados, resaltados y publicitados podrían por sí solos un excelente atractivo para
canarios y turista.
Otra cosas es que se quiera
horadar la montaña interiormente. Eso no se le hubiese permitido hacer a
Chillida en cualquier montaña de la verde y bella Euskadi. Con el proyecto de
Tindaya se abre la veda para construir en el Roque Nublo, Teide, Taburiente...
como exponen los ecologistas de ATAN en su página web. Bencomo apoya a Ben
Magec y demás grupos a los que parece se quiere silenciar. Mientras, saborea los versos de nuestro
poeta Domingo Rivero: “Sobre estos
campos que abrazó el aliento / del volcán, ha pasado la serena / paz de los
siglos que el ambiente llena…”
http://doramas1924.blogspot.com
─“Tan importantes son sus valores arqueológicos, etnográficos y naturalistas que el propio Parlamento Canario la declaró “Bien de interés Cultural”.