CRONICAS METROPOLITANAS
Sáhara, más de lo mismo
Federico Echanove
Lo intuíamos, pero hasta el sábado [25-03-06] no habíamos tenido una confirmación tan palpable. Mohamed VI no sólo quiere quedarse con lo que, al igual que Canarias, nunca fue ni suyo ni de sus antecesores en el sultanato, sino que continuar allí en situación de fuera de juego a los ojos de la ONU tampoco le importa lo más mínimo. Y no sólo se pasa, como su padre, las resoluciones internacionales por el Arco de Triunfo, sino que tampoco tiene demasiado interés en intentar que alguna vez la ONU dé un barniz de legalidad a las iniquidades perpetradas en el pasado. Sabíamos que el temor al fracaso en el referéndum de autodeterminación que el organismo internacional viene demandando desde los años sesenta podía más que el oprobio del latrocinio que pesará para siempre el ‘Majzen’ hasta que no reconozca el gravísimo error cometido en 1975. Sabíamos que prefería el deshonor al respeto ajeno; que ha elegido ejercer el poder imponiendo el miedo a sus súbditos, aunque aterrorizado en el fondo de su alma por el inmenso temor a que aquéllos se le rebelen, porque el recuerdo de sucesos como los que vivió siendo niño en el Palacio de Sjirat es muy poderoso.
Pero muchos creíamos que su intención era volver a intentar hacer pasar ante la ONU en abril su tan cacareado proyecto de autonomía. Siempre ha contado para ello con el entusiasta respaldo de Francia y, como ha recordado Ignacio Cembrero en un libro imprescindible, ‘Vecinos Alejados’, desde el 14-M en España hay un Gobierno absolutamente sumiso a sus designios y arrodillado a sus pies, que en sus declaraciones públicas desconoce el Derecho Internacional. Pero aunque Zapatero, Chirac y Moratinos estén más que dispuestos a ayudarle convertir treinta años de resoluciones de la ONU en papel mojado, a que la España democrática se bajase los pantalones ante él una vez más y completase la traición iniciada en el tardofanquismo, debe ser que no lo tiene todo atado y bien atado y que, en su fuero interno, sabe que la ONU no puede ignorar la doctrina que ha aplicado en todos los procesos de descolonización y negar a los saharauis el derecho de autodeterminación. Y a fin de cuentas a él y a su padre siempre les ha importado un pito lo que dijera la ONU. ¿Cuándo pensó él en cumplir con el ‘Plan Baker’, aunque hubiese sido aprobado por unanimidad? Desde el mismo momento en que en julio de 2003 se aprobó por el Consejo de Seguridad, empezaron las negativas, y eso que, con el censo ampliado, Marruecos tenía todas las de ganar si confiara en sus propios connacionales. ¿Y cuándo pensó su padre en cumplir con el dictamen del Tribunal Internacional de La Haya si le era desfavorable a pesar de ser él mismo el que lo había pedido? La petición del dictamen, en 1974 y poco después de lo de Sjirat, era indispensable para evitar que España celebrara su referéndum y retardar el proceso. Lo que dijera iba a ser lo de menos, y qué más daba que en sus conclusiones dejara claro que no estaban acreditados ningún tipo de vínculos de soberanía territorial si la decisión ya estaba tomada. Kissinguer ya había dado luz verde a la pantomima de la ‘Marcha Verde’ y a la invasión terrestre por el interior, igual que los saudíes y Giscard D’Estaing, por no hablar de las operaciones del ‘verano caliente’.
Pues no, parece que Mohamed VI ni siquiera va a tener preparado en abril en la ONU el simulacro de autonomía del que tanto habían alardeado algunos. Marruecos va seguir con su política de hechos consumados y encima el comendador de los creyentes pretenderá quedar bien ante el respetable indultando a los que encarceló sin otro motivo que reclamar que se cumpla con la legalidad internacional. Los mismos que, según un informe del Consejo General de la Abogacía presentado esta semana en Madrid, fueron objeto de un simulacro de juicio sin otra intención que la de dar un escarmiento a la población del territorio. Las vistas no cumplieron con los requisitos mínimos de un país civilizado, y de ello puede dar fe la abogada grancanaria Inés Miranda, porque afortunadamente en nuestras Islas ser progresista no equivale a ser en todo como Jerónimo Saavedra. El abierto desafío a la ONU de Mohamed VI debería tener en Canarias algún tipo de respuesta si nuestra clase política fuera digna de tal nombre.
Fuente:
Poemario por un Sahara Libre