DESDE EL GUINIGUADA

SAHARA, UN SUEÑO TRAICIONADO

Félix M. Arencibia

Sueña Gara Sánchez, nuestra trabajadora social, con las arenas doradas encendidas por el sol de la tarde en los relatos que le hacía su abuelo sobre el Sahara. Él había tenido un negocio en la ex-colonia española y le contaba las maravillosas puestas de sol sobre las dunas del desierto. Piensa que los canarios debemos al Sahara Occidental bastante: "Nos vamos a la Costa", decían nuestros pescadores; también muchos de nuestros padres y abuelos prosperaron allí con sus comercios y su trabajo. Todo ello lo perdieron cuando España abandonó su provincia y la dejó en manos de la administración marroquí. Hace más de un cuarto de siglo que sucedieron estos hechos y no ha habido más que promesas incumplidas por parte de la administración española.

Todo este conflicto no se hubiese dado si la ex-colonia sólo fuera un conglomerado de unas dunas de arena. Ha habido algo más en juego para que se haya trazado ese costoso muro que se ha puesto para evitar las incursiones saharauis. Fue levantado con la colaboración y ayuda norteamericana y de otras potencias europeas. Todo ese dispendio resulta injusto cuando el noble pueblo marroquí anda con tantas dificultades económicas. Recuerda Gara su visita a Marruecos hace un par de años, lo interesante que le resultó, la cordialidad de su gente, sus tradiciones bereberes que entroncan con nuestras raíces. Sí, fue agradable, aunque percibió también cómo el desarrollo arrasa con sus costumbres más sanas y cómo muchos marroquíes viven con carencias impropias de estos tiempos.

Piensa Gara, que tanto el pueblo marroquí como el saharaui y el canario son por vecindad e historia pueblos fraternos que deben convivir en armonía. Son las apetencias de las grandes potencias por el fosfato, las bolsas de petróleo y las estrategias imperialistas las que han avivando este conflicto. Han tratando que este pueblo hermano se canse y acceda a perder su soberanía. Están llevándolo a la lucha fratricida con el pueblo marroquí. Los canarios y los españoles, que se han beneficiado con los recursos del Sahara, le quieren pagar con la traición. Políticos canarios y empresarios se están prestando a ese juego infame. La compañía Binter organiza viajes turísticos a un territorio ocupado y donde los derechos humanos son vulnerados.

Algunos defensores la soberanía de Canarias no hacen lo mismo con el Sahara. Las mismas justificaciones que ahora ellos arguyen para negársela, piensa Gara, las utilizarán contra ellos. Nos conviene mantener la amistad con ambos pueblos vecinos. Gara Sánchez vuelve a trasladarse a las dunas bañadas por el sol, mientras recuerda los versos del poemario "Vuelos de palmera": "Calima, tierra sahariana / que nos entronca al ombligo /de nuestro más remoto pasado, / a la raíz de nuestro origen bereber…".