SAHARA

Teodoro Santana

Lo sarcástico del asunto es que los saharauis tenían carné de identidad español. Como nosotros. El Sahara formaba parte indivisible de la unidad de España. De donde se deduce que la unidad de España se estira y se encoge según va la feria. Indivisible, pero menos, digamos. Ya pasó con Filipinas y Cuba. Y antes con el resto de América.

Lo que no tiene maldita gracia es que, en derecho, España es aún la potencia administradora del territorio. Que, desde el punto de vista legal, ha entregado la vida, los bienes y la hacienda de doscientos mil ciudadanos legalmente españoles al capricho y el saqueo de una potencia extranjera. No vean la de promesas que se les hicieron a los saharauis, incluso cuando ya estaba en marcha la más vergonzosa retirada del ejército español.

Los canarios deberíamos recordar aquel viejo proverbio castellano que dice que "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pongas las tuyas a remojar". Como para enmarcar el DNI español. Para que la cosa no quede ahí, Marruecos es un aliado preferente de los Estados Unidos (por cierto, también de la OTAN). Los gringos ven a la tiranía marroquí como un freno al avance del radicalismo islámico y un fiel esbirro entre los países musulmanes. Pero, sobre todo, como el más fiable propietario del petróleo canario-saharaui-marroquí.

No en vano los EE.UU. están lanzados a acaparar todas las reservas mundiales de petróleo y gas que puedan, antes de que se agoten estos recursos fósiles. Por eso ya hay un contrato de Marruecos con un consorcio de multinacionales norteamericanas sobre ese petróleo. Por eso hay una megabase militar en Tan-Tan. Por eso, EE.UU. apoyará a Marruecos ante cualquier conflicto con otro país "menor". Ya pasó con el islote de Perejil, obligando al final a España a abandonar lo que, al menos legalmente, es parte de su territorio nacional. Sumen también la política expansionista de la monarquía marroquí en la zona.

Y por eso, precisamente, la vida de los saharauis no vale nada. Y la de los canarios, paisanos, lo mismo.