Canarias,
una sanidad en crisis
Román
Rodríguez (*)
Las informaciones que diariamente recogen
los medios de comunicación de las Islas y los propios análisis sociológicos
apuntan a que el servicio público sanitario vive en Canarias una situación de
seria y preocupante crisis. Una crisis que se produce cuando, al margen de
algunas disfunciones que comentaré más adelante, la sanidad cuenta con más
recursos económicos que nunca. Algo está fallando, sin duda, en uno de los
grandes servicios públicos para que esto sea así.
Hace apenas doce años que nuestro Archipiélago asumió las competencias
sanitarias, proceso que tuve el honor de dirigir con la creación del Servicio
Canario de Salud (SCS). Fue, sin duda, un momento de inflexión para la sanidad
canaria, que permitió un extraordinario crecimiento en infraestructuras en
todos los territorios, tanto en centros de salud como en hospitales, así como
en recursos humanos, capitalizando un sistema que el poder central había
abandonado secularmente. Esto nos permitió situarnos en la media estatal en la
atención que reciben los ciudadanos y las ciudadanas, partiendo de una
situación de enorme retraso.
Sé que al hablar de sanidad lo estamos haciendo de un servicio complejo,
dinámico y con dificultades para su gestión en cualquier lugar del mundo. Un
servicio que siempre plantea nuevas exigencias, sometido a los rápidos cambios
tecnológicos y al mayor consumo de recursos conforme se incrementa la esperanza
de vida, producto de nuestro mayor nivel de desarrollo. Y un servicio, también,
que puede ser regular, bien o mal gestionado.
Si analizamos las condiciones globales de la sanidad canaria, podemos señalar
que dispone de adecuadas infraestructuras (con algunas disfunciones en algunas
islas, las que han crecido más en población en el último período), de buenos
profesionales en los diversos niveles asistenciales y del mayor volumen
presupuestario de su historia.
Falta de profesionales. Es cierto que hay problemas,
como la falta de profesionales en el sector, que vienen de lejos, y que son
comunes al conjunto del sistema sanitario español. En los años ochenta,
formando parte de la dirección del colectivo de médicos en desempleo a nivel
estatal, fuimos muy críticos con las decisiones adoptadas en materia de
formación por parte de los distintos gobiernos del PSOE, que con sus
restricciones apuntaban erróneamente a un futuro en que sobrarían los médicos
en España. Fruto de aquella disparatada planificación hoy nos vemos obligados a
importarlos de América Latina o de Europa del Este. Hay que ser conscientes de
que para formar a un médico se necesitan diez años y aunque hoy se tomaran
decisiones, como la eliminación del numerus
clausus, sus efectos no se verían hasta dentro
de más de una década.
Pero no son estos los únicos problemas que afectan a la sanidad canaria.
Asistimos a otras circunstancias preocupantes, como la inestabilidad de los
equipos directivos o la negativa de los profesionales a asumir funciones
directivas en los centros de salud. Circunstancias que apuntan a la falta de
liderazgo en
Además, la política de desequilibrios también ha afectado a sanidad, tanto en
gastos corrientes como en inversiones, con los interminables retrasos para
poner en marcha el hospital militar, la segunda fase del hospital insular -que
aún no han sido capaces de concluir y poner en funcionamiento-, así como el
retraso en el plan director del Materno Infantil. Asimismo, los avances
comprometidos en salud mental han quedado completamente paralizados.
Ante los problemas del sector,
Lo del impacto demográfico es, como mucho, una verdad a medias. Hay islas, como
Fuerteventura y Lanzarote, que han aumentado su población de forma
espectacular, y ello tiene sus consecuencias. Pero, ¿cómo se explica que en
Desde Nueva Canarias estamos convencidos de que esta grave crisis puede ser
reconducida. Contamos, afortunadamente, con buenos mimbres: una red asistencial
moderna, unos profesionales preparados y unos recursos suficientes, aunque
siempre mejorables. Falta, sin embargo, la imprescindible dirección, en el camino,
como decíamos en nuestro primer congreso, de colocar el derecho a la salud como
una prioridad de la acción del Gobierno y exigir que la política sanitaria
abandone el papel secundario que hoy se le atribuye al priorizar otras
políticas de dudoso interés general.
(*) Román Rodríguez es diputado y presidente de Nueva
Canarias.
Fuente: Diario de Avisos