“SASTRERÍA”
ABORIGEN
Por Miguel Leal Cruz
En este polémico apartado del debate histórico (al igual
que en otras muchas culturas universales) se pretenden crear cánones fijos para
determinar aspectos antropológicos y (en este caso) sociales como es la
vestimenta que usaban nuestros antepasados; y así caer en el conocido tópico de
afirmar (referido a estas Islas Atlánticas) que sólo usaban los llamados “tamarcos” de cuero, más o menos pulido, de ovejas o cabras,
como prenda más habitual (según parece tanto en mar como en montaña). En
consecuencia analizamos este aspecto de la “sastrería” aborigen, en algunas de
las varias etapas cronológicas. La relación entre cuantificación del hecho
desde su cronología paralela.
Aquí en Tenerife, si nos acercamos la localidad de
Candelaria y a
Pero, al igual que otra magnífica escultura de Tinguaro en
Por tanto se acude a
En cuanto al entorno cultural próximo, se sabe de
notables imperios en las próximas costas africanas, Niger,
Ghana, que en sus correrías marinas frecuentarían estas islas abundantes en
aguas y recursos. La antigua ciudad de Tombuctú es un claro referente de lo que
se pretende, científicamente; mantuvo relación con otros imperios africanos y
con los sultanes a través del desierto (o por navegación de cabotaje en la ruta
de estas Islas). Dice un proverbio árabe: El oro viene del sur, la sal y el
dinero del país del hombre blanco, pero los cuentos maravillosos y la palabra
de dios sólo se encuentran en Tombuctú.
El libro más leído de la literatura árabe es “Las Mil
y Una Noches” (amplia recopilación de historias árabes noveladas) y alude en
varios pasajes a estas Islas Canarias (No mencionamos ahora las expediciones de
Necao o Hamnon
circunvalando África antes de nuestra Era).
Más que probables contactos de marineros, comerciantes
o pescadores de zonas del Oeste Ibérico (Tartesos),
Bretaña, Inglaterra y países del Báltico (los famosos normandos en su primera
época) sin descartar los navíos comerciales de
En esta relación más o menos cordial, los aborígenes
adoptarían la superior cultura de los visitantes: la vestimenta por razones
obvias, al menos en determinado sector poblacional (se conocen dos grandes
castas aborígenes muy diferenciadas en poder económico o social). Por tanto es
absurdo vestir, por sistema, a nuestros antepasados prehispánicos de esa guisa
tan poco rigurosa. Se insiste, por permuta, compra, sustracción, hallazgo,
conquista u otros motivos, adoptarían, al menos, las ropas que usaban aquellos.
Esto es lo normal y de sentido común (el investigador palmero Paéz los viste decentemente en el Museo llanense)
Lo otro es ganas de menoscabar la capacidad de un pueblo que combatió durante
siglos, no sólo a los normandos o castellanos por cien años, sino a aquellos
otros pueblos con los que intercambió dicha cultura, el comercio o cualquier
otra relación social del momento desde tiempos pretéritos. ¿Por
qué los romanos en su constante expansión imperial por 7-8 siglos colocaron “un
limes” marítimo frente a Canarias, ¡más misterioso aún! ¿Tal vez por temor a
algo, al igual que el norte de Gran Bretaña (el muro de Trajano), o el de
Germania? Las islas sí estaban dotadas con variado tipo de recursos: agua,
madera, resina, pesca, esclavos… Constituye otro dilema y otro debate que, al
parecer, se retoma por especialistas ahora… de lo cual debemos alegrarnos
efusivamente (aunque no sea nuestra especialidad académica). Lo expuesto no
tiene otro fin que clarificar nuestra cultura ancestral.