Desmantelamiento de las empresas conserveras canarias y de su flota

 

Antonio Rodríguez de León *

 

Desde 1941, en que llegaron a Canarias las empresas conserveras con sus barcos de arrastres a motor, se daba la estacada definitiva a la flota pesquera canaria de altura. Las goletas y balandros construidos en Canarias por los carpinteros de rivera, no podían competir con los recién llegados, que se instalaban en Canarias, amparados por el gobierno central. Por esas fechas fueron llegando, las empresas peninsulares: Ángel Ojeda, Escobio, Lloret y Llinares, Lamberti, Santodomingo y Montenegro.

Instalaron en Canarias sus fábricas de conservas, se trajeron su flota de barcos, que no podían faenar en los caladeros del norte como consecuencia de la segunda guerra mundial. Los barcos y las artes de pesca de los canarios no podían competir con los barcos y artes de los peninsulares, que además eran agraciados por la administración central con todas las ayudas y subvenciones a la modernización del sector pesquero. Estos armadores llegaron con el novedoso sistema de pesca de arrastre. Los pescadores canarios sólo utilizaban las artes de trasmallo, chinchorros, cordel o liña y nasas. La diferencia en  toneladas de capturas era abismal. La falta de ayudas del gobierno ponía fin a la flota pesquera autóctona.

 

En otras épocas anteriores, 1880-1914 y 1920-1936, el crecimiento del sector pesquero canario se frenaba en Madrid. La primera época fue la de mayor gloria para el sector pesquero, iniciada en 1881 por la cofradía de Mareantes de San Telmo y la sociedad de Pesquerías Canario-Africana, obteniendo cesiones de territorios por parte de los nativos del Sáhara para sus factorías de salazones, creando asentamientos de familias canarias en dichos territorios. Los pescadores canarios se asentaron en Cabo Bajador, Aaiún, Villa Cisneros, la Güera y Cabo Blanco. En todos ellos comenzaban los agrupamientos de numerosas familias canarias, siendo el más numeroso el de Cabo Blanco, con un millar de familias dedicadas a toda clase de negocios, dentro de un perímetro residencial llamado “la charca”. La iniciativa de las empresas pesqueras canarias que comerciaban con saharauis y mauritanos fue aprovechada por la Sociedad Española de Geografía Comercial Colonial, para desplazar a la sociedad Pesquera Canario-Africana, cuyo lugar en el Sáhara lo ocuparía con la creación de una Sociedad Española de Africanistas Colonial. Esta estrategia surgió en un Congreso en Madrid, a propuesta del  político Joaquín Costa. El objetivo era impulsar el Protectorado Español sobre el territorio sahariano.  Fueron fundamentales los documentos privados, firmados el 28 de noviembre de 1884 entre dicha sociedad española y 3 nobles saharauis, que dijeron ser representantes y jefes de Kábilas, desde Bojador hasta Cabo Blanco, firmando Acta notarial el 10 de mayo de 1886, en la ciudad de Arrecife de Lanzarote, ante el notario D. Antonio María Manrique. Para ello fue necesario que la Sociedad Española de Africanistas  llevara a la quiebra a la Sociedad de Pesquerías Canaria-Africanistas, y con ella, a la Cofradía de Mareantes de San Telmo.

 

En 1882 se estuvo a punto de no lograr el Protectorado del Sáhara, como consecuencia de una decisión adoptada por el Ministerio del Estado español quien sugirió abandonar el derecho español sobre la plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña, por otros lugares marroquíes en la costa mediterránea, concretamente la zona de Cabo Agua, hoy ciudad de Nador, (frente a las islas Chafarinas). Las razones españolas eran impedir el avance colonial francés procedente de Argelia. Fue contrarrestada esta propuesta por la Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas y por el Círculo Mercantil, también de Las Palmas, argumentándose en ellas la necesidad de contar con un “colchón” africano que salvaguardase los intereses del archipiélago, frente a la voracidad del colonialismo europeo. “Se temía que la expansión de los comerciantes ingleses que se introducirían desde Santa Cruz de Mar Pequeña hasta Cabo Blanco, dañarían los intereses por colonizar el Sáhara, y a la larga, incluso la seguridad de las islas canarias.” La burguesía canaria, quería advertir al gobierno central que Inglaterra era titular en propiedad, de  la economía canaria: Tráfico Portuario, agricultura, comercio, turismo, electricidad, agua, etc., y que con el litoral del Sáhara y los caladeros de pesca canario-sahariano bajo dominio inglés, España perdería a Canarias.  

 

Dicho todo esto, El Marqués de la Vega de Armijo, en representación del gobierno español, que estaba más interesado en conseguir nuevas plazas españolas en el mediterráneo, abrió una nueva negociación con Marruecos para intercambiar la plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña por Cabo Aguas, sin resultado alguno. En cambio, sí consiguió que el Sultán de Marruecos aceptase la ubicación de la plaza española de Santa Cruz de Mar Pequeña en la ensenada de If-ni. Esta aceptación por parte marroquí abriría una puerta a la colonización del Sáhara, desde Cabo Jubi  hasta Cabo Blanco. La otra puerta era el comercio y las pesquerías canarias que llevaban decenas de años atrás, con diversos asentamientos en la costa africana. Prácticamente las pesquerías y el comercio entre canarios y saharauis era una realidad que nadie dudaba. Se transportaban diversos productos desde Canarias hasta el interior del continente africano, este hecho era reconocido internacionalmente. Y fue clave para que el gobierno cambiara su política exterior. Oportunidad que aprovechó el influyente abogado y político, Joaquín Costa, pronunciando una conferencia el 11 de mayo de 1882, en el Círculo Mercantil de Madrid, diciendo que era prioritario que existiese un desarrollo industrial y comercial que impulsase la acción colonial sobre el Sáhara. Y sería una insigne torpeza renunciar a Santa Cruz de Mar Pequeña, dejando libre el campo  Inglaterra en la costa de Berbería, a cambio de un establecimiento o de un territorio en Cabo Agua, bajo el pretexto de contener los avances posibles de Francia sobre Marruecos. Añadió: antes que las armas y la diplomacia conquisten un país, tomen posesión de él y sus riquezas los industriales, por el medio lento, pero irresistible del comercio, como instrumento de una acción colonial; abogando por una gran acción comercial y colonial en África, tanto mediante la creación de factorías como adquisiciones territoriales.

 

Las conferencias de Joaquín Costa, fueron determinantes para el gobierno, que definitivamente cambió su política exterior, para que al declarar el Prot$ectorado Español sobre Sáhara, tuviese la firmeza de un reconocimiento internacional, así fué. Joaquín Costa, siendo directivo del Circulo Mercantil de Madrid, participó en un Congreso de la Sociedad Española de Geografía Comercial Colonial el 4-10 de noviembre de 1883, donde expuso un ambicioso plan de acción colonial a través de una Sociedad de Africanistas y Colonialistas, para intervenir en África Occidental y Guinea Ecuatorial. Sugirió de sobremanera la fundación de varios establecimientos nacionales en las costas de las Pesquerías Españolas Canario-Africanas, como elemento esencial e indispensable para el desarrollo de la industria pesquera española, y el envío de un buque de guerra para que reconociera los bancos de pesca y protegiera a los pescadores.

 

¿Que hubiese pasado de lograr ponerse de acuerdo España y Marruecos, sobre el intercambio de no colonizar el Sáhara por un territorio marroquí en el Mediterráneo, junto a las islas Chafarinas y fronterizo con Argelia? Los acontecimientos políticos posteriores, marcaron el destino de Canarias. ¿Volverá a repetirse algo semejante?. Como por ejemplo: ¿los Espacios Marítimos y Aéreos de Canarias?, o quizás también las islas orientales por estar sobre la plataforma continental marroquí. O todo el archipiélago por estar dentro de la zona exclusiva, también de Marruecos, se ofrecerá a cambio de una mejor situación política española en el Magreb. De cualquier forma, los defensores de colonizar el Sáhara, cuyo líder era Joaquín Costa, no lo hicieron por defender los avances ya conquistados por el comercio y las pesquerías de los canarios en el Sáhara, todo lo contrario, la realidad era frenar los avances de las empresas canarias (no las inglesas) y sustituirlas por otras españolas. Con esta política del poder central, el sector pesquero canario iba desapareciendo lentamente. Con la depresión de los años 20, las empresas pesqueras quebraban, muchos barcos partían para América, con la llegada de la guerra civil otros barcos huían también. Al finalizar la guerra civil, solo quedaban un 20 % de la flota pesquera, Canarias sobrevivía gracias a los pocos barcos en las islas y a los asentamientos de pescadores canarios en territorios de la costa canaria-sahariana y mauritana, especialmente  en Cabo Blanco. Y cuando parecía que volvían a recuperarse el negocio pesquero en los asentamientos de Cabo Blanco, llegaban nuevas empresas pesqueras españolas a los caladeros canarios-saharianos, tomando como base de operaciones los puertos canarios, especialmente el de Las Palmas de Gran Canaria.

 

En los años 40, la competitividad de la nueva flota española de arrastre obligó a  una mayoría de los pocos barcos canarios existentes, a desplazarse desde el banco canario sahariano hacía los caladeros de Mauritania. Por esa época de los años 40, el gobierno de Franco a través de Leyes y Decretos, potenciaba económicamente a las empresas conserveras como apoyo al sector pesquero español en Canarias. La flota pesquera autóctona canaria no podía reconvertir sus barcos por la falta de apoyo del gobierno central. Y así hasta el día de hoy. En los años sesenta, la construcción de barcos congeladores, era una oportunidad de reconversión de la flota canaria: Hubo intentos de pescadores canarios en creación de cooperativas. La más llamativa y exitosa fue la de Lanzarote con su flota de barcos con el nombre de esa isla y de las del archipiélago chinijo. A pesar de ser los barcos que más toneladas pescaban, inexplicablemente fue a la quiebra, vendiéndose todos los barcos a armadores gallegos. Una vez más, se demostraba que a Canarias no se  permitía crecer en el sector pesquero canario industrial. Había que conformarse con barquillos de bajura. La presencia de esta pequeña flota autóctona, era coartada para canalizar que las ayudas al sector pesquero canario, se desviara hacia las empresas pesquera españolas con base en Canarias.

 

En 1964 el Instituto Nacional de Industria inició la competencia con la flota pesquera canaria en Cabo Blanco (lo poco que quedaba), construyendo y entregando la dirección de la factoría IMAPEC a la empresa Lloret y LLinares, obligada a dejar los caladeros canario-sahariano, por el negocio de los cefalópodos, que quedaba a favor de la empresa gallega Pescanova, quien tenía enormes influencias con el gobierno central. los pescadores canarios asentados en cabo Blanco se les obligó a vender la pesca a IMAPEC,  nuevamente, se repitió la historia de 1880-1914. A partir de 1975, comienza la decadencia de aquellas empresas españolas llegadas por los años 40, como consecuencia de la inestabilidad política en el banco pesquero canario-sahariano. Sin embargo, la flota de barcos peninsulares con base canaria creció más de un 300% en apenas seis meses, a la espera de compensaciones al sector pesquero canario, por la entrega del caladero pesquero a Marruecos-Mauritania. 

 

La transición española traería una nueva Ley de Pesca Canaria, que fue vendida como la auténtica recuperación del sector pesquero canario, pues decían que sólo se beneficiarían de ella empresas canarias. Pescanova, con base en Vigo, creó una división de empresa con base canaria, con el pretexto de beneficiarse en la nueva Ley de Pesca. La verdadera maniobra de la nueva Ley de Pesca Canaria, creada por políticos canarios, era desalojar del banco pesquero canario-sahariano a la empresa franquista de Pescanova, y lo lograron. Lo que no se sabe es el porqué Pescanova abandonó los caladeros con el control del 90% de los cefalópodos. Quienes hicieron la Ley de Pesca Canaria  lo sabrán, pero ha quedado en sumario secreto. Teniendo en cuenta que con la salida de Pescanova y el bloqueo al resto de empresas congeladoras españolas, la única flota canaria que quedaría era la artesanal, y como las intenciones de políticos canarios era crear una nueva la flota congeladora canaria de altura. Y así fue, pero en lugar de industrializar a la flota artesanal de las  Cofradías y reconvertirlos en barcos congeladores, se dedicaron a marginarlos. De todas las empresas congeladoras españolas, una sería la elegida para representar en exclusividad a la flota canaria de altura.

 

La información de primera mano durante el desarrollo de la nueva Ley de Pesca Canaria, fue fundamental para ello. Cuando la Ley de Pesca Canaria entraba en vigor, el 80% del T.R.B. (tonelaje registro bruto) de la flota con base canaria estaba vendida en contratos de opción de compra firme, a favor de la empresa que recibía información de primera mano de la tramitación al día, del borrador de la Ley de Pesca Canaria. A partir de 1978 y hasta el día de hoy, han llovido cientos de miles de millones de pesetas para la reconversión de la flota canaria de altura. Para una flota de barcos canarios que no existen en la realidad, y sólo a los efectos del registro canario. Son los que se llevan cada año el 90% del dinero destinado al sector pesquero canario.

        

Desde mi militancia sindical, he llevado una estadística de la flota de barcos y tripulantes que faenaban con base canaria desde 1978 a 1995, año del último acuerdo de pesca en el caladero sahariano, que finalizaba en 1999. En 1978 la flota de barcos con base en canarias eran: 340 congeladores con 5440 tripulantes; 118 artesanales con 590 tripulantes, y 30 sardinales con 840 . En 1988, 160 congeladores con 2240 tripulantes; 70 artesanales con 440, y 12 sardinales con 210 . En 1995,  130 congeladores con 2100 tripulantes; 40 artesanales con 260 y 6 sardinales con  150 tripulantes. En 1999 dejé totalmente la actividad sindical pesquera, sólo archivaba documentación del sector, sin más. Algún que otro escrito que enviaba a los medios de comunicación, denunciando las mentiras que se publicaban con respecto al sector pesquero canario, y que cuando alguno era publicado, no era desmentido ni se querellaban. Pasaba desapercibido para los profesionales de investigación.

 

Comparen lo dicho a lo largo de este documento, con las estadísticas ofrecidas por el gobierno canario, sobre la flota con base en Canarias. La distribución que hace la consejería de Agricultura y Pesca de la flota con base en Canarias es de auténtica vergüenza:

El 95% del TRB, corresponde a una parte de la flota congeladora de altura de ANACEF, con 80 barcos.

El 5% del TRB corresponde a la flota canaria, con 936 barquillos. El reparto de las ayudas europeas al sector pesquero canario sigue siendo en base al TRB, y a la producción.

 

Dicen que el futuro de la pesca canaria está en la producción de acuicultura. No deja de sorprender que las facilidades para su instalación se las ofrezcan a empresarios llegados de la península creando empresas con base canaria, imprescindible para recibir ayudas y subvenciones. Con esto queda claro a donde ha ido, en donde está, y el destino que tendrá, el dinero del sector pesquero canario.

 

Próximamente hablaremos de la acuicultura española en Canarias y de las inversiones y la rentabilidad científica para Canarias del buque oceanográfico Taliarte.

 

 

En Las Palmas de Gran Canaria a, 13 de septiembre de 2006

 

* Plataforma por el Mar Canario