Desmantelamiento de las empresas conserveras canarias y de su flota
Desde 1941, en que llegaron a Canarias las empresas
conserveras con sus barcos de arrastres a motor, se daba la estacada definitiva
a la flota pesquera canaria de altura. Las goletas y balandros construidos en
Canarias por los carpinteros de rivera, no podían competir con los recién
llegados, que se instalaban en Canarias, amparados por el gobierno central. Por
esas fechas fueron llegando, las empresas peninsulares: Ángel Ojeda, Escobio,
Lloret y Llinares, Lamberti, Santodomingo y Montenegro.
Instalaron en Canarias sus fábricas de conservas, se
trajeron su flota de barcos, que no podían faenar en los caladeros del norte
como consecuencia de la segunda guerra mundial. Los barcos y las artes de pesca
de los canarios no podían competir con los barcos y artes de los peninsulares,
que además eran agraciados por la administración central con todas las ayudas y
subvenciones a la modernización del sector pesquero. Estos armadores llegaron
con el novedoso sistema de pesca de arrastre. Los pescadores canarios sólo
utilizaban las artes de trasmallo, chinchorros, cordel o liña y nasas. La
diferencia en toneladas de capturas era
abismal. La falta de ayudas del gobierno ponía fin a la flota pesquera
autóctona.
En otras épocas anteriores, 1880-1914 y 1920-1936,
el crecimiento del sector pesquero canario se frenaba en Madrid. La primera
época fue la de mayor gloria para el sector pesquero, iniciada en 1881 por la
cofradía de Mareantes de San Telmo y la sociedad de Pesquerías
Canario-Africana, obteniendo cesiones de territorios por parte de los nativos
del Sáhara para sus factorías de salazones, creando asentamientos de familias
canarias en dichos territorios. Los pescadores canarios se asentaron en Cabo
Bajador, Aaiún, Villa Cisneros, la Güera y Cabo Blanco. En todos ellos
comenzaban los agrupamientos de numerosas familias canarias, siendo el más
numeroso el de Cabo Blanco, con un millar de familias dedicadas a toda clase de
negocios, dentro de un perímetro residencial llamado “la charca”. La iniciativa
de las empresas pesqueras canarias que comerciaban con saharauis y mauritanos
fue aprovechada por la Sociedad Española de Geografía Comercial Colonial, para
desplazar a la sociedad Pesquera Canario-Africana, cuyo lugar en el Sáhara lo
ocuparía con la creación de una Sociedad Española de Africanistas Colonial.
Esta estrategia surgió en un Congreso en Madrid, a propuesta del político Joaquín Costa. El objetivo era
impulsar el Protectorado Español sobre el territorio sahariano. Fueron fundamentales los documentos
privados, firmados el 28 de noviembre de 1884 entre dicha sociedad española y 3
nobles saharauis, que dijeron ser representantes y jefes de Kábilas, desde
Bojador hasta Cabo Blanco, firmando Acta notarial el 10 de mayo de 1886, en la
ciudad de Arrecife de Lanzarote, ante el notario D. Antonio María Manrique.
Para ello fue necesario que la Sociedad Española de Africanistas llevara a la quiebra a la Sociedad de
Pesquerías Canaria-Africanistas, y con ella, a la Cofradía de Mareantes de San
Telmo.
En 1882 se estuvo a punto de no lograr el
Protectorado del Sáhara, como consecuencia de una decisión adoptada por el
Ministerio del Estado español quien sugirió abandonar el derecho español sobre
la plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña, por otros lugares marroquíes en la costa
mediterránea, concretamente la zona de Cabo Agua, hoy ciudad de Nador, (frente
a las islas Chafarinas). Las razones españolas eran impedir el avance colonial
francés procedente de Argelia. Fue contrarrestada esta propuesta por la
Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas y por el Círculo Mercantil,
también de Las Palmas, argumentándose en ellas la necesidad de contar con un
“colchón” africano que salvaguardase los intereses del archipiélago, frente a
la voracidad del colonialismo europeo. “Se
temía que la expansión de los comerciantes ingleses que se introducirían desde
Santa Cruz de Mar Pequeña hasta Cabo Blanco, dañarían los intereses por colonizar
el Sáhara, y a la larga, incluso la seguridad de las islas canarias.” La
burguesía canaria, quería advertir al gobierno central que Inglaterra era
titular en propiedad, de la economía
canaria: Tráfico Portuario, agricultura, comercio, turismo, electricidad, agua,
etc., y que con el litoral del Sáhara y los caladeros de pesca
canario-sahariano bajo dominio inglés, España perdería a Canarias.
Dicho todo esto, El Marqués de la Vega de Armijo, en
representación del gobierno español, que estaba más interesado en conseguir
nuevas plazas españolas en el mediterráneo, abrió una nueva negociación con
Marruecos para intercambiar la plaza de Santa Cruz de Mar Pequeña por Cabo
Aguas, sin resultado alguno. En cambio, sí consiguió que el Sultán de Marruecos
aceptase la ubicación de la plaza española de Santa Cruz de Mar Pequeña en la
ensenada de If-ni. Esta aceptación por parte marroquí abriría una puerta a la
colonización del Sáhara, desde Cabo Jubi
hasta Cabo Blanco. La otra puerta era el comercio y las pesquerías
canarias que llevaban decenas de años atrás, con diversos asentamientos en la
costa africana. Prácticamente las pesquerías y el comercio entre canarios y
saharauis era una realidad que nadie dudaba. Se transportaban diversos
productos desde Canarias hasta el interior del continente africano, este hecho
era reconocido internacionalmente. Y fue clave para que el gobierno cambiara su
política exterior. Oportunidad que aprovechó el influyente abogado y político,
Joaquín Costa, pronunciando una conferencia el 11 de mayo de 1882, en el
Círculo Mercantil de Madrid, diciendo que era
prioritario que existiese un desarrollo industrial y comercial que impulsase la
acción colonial sobre el Sáhara. Y sería una insigne torpeza renunciar a Santa
Cruz de Mar Pequeña, dejando libre el campo
Inglaterra en la costa de Berbería, a cambio de un establecimiento o de
un territorio en Cabo Agua, bajo el pretexto de contener los avances posibles
de Francia sobre Marruecos. Añadió:
antes que las armas y la diplomacia conquisten un país, tomen posesión de él y
sus riquezas los industriales, por el medio lento, pero irresistible del
comercio, como instrumento de una acción colonial; abogando por una gran acción
comercial y colonial en África, tanto mediante la creación de factorías como
adquisiciones territoriales.
Las conferencias de Joaquín Costa, fueron
determinantes para el gobierno, que definitivamente cambió su política
exterior, para que al declarar el Prot$ectorado Español sobre Sáhara, tuviese
la firmeza de un reconocimiento internacional, así fué. Joaquín Costa, siendo
directivo del Circulo Mercantil de Madrid, participó en un Congreso de la
Sociedad Española de Geografía Comercial Colonial el 4-10 de noviembre de 1883,
donde expuso un ambicioso plan de acción colonial a través de una Sociedad de
Africanistas y Colonialistas, para intervenir en África Occidental y Guinea
Ecuatorial. Sugirió de sobremanera la fundación de varios establecimientos
nacionales en las costas de las Pesquerías Españolas Canario-Africanas, como
elemento esencial e indispensable para el desarrollo de la industria pesquera
española, y el envío de un buque de guerra para que reconociera los bancos de
pesca y protegiera a los pescadores.
¿Que hubiese pasado de lograr ponerse de acuerdo
España y Marruecos, sobre el intercambio de no colonizar el Sáhara por un
territorio marroquí en el Mediterráneo, junto a las islas Chafarinas y
fronterizo con Argelia? Los acontecimientos políticos posteriores, marcaron el
destino de Canarias. ¿Volverá a repetirse algo semejante?. Como por ejemplo:
¿los Espacios Marítimos y Aéreos de Canarias?, o quizás también las islas
orientales por estar sobre la plataforma continental marroquí. O todo el
archipiélago por estar dentro de la zona exclusiva, también de Marruecos, se
ofrecerá a cambio de una mejor situación política española en el Magreb. De
cualquier forma, los defensores de colonizar el Sáhara, cuyo líder era Joaquín
Costa, no lo hicieron por defender los avances ya conquistados por el comercio
y las pesquerías de los canarios en el Sáhara, todo lo contrario, la realidad
era frenar los avances de las empresas canarias (no las inglesas) y
sustituirlas por otras españolas. Con esta política del poder central, el
sector pesquero canario iba desapareciendo lentamente. Con la depresión de los
años 20, las empresas pesqueras quebraban, muchos barcos partían para América,
con la llegada de la guerra civil otros barcos huían también. Al finalizar la
guerra civil, solo quedaban un 20 % de la flota pesquera, Canarias sobrevivía
gracias a los pocos barcos en las islas y a los asentamientos de pescadores
canarios en territorios de la costa canaria-sahariana y mauritana,
especialmente en Cabo Blanco. Y cuando
parecía que volvían a recuperarse el negocio pesquero en los asentamientos de
Cabo Blanco, llegaban nuevas empresas pesqueras españolas a los caladeros
canarios-saharianos, tomando como base de operaciones los puertos canarios,
especialmente el de Las Palmas de Gran Canaria.
En los años 40, la competitividad de la nueva flota
española de arrastre obligó a una
mayoría de los pocos barcos canarios existentes, a desplazarse desde el banco
canario sahariano hacía los caladeros de Mauritania. Por esa época de los años
40, el gobierno de Franco a través de Leyes y Decretos, potenciaba
económicamente a las empresas conserveras como apoyo al sector pesquero español
en Canarias. La flota pesquera autóctona canaria no podía reconvertir sus
barcos por la falta de apoyo del gobierno central. Y así hasta el día de hoy. En
los años sesenta, la construcción de barcos congeladores, era una oportunidad
de reconversión de la flota canaria: Hubo intentos de pescadores canarios en
creación de cooperativas. La más llamativa y exitosa fue la de Lanzarote con su
flota de barcos con el nombre de esa isla y de las del archipiélago chinijo. A
pesar de ser los barcos que más toneladas pescaban, inexplicablemente fue a la
quiebra, vendiéndose todos los barcos a armadores gallegos. Una vez más, se
demostraba que a Canarias no se
permitía crecer en el sector pesquero canario industrial. Había que
conformarse con barquillos de bajura. La presencia de esta pequeña flota
autóctona, era coartada para canalizar que las ayudas al sector pesquero
canario, se desviara hacia las empresas pesquera españolas con base en
Canarias.
En 1964 el Instituto Nacional de Industria inició la
competencia con la flota pesquera canaria en Cabo Blanco (lo poco que quedaba),
construyendo y entregando la dirección de la factoría IMAPEC a la empresa
Lloret y LLinares, obligada a dejar los caladeros canario-sahariano, por el
negocio de los cefalópodos, que quedaba a favor de la empresa gallega
Pescanova, quien tenía enormes influencias con el gobierno central. los
pescadores canarios asentados en cabo Blanco se les obligó a vender la pesca a
IMAPEC, nuevamente, se repitió la
historia de 1880-1914. A partir de 1975, comienza la decadencia de aquellas
empresas españolas llegadas por los años 40, como consecuencia de la
inestabilidad política en el banco pesquero canario-sahariano. Sin embargo, la
flota de barcos peninsulares con base canaria creció más de un 300% en apenas
seis meses, a la espera de compensaciones al sector pesquero canario, por la
entrega del caladero pesquero a Marruecos-Mauritania.
La transición española traería una nueva Ley de
Pesca Canaria, que fue vendida como la auténtica recuperación del sector
pesquero canario, pues decían que sólo se beneficiarían de ella empresas
canarias. Pescanova, con base en Vigo, creó una división de empresa con base
canaria, con el pretexto de beneficiarse en la nueva Ley de Pesca. La verdadera
maniobra de la nueva Ley de Pesca Canaria, creada por políticos canarios, era
desalojar del banco pesquero canario-sahariano a la empresa franquista de
Pescanova, y lo lograron. Lo que no se sabe es el porqué Pescanova abandonó los
caladeros con el control del 90% de los cefalópodos. Quienes hicieron la Ley de
Pesca Canaria lo sabrán, pero ha
quedado en sumario secreto. Teniendo en cuenta que con la salida de Pescanova y
el bloqueo al resto de empresas congeladoras españolas, la única flota canaria
que quedaría era la artesanal, y como las intenciones de políticos canarios era
crear una nueva la flota congeladora canaria de altura. Y así fue, pero en
lugar de industrializar a la flota artesanal de las Cofradías y reconvertirlos en barcos congeladores, se dedicaron a
marginarlos. De todas las empresas congeladoras españolas, una sería la elegida
para representar en exclusividad a la flota canaria de altura.
La información de primera mano durante el desarrollo
de la nueva Ley de Pesca Canaria, fue fundamental para ello. Cuando la Ley de
Pesca Canaria entraba en vigor, el 80% del T.R.B. (tonelaje registro bruto) de
la flota con base canaria estaba vendida en contratos de opción de compra
firme, a favor de la empresa que recibía información de primera mano de la
tramitación al día, del borrador de la Ley de Pesca Canaria. A partir de 1978 y
hasta el día de hoy, han llovido cientos de miles de millones de pesetas para
la reconversión de la flota canaria de altura. Para una flota de barcos
canarios que no existen en la realidad, y sólo a los efectos del registro
canario. Son los que se llevan cada año el 90% del dinero destinado al sector
pesquero canario.
Desde mi militancia sindical, he llevado una
estadística de la flota de barcos y tripulantes que faenaban con base canaria
desde 1978 a 1995, año del último acuerdo de pesca en el caladero sahariano,
que finalizaba en 1999. En 1978 la flota de barcos con base en canarias eran:
340 congeladores con 5440 tripulantes; 118 artesanales con 590 tripulantes, y
30 sardinales con 840 . En 1988, 160 congeladores con 2240 tripulantes; 70
artesanales con 440, y 12 sardinales con 210 . En 1995, 130 congeladores con 2100 tripulantes; 40
artesanales con 260 y 6 sardinales con
150 tripulantes. En 1999 dejé totalmente la actividad sindical pesquera,
sólo archivaba documentación del sector, sin más. Algún que otro escrito que
enviaba a los medios de comunicación, denunciando las mentiras que se
publicaban con respecto al sector pesquero canario, y que cuando alguno era
publicado, no era desmentido ni se querellaban. Pasaba desapercibido para los
profesionales de investigación.
Comparen lo dicho a lo largo de este documento, con
las estadísticas ofrecidas por el gobierno canario, sobre la flota con base en
Canarias. La distribución que hace la consejería de Agricultura y Pesca de la
flota con base en Canarias es de auténtica vergüenza:
El 95% del TRB, corresponde a una parte de la flota
congeladora de altura de ANACEF, con 80 barcos.
El 5% del TRB corresponde a la flota canaria, con
936 barquillos. El reparto de las ayudas europeas al sector pesquero canario
sigue siendo en base al TRB, y a la producción.
Dicen que el futuro de la pesca canaria está en la
producción de acuicultura. No deja de sorprender que las facilidades para su
instalación se las ofrezcan a empresarios llegados de la península creando
empresas con base canaria, imprescindible para recibir ayudas y subvenciones. Con
esto queda claro a donde ha ido, en donde está, y el destino que tendrá, el
dinero del sector pesquero canario.
Próximamente hablaremos de la acuicultura española en
Canarias y de las inversiones y la rentabilidad científica para Canarias del
buque oceanográfico Taliarte.
En Las Palmas de Gran Canaria a, 13 de septiembre de
2006
* Plataforma por el Mar Canario