5 de octubre: 138º aniversario
del nacimiento de Secundino Delgado

Secundino Delgado, padre de la nación canaria, nació en Añaza (Santa Cruz de Tenerife) el 5 de Octubre de 1867, de una familia modesta (su padre era herrero), de la que nacieron siete hermanos más.

Emigró a América antes de cumplir los veinte años. Se casó en Nueva York con Mary Trifft y tuvieron tres hijos. Durante más de diez años, con formación anarquista, lucha en los Estados Unidos y en Cuba por la independencia de esta Isla. Sus armas serán siempre la palabra y los periódicos.

En 1896 viene a Canarias y nueve meses después viaja a Venezuela esquivando la persecución española. Es el momento de intensificar su trabajo por Canarias, primero teniendo como causa la independencia y, a partir de 1901, una autonomía de amplios poderes para el Archipiélago Canario.

Como consecuencia de una vida de luchas, es perseguido y encarcelado en Madrid por Weyler, desde Marzo de 1902 hasta Enero de 1903, Fueron diez meses de sufrimiento extraordinario.

Escribió en numerosos periódicos dedicados a Cuba, a los obreros y a Canarias. Fue fundador de los periódicos: El Esclavo, en Tampa hacia 1892; El Guanche en Caracas el 18 de Noviembre de 1897; y Vacaguare, en Tenerife el 30 de Enero de 1902. Su obra literaria principal es ¡Vacaguare. !(Vía Crucis) que escribió en Arafo entre el 25 de Marzo y el 21 de Abril de 1.904. Fundó también el Partido Popular Autonomista el 22 de Octubre de 1901.

Su padre murió antes de emigrar a Cuba; su madre, cuando estaba preso en Madrid; y sus hijos (que no tenían veinte años) en 1.910. Secundino Delgado Rodríguez, murió en Añaza el 4 de Mayo de 1912, con sólo cuarenta y cuatro años de edad.

Secundino Delgado luchó toda su vida, a través de los ideales del progresismo y de la independencia nacional que adquirió en Cuba, por su pueblo canario con el objeto de que despertara de aquel largo letargo de injusticias que le obligaban a emigrar o a malvivir en una sociedad injusta y clasista.

Más tarde aquel inicial independentista canario intransigente, desde Florida y Cuba, tornó su ímpetu en los últimos años de su vida para convertirse en un moderado autonomista, tal vez desengañado por las circunstancias que le tocó sufrir, culminando en su detención el 2 de marzo de 1902 por órden del General Weyler, que dispuso su prisión en una cárcel de Madrid. Lo que aquel general, dignificado como Marqués de Tenerife, no pudo llevar a cabo desde La Habana a pesar del intento en 1896, si lo logró desde su puesto de mando en Madrid, como ministro de la Guerra.

Lamentables fueron los últimos años de su vida. Aquella órden se cumplió y Secundino fue detenido por la Guardia Civil, cuando se hallaba en su casa de descanso de Arafo. Conducido a pie hasta la prisión de Santa Cruz de Tenerife, para seguidamente ser trasladado a la Modelo de Madrid.

Se llevaron a cabo gestiones para su liberación especialmente por el consulado de los Estados Unidos, que representaba los intereses de Cuba en España dada su nacionalidad cubana. No obstante fue internado en la Cárcel Modelo de la capital de España, donde permaneció casi un año sin recibir el auto de procesamiento, motivo de la detención, ni ser sometido a juicio. Con la intermediación de otro gran canario, Nicolás Estévanez, se logró su libertad.

Durante su estancia en prisión adquirió o agravó la enfermedad pulmonar que padecía y que causó más tarde su muerte, 4 de mayo de 1912, en la casa donde habitaba en la Calle Progreso de Santa Cruz de Tenerife y posiblemente, por contagio, la de sus hijos Darwin y Lila.

El asunto había trascendido a la prensa madrileña y a toda la de España y al propio Congreso, donde ningún diputado supo dar razones de aquella injusticia.

Secundino Delgado fue el padre indiscutible del nacionalismo canario ( como en Cuba fue apostol de su independencia otro canario: José Martí Perez , el "hijo de la Isleña"). Aquella frase que se le acuña, "...todo por y para la libertad de los pueblos y de los hombres", es de apliación en las Canarias del siglo XIX y principios del XX. Aquel grito que lanzaba Secundino era apremiante y necesario, y que podía haber hallado eco en la decada de los años 30, si otras circunstancias políticas tranformadas en guerra civil no hubieran truncando aquel buen deseo ya suficientemente arraigado entre los canarios.

Estamos pues ante la presencia de un insólito personaje que jugándose su bienestar y prosperidad, por sus ideales prefirió denunciar el mal que aquejaba a las islas y a los isleños, muy a sabiendas de lo que estaba arriezgando en semejante empresa. Conociendo el peligro de un enfrentamiento a la dura administración española, repetía frecuentemente "Qué importan los sacrificios si algún día llega a alumbrar nuestra Patria el Sol de la libertad".

En Cuba colabora con los "rebeldes" en la guerra contra el ejército español de ocupación, y donde pronto será un "elemento peligroso", para los servicios de información del ejército colonial. Acusado de coparticipar en un atentado con explosivos en el edificio del Palacio del Gobierno en La Habana, ha de salir de Cuba y regresar a Tenerife, su isla natal, a principios de mayo de 1896; pero como quiera que el Capitán General era Valeriano Weyler, militar vinculado a Tenerife, y recien nombrado para el mando en la Isla, conocedor de su paradero le denuncia por telegrama a las autoridades militares de Canarias, que le perseguirán insistentemente.

Secundino tendrá que huir de su tierra, transcurridos unos nueve meses de su llegada de la isla de Cuba, con la ayuda de numerosas buenos canarios tinerfeños y portuarios que le esconden en un barco con dirección a Venezuela. En Caracas, a los pocos meses y en unión de otro gran patriota palmero, José Esteban Guerra Zerpa (fundandor del periódico nacionalista DIARIO DE AVISOS de Santa Cruz de la Palma), editan la revista quincenal, independiente y noticiosa de las Islas Canarias, EL GUANCHE, de la que sólo se publicaron cinco números por la presión que el embajador de España en Caracas ejerció sobre el presidente venezolano, general Crespo, para que dispusiese el cierre inmediato de la misma y prohibiese toda clase de organizaciones canarias de tipo nacionalista en aquel país. Con estas medidas se da al traste, tanto con la revista, como con el incipiente "Club patriótico para la propagación de los ideales que defiende El Guanche", que no eran otros que concienciar a los canarios residentes en Venezuela, en el camino de las aspiraciones que tenían proyectadas para las Islas Canarias. Tan "peligroso" llegó a ser Secundino Delgado que para erradicar totalmente cualquier brote de esta índole que afectase a los intereses españoles, llegó a ser expulsado de aquella República hermana por órden expresa del mismo presidente y dictador General Crespo.

Después de una breve estancia en Curazao, donde al parecer coninuó publicando su revista EL GUANCHE, aspecto sin confirmar, pasa a Nueva York donde conoce a otro patricio descendiente de canarios, hijo de Leonor Pérez Cabrera, tiñerfeña de nacimiento: José Martí Pérez, hombre polifacético de vasta cultura y emprendedor, enfrascascado en su proceso emancipador de España para su patria cubana.

Secundino reside en Nueva York donde su espíritu patriótico y de regeneración social y político por la que lucha, hace que esté en constante demanda de todo lo que entiende que perjudica a Canarias y a sus hijos. De ahí que su incansable pluma no cesa en denunciar las tropelías que en el solar patrio se cometen.

Finalizada la guerra de Cuba con su plena independencia, lo encontramos nuevamente en Santa Cruz de Tenerife, alternando su residencia en su pueblo querido de Arafo. Seguirá colaborando en medios escritos, como ya había hecho en EL GUANCHE y EL ESCLAVO, y participará en el semanario VACAGUARE, que se publica en La Laguna, hasta 1902 en que la autoridad española dispone su cierre, y aunque aparece como director el jóven Manuel Déniz Carballo, todo apunta a que el verdadero promotor era Secundino. Igualmente colabora como redactor en el semanario EL OBRERO, que se edita en Santa Cruz de Tenerife, igual que en la revista ARTE Y LETRAS y en EL DIARIO DE TENERIFE.

Por estas fechas publica cuatro cuentos que titula: Alegrías y Penas, Clary, Mi Peral y El mejor de los mundos. En 1903 publicará Un golfillo canario.

En 1904, hallándose en la ciudad de Yucatán, publicará su autobiografía bajo el pseudónimo de Antonio Rodríguez López, con el título VACAGUARE (Vía Crucis), vocablo que usaron mucho los antiguos guanches, especialmente en La Palma, durante la defensa de continuos ataques durante más de cien años conocidos, antes que rendirse o caer prisioneros de los castellanos, cuya traducción del idioma aborígen era "quiero morir".

Este ilustre tinefeño, amante de su tierra como nadie, nacionalista de pro, tenía claro que había que acabar de una vez con las rencillas y discordias que gentes sin amor por Canarias fomentaban en las Islas para provecho de sus intereses personales y de dominio. En este ideal nos dejó escrito: "...despreciad con valor la prensa venal y asalariada que fomenta la discordia entre las Islas, nuestra Patria, con el fin de dividir al pueblo para que el lobo debore con paciencia y gusto su víctima...La emancipación y el mejoramiento de esta Patria, no lo esperemos de esos sabios de librea que asisten a las Cortes para hacer la venia al amor....¡¡ Ah !!, el día que se nos caiga la venda, estas siete joyas volverán a ser como el nombre que llevaban..."

En el periódico VACAGUARE, puntualiza lo siguiente: "...que nuestro periódico, aunque vea la luz propia en Tenerife, no es un periódico tinerfeño, sino un periódico CANARIO; que todos los desmanes, todos los errores, todas las injusticias que en nuestras islas se realicen, sea de donde sea, en ciudad, villa, pueblo, villorio o caserío, todo lo hremos público, din temores de ninguna especie; que anhelamos el bienestar que por derecho y ley natural corresponde disfrutar los hijos de estos siete hermosos peñones, y que tras ellos marchemos, puesta nuestra confianza en la razón que nos asiste, y en la indudable creencia que tenemos de que no habrá un solo canario honrado que no secunde la misión que nos hemos impuesto...y finalmente arengaba con su sempiterna frase: Pueblo de las Islas Canarias... ¡Viva nuestra autonomía!"

El periódico LA PRENSA de Tenerife, publicó en su número de fecha 28 de junio de 1936, una magnífica apología de carácter editorialista sobre Secundino y su ideal para estas islas, cuyo artículo, que aparece sin firma pero reflejando una justa semblanza de nuestro patricio, dice: " Secundido Delgado representó en Tenerife, durante toda una época, el patriotismo más fervoroso y exaltado. No había cuestión de interés para el país que él no recogiera, entregándose de lleno a su defensa o repulsa según la índole que presentaba, sin medir en la lucha la calidad e importancia del enemigo, ni el alcance de las propias fuerzas.

Con su generoso afán con su soberbio fervor patriótico, llegó a América, al expatriarse, Secundino Delgado, y luchó sin descanso hasta la muerte. Como su permanencia en Canarias, al llegar a Caracas, primer punto de su residencia en tierras de América, participó en asambleas, mítines y reuniones de la colonia isleña; preogonó el entusiasmo de sus ideales y fundó como portavoz de sus empeños, una revista quincenal "El Guanche", en colaboración con otro canario, José Guerra, desde la que dio el grito de independencia que habría de ser cifra de los fervores y afanes de toda su vida.

Violentas, rudas, implacables, fueron sus campañas desde las columnas de "El Guanche", logrando en poco tiempo formar una importante legión de adeptos a su idea; pero, cediendo a presiones del Ministro de España en Caracas, el presidente de Venezuela, general Crespo, hubo de decretar su expulsión del teritorio y Delgado hubo de marchar a Curazao, donde prosiguió su cruzada generosa, con el mismo entusiasmo y el mismo ciego afán.

Más tarde hubo de regresar a Tenerife, y ya aquí, en el rescoldo de la hoguera, se ocupó de avivar llamas dormidas, publicando en unión de Cabrera Díaz, Tomás Morales y Díaz Carballo, su famoso "¡Vacaguaré!". Grito de rebeldía y liberación guanche, que hizo suyo, como lema del empeño formidable a que dedicara todos los anhelos de su vida.

No logró la libertad del terruño adorado y, en cambio, perdió la suya. Por orden del general Weyler, a la sazón ministro de la Guerra, Secundino Delgdo fue detenido y encerrado en la Cárcel Modelo de Madrid.

Poco después murió y lo curioso es que su nombre, casi olvidado en Tenerife, al que todo lo sacrificó, incluso su vida generosa, se recuerda con cariño y admiración en América, y de modo especial en Venezuela, donde realizó su más intensa y vibrante campaña, y en Cuba, donde todavía viven algunos colaboradores de su formidable pero incomprendido empeño." (este artículo de LA PRENSA como se indica más arriba, se publicó en el año1936). En el transcurso de su detención , Secundino relata la vergüenza que tuvo que sufrir al caminar esposado y escoltado por guardias civiles al desembarcar en Cádiz, cual si fuera un criminal traído de las colonias, un monstruo sanguinario y cruel, por lo que estuvo tentado a gritar, relata: " Soy inocente, un hombre de bien; no me juzguéis mal. Toda mi vida la he llevado olvidado de mí y sólo atento al dolor ajeno. Yo siempre he defendido a los débiles."

Fuente: Unidad del Pueblo