Playa y cumbre

Sembrar concordia

Lorenzo Doreste

En la vida hay quienes gustan de la paz, mientras que otros se dedican a sembrar semillas de discordia. Lo hemos visto en la reciente crisis de las caricaturas de Mahoma aparecidas en la prensa danesa. Por desgracia, en Occidente, en general, reina la autocomplacencia, mezclada con el desprecio a los valores de la civilización musulmana, y esta actitud de gran parte de la opinión pública occidental es hija del desconocimiento.

Algunos exaltados tergiversan el mensaje de tolerancia del Islam en beneficio de sus intereses políticos. Sin embargo, la mayoría de los musulmanes profesa una religión de tolerancia y hermandad. El Corán dice en dos ocasiones que "los judíos, los cristianos y todo aquel que cree en Dios… y obra con justicia no tendrá nada que temer ni lamentar". Los musulmanes creen que Dios, o Alá, reveló al profeta Mahoma la esencia de su dogma religioso. Y tras la muerte del Profeta, los eruditos musulmanes interpretaron y ampliaron sus enseñanzas. El 90 por ciento de la Sharia, o ley islámica, es una jurisprudencia convencional instituida por hombres comunes y corrientes. Muchos "principios eternos", (cuya estricta observancia reclaman fanáticos actuales), eran en realidad disposiciones temporales relacionadas con ciertas situaciones concretas de la época del Profeta. Por ejemplo, el controvertido hiyab, o velo árabe, en ninguna parte del Corán se obliga a llevarlo a las creyentes. En tiempos de Mahoma muchas mujeres andaban con los pechos desnudos, y el Corán dispuso que debían vestir con más recato y cubrirse los senos.

El Islam también trata, aunque lentamente, de adaptarse a los tiempos. Por ejemplo, el Corán aprueba la esclavitud; sin embargo son pocos los musulmanes que la considerarían aceptable en el presente. Islamistas fanatizados propugnan la instauración de "estados islámicos". Sin embargo, Mahoma nunca tuvo un gabinete de ministros ni una fuerza policíaca. En ninguna parte del Corán se establecen reglas para la creación de un "estado islámico". Lo que algunos exaltados llaman hoy "guerra santa" no es santa, ni mucho menos, porque es contraria a las enseñanzas de Mahoma. El Profeta distinguió entre el "yihad menor", que siempre tiene que ser guerra defensiva ante un enemigo, y el "yihad mayor", que es la lucha cotidiana de cada creyente por alcanzar la perfección espiritual, por convertirse en una persona íntegra, intachable.

Desde luego, el que interpreta el Corán con mala intención puede sacar de este libro sagrado conclusiones aberrantes. Lo mismo que quien interpreta mal el Evangelio y saca la Inquisición, las Cruzadas, el nacionacatolicismo de Franco y el clasismo del Opus Dei. En un versículo del Corán se previene a los creyentes que no hagan amistad con judíos ni cristianos. Pero eso no se refería para todo tiempo hasta el fin del mundo, sino a una circunstancia muy concreta de la época: Cuando un musulmán hizo traición y apoyó a tribus judías en contra de Mahoma y sus seguidores. El Corán rechaza lo que considera errores de otras religiones; y así, dice que Jesús fue un gran profeta, con enseñanzas de inspiración divina, pero que no era Dios, tal como creen los cristianos. Esta afirmación del Corán no es obstáculo para que muestre respeto por otras creencias: "Dios es nuestro Señor y el vuestro. Nosotros tenemos nuestras obras y vosotros tenéis las vuestras… Al final todos regresaremos a Él". En otra parte el Corán afirma que los creyentes pueden unirse en matrimonio con judíos y cristianos.

Pero ¿cuál es el origen político de esta manipulación y tergiversación de las nobles enseñanzas del Corán? Pues muchos gobiernos del mundo islámico, que son autoritarios y corruptos, que tienen a sus pueblos sumidos en la explotación, el analfabetismo y la miseria. Los que se sublevan contra esos gobiernos tienen una buena causa, pero necesitan seguidores, y recurren a tergiversar la religión para ponerla de su lado ante los ojos de las masas incultas. Por desgracia, Occidente no presiona para que esos gobiernos cambien y se democraticen. Muy al contrario, Occidente sólo apoya a aquellos gobiernos con los que puede hacer buenos negocios. Después la prensa de Occidente alimenta los prejuicios respecto al mundo islámico, siembra mucha discordia entre civilizaciones. Dicen con desprecio que los islamistas tratan de imponernos sus tabúes, mientras que nosotros tenemos libertad de expresión y podemos caricaturizar al mismo Dios. La realidad es que en Occidente también habría muchas protestas si sacaran a Cristo en actitud beligerante, disparando o lanzando bombas, o en actitudes obscenas. También se repite hasta la saciedad que los islamistas tienen una cultura muy dada al empleo de la violencia en nombre de su Dios, en contraste con Occidente. Eso tampoco es verdad. George W. Bush pretende que fue Dios mismo quien lo animó a invadir Irak, y no la codicia del petróleo.

En esta hora en que tantos se dedican a tergiversar enseñanzas religiosas y a calumniar con objeto de servir a sus ambiciones políticas, debemos dedicarnos a un estudio sereno de los problemas como mejor forma de luchar por la paz. Nuestra tarea es la de sembrar concordia.