El
sillón del alcalde
Por
Benito Capone
Por motivos que no van al caso, me
fijaron una cita con el más conocido y poderoso alcalde del sur de Tenerife.
Ya en los casi 45 minutos de antesala me
di cuenta de lo amplia que era esta secretaría dividida en dos: La
“oficial” me echó a la cara cuanto pequeño es el piso donde vivo. Este
“despachito” que es la secretaría “oficial” medía seguramente dos veces, y
más, de los
Todo muy bien distribuido, adornado y
amueblado. Pero lo que atrae la atención del visitante, al entrar en este
“santa santorum”, es: un imponente bufete
cubierto de paño verde bordado oro (faltaría más) y la también imponente mueble
librería, que se encuentra a la espalda del alcalde, todo en leño castizo. Pero
el estacazo más fuerte que recibe el visitante es, sin duda alguna, el sillón
que utiliza este alcalde. Más que un sillón parece un moderno trono
con un apoya–cabeza seguramente de no menos de
Para los que viven en el oscurantismo de
la idolatría o de la adoración, para los humildes todo este despacho, y
sillón en primer plano, aumenta el sentido de sentirse un cero delante de un
Todo. Este resulta ser el efecto que ha plasmado el creador de este
ensamble, sin darse cuenta (o puede ser que sí) que todo este sobrante hace
daño a la imagen de quien lo utiliza. Ni la justificación de que en este
despacho se recibe gente muy importante (¿¿??) y por lo tanto debe bien figurar
(¿?¿?) quita al visitante la opinión que
demasiado dinero se gastó no cierto para el “bien figurar". Y es para
apostar que estas “personas muy importantes” que visitan este lugar,
si tiene un mínimo de sentido común, evitarán de expresar opiniones para no
ofender a aquel que en aquel sillón se sienta. Ostentación, opulencia,
vanidad. ¿Quién sabe? ¿Derroche? Ciertamente que sí. Y todo esto cuando –por ejemplo– los representantes de la oposición en el Pleno no
tienen ni un despacho, como acostumbra la democracia en todos los
ayuntamientos. Son espacios que sirven para recibir a la gente del pueblo,
escuchar también la minoría votante por parte de quien la representa
constitucionalmente. Porque en contra del pensamiento de los ocupantes hay
que entender que este no es una “propiedad privada”, ni un castillo para uso
personal es el lugar de todos, sean mayoría que minoría. Por eso cuando
los críticos, los halcones definen este ayuntamiento “el castillo”, la
fortaleza, no exageran ni un pelo y un aviso, una proclama, un edicto con
escrito “Propiedad privada” en la puerta no quedaría nada mal, cuanto
menos por ética personal.
Al mirar todo este exagerado lujo me vino a la mente aquellos años en los
cuales portavoz de la mayoría en mi ayuntamiento, tenía un despacho de 6 x
A parte de los metros cuadrados o rectangulares, esto era lo que me esperaba
encontrar en un despacho de un alcalde abierto, democrático y, además,
socialista. No fue así y las consideraciones bastante criticas, bastante
negativas respecto a este alcalde han aumentado y reconozco que ya tiene
sentido la etiqueta de “el marques”, con la cual el amigo y compañero José Luís
Fumero – el último guanche–
había pegado a este conocido alcalde del sur.
Personalmente me resulta difícil no evocar el recuerdo de la “sedia gestatoria” con la cual los nobles romanos llevaban
para aquí o para allá a el “·Summo Pontífice”. Los
tiempos modernos, con Papa Montini -a recodar-
han hecho desaparecer aquella impresionante silla portada a espaldas de
los grandes de la nobleza romana. Pero esto ocurrió en Roma ya hace bastantes
años y Roma es otra cosa y el Vaticano también…