EL SINDICALISMO, UN ENGRANAJE MÁS

 

Ekade

 

La liberación social es hoy una de las máximas anticapitalistas más definidas, sin embargo, el sindicalismo de este País no llega a dar la talla de representación nacional obrera.

 

El sindicalismo ya de por sí, con las condiciones pactadas con uno y otro gobierno del estado (de ese estado monárquico de socialistas liberales y nacionalistas de derechas)  está bastante autodefenestrado y goza de muy poca credibilidad. El verdadero sindicalista lo pasa mal cuando se enfrenta a los roles que las clases acomodadas promulgaron, basándose en “negociaciones públicas”, “las horitas sindicales”, los “favoritismos empresariales”, etc. que cuatro delegados acomodados, verdaderamente, supieron aprovechar.

 

Para rematarla, algún autocalificado sindicato nacionalista se alinea descaradamente con la burguesía caciquil de Coalición Canaria, tirando a un pozo negro la poca credibilidad que pudiera quedar y prostituyendo la susodicha calificación, de forma que parece un insulto hablar de nacionalismo, o de lucha sindical.   

 

Sin embargo, muchas personas seguimos derrochando empeño e ilusión en el movimiento obrero. Sabemos qué se puede esperar de alguna organización sindical, tanto como que no dudamos que, junto a nuestras compañeras y compañeros, nuestro corazón es el motor del Movimiento de Liberación Nacional.

 

Es el sindicalismo un engranaje más. Para algunos un engranaje de la maquinaria de manipulación social, donde controlando a un par de “cabecillas” se manejan convenios, condiciones, contratos y despidos: se manejan vidas individuales y familias enteras. Y, lo peor, se opera desde un nivel social que no es el de un obrero, que es sólo un estatus inventado por el gobernante liberal.

 

Para otros, ya se hizo hace tiempo evidente: por encima de las organizaciones hay miles de corazones que laten con ritmo de intervención social. Hay personas dispuestas a corregir errores inherentes de la sociedad liberal, que hacen política a diario desde su puesto de obrero, desde su labor sindical.

 

 

Y a fuerza de trabajar

a la tierra perforamos

de sus entrañas sacamos

el petróleo, el hierro, el carbón

y el cobre

y han sido los brazos del pobre

los que dan el capital.

 

Se puede justificar

que lo que digo es cierto

manifiesto lo que siento

y está más que probado:

Estando las obreras

y los obreros parados

NADA TIENE MOVIMIENTO

 

 

 

(Poema de Lorenzo Arvelo Hernández, 1918-1999 – Sindicalista Canario)