¿Sirvió para algo la manifestación del 29-O?
Juan Jesús Ayala
Cuando la gente sale a
la calle por sí sola, sin que la empuje el aparato de esta o aquella organización política, a pesar que
el tiempo no ayude y se pone en su
contra, hay que pensar de inmediato, de
manera simplista si se quiere, que algo hay en la conciencia de los que se manifiestan que les obliga a ello. Y lo que hay es preocupación e
incertidumbre. Preocupación porque ante un problema que se nos viene encima como es la carga poblacional que
soporta el Archipiélago ni por parte del Gobierno autónomo, ni por parte del Ejecutivo del Estado y menos aún por parte de la Unión Europea se ponen las medidas correctoras necesarias y suficientes para contener o
controlar el fenómeno; permanecen con el pico bajo el ala y mirando para otro
lado. E incertidumbre porque esa desidia que se palpa, hace que lo que podamos encontrar en un futuro no muy lejano no sea precisamente ni muy agradable ni muy reconfortante.
Por eso hay que decir que la manifestación
sirvió de mucho y, sobre todo, para que aquellos que han permanecido ajenos a la situación
poblacional de las Islas comiencen a tenerlo
en cuenta y que si se han hecho
estudios, foros y comisiones de
expertos en aras a buscar solución a
la cuestión y sobre la que hay
conclusiones, que éstas al menos se
debatan, se pongan en el espacio público
para que se sepa dónde estamos y hacia donde nos quieren dirigir.
La manifestación del 29-O sirvió, además, para que los que no están
por la labor de asumir el problema se
enteren que se pueden quedar más solos que la una, ya que el fenómeno de la inmigración hace el número uno en la preocupación de la gente de esta tierra, sobre el cual no se interviene ni se hace nada de nada. Si se comienza hacer algo, si se disponen leyes, reglamentos o lo que sea para
afrontar y definir una solución si no
definitiva si satisfactoria, claro
que la manifestación ha cumplido con creces su cometido.
Sin embargo, sucede que se le está quitando por algunos su verdadero sentido y argumentación y se disfraza entre
los diferentes medios que establecen una guerra mediática y también una guerra
de cifras entre unos y otros. Eso es lo de
menos. Es desvirtuar la cuestión como
si lo que se pretendiera fuera que
unos cuentan mentiras y otros están
instalados en la verdad. El debate no es ese ni el espíritu de la manifestación
tampoco va por ahí.
Hay que hablar con claridad, y claridad
quiere decir que debemos saber cuántos cabemos en estas Islas, cuántos trabajadores hacen falta para los distintos
compartimentos de nuestro modelo de desarrollo, basado en el turismo y en la construcción. Saber si ese
modelo empieza a languidecer y qué se debe hacer para afrontar e inventar uno nuevo y cuánta
fuerza de trabajo hace falta para el día
después. Hay que hablar con claridad y eso también quiere decir que si hay que hacer una ley
de residencia, si ésta no es viable porque
se dice que nos escapamos de la legalidad del Tratado de la Unión, de la Constitución Española y del Estatuto de Autonomía de Canarias, saber
que estos marcos jurídicos nos ofrecen una
vía de posibilidades, al menos para
iniciar el camino.
No hace falta ser un lince ni un experto
en leyes para saber lo que tenemos delante
de las narices y sólo basta repasar
para asumirlo, si hay voluntad
política, lo que ponen de manifiesto
el artículo 39-3 del Tratado de la
Unión Europea, los artículos 150-2
de la Constitución y el 37-1 del
Estatuto de Autonomía de Canarias.
Desarrollando estos es más que suficiente.
¿Qué falta? Falta lo que la manifestación ha querido provocar: que
el debate tome presencia, que intervengan las controversias, que lleguen las clarividencias y también, cómo no, que se sepa dónde está cada cual. Es normal y políticamente correcto que cada
uno piense lo que le plazca y que cada uno
diga lo que le parezca, pero que se diga a tiempo y que los dimes y diretes sean para algo positivo antes de que el
problema se acreciente y se nos venga
encima sin tener capacidad ni de
reacción ni de respuesta.
Y la manifestación sirvió también
para decirle a más de uno que ande con ojito, porque en mayo hay las elecciones municipales y autonómicas. Están a la
vuelta de la esquina y les están esperando.