QUEREMOS SOBERANÍA ALIMENTARIA, NO BIOCOMBUSTIBLES
Las organizaciones abajo firmantes manifestamos al Parlamento Europeo,
El incremento
creciente de automóviles individuales, cuyo consumo de petróleo es una de las
principales causas del calentamiento global, hace que el uso de combustible
fósil aumente día a día. En ese contexto, el uso de biocombustibles
parece ser una alternativa positiva. Sin embargo, todo indica que ello generará
graves impactos, especialmente en los pueblos del Sur.
En efecto, es muy
poco probable que Europa logre ser autosuficiente en la producción de biocombustibles a partir de la producción nacional de
cultivos energéticos, por lo que es muy posible que lo haga a costa de las
tierras de las que depende la soberanía alimentaria
de nuestros países.
Mientras los
europeos mantendrán su estilo de vida en base a la cultura del automóvil, los
países del Sur, tendremos cada vez menos tierras para sembrar alimentos, y por
lo mismo perderemos nuestra soberanía alimentaria y
tendremos que basar nuestra alimentación en comida importada, posiblemente de
Europa.
En otros casos, los
cultivos energéticos crecerán en América Latina, como así también en países de
Asia y Africa, a costa de nuestros ecosistemas
naturales. La soya se proyecta como una de las principales fuentes para la
producción de biodiesel, pero es un hecho que los
monocultivos de soya son la principal causa de destrucción del bosque nativo en
Argentina, del bosque húmedo tropical amazónico en Brasil y Bolivia, y de
Los territorios
indígenas también han sido afectados. Los indígenas Enawene
Nawe en Matto Grosso han
declarado que “la soya les está matando”. Al momento sobreviven apenas 429 Enawene Nawe. Su territorio
ha sido reducido a la mitad y están rodeados por plantaciones de soya. Su salud
está deteriorada y los niños sufren de desnutrición.
Para servir al
negocio de la soya, los gobiernos del Sur están construyendo represas, hidrovías, puertos y carreteras, con los consiguientes
graves impactos sobre el ambiente. Al mismo tiempo, la expansión de la soya
está afectando la salud de las poblaciones aledañas, donde los niveles de
cáncer y otras enfermedades ligadas a los agrotóxicos
empleados en esos monocultivos aumentan cada vez más.
Las plantaciones de
caña de azúcar y la producción de etanol en Brasil son el negocio de un
oligopolio que utiliza trabajo esclavo y las plantaciones de palma aceitera se
expanden a expensas de las selvas y territorios de poblaciones indígenas y
otras comunidades tradicionales de Colombia, Ecuador y otros países,
crecientemente orientados a la producción de biodiesel.
La situación se
agrava si tomamos en cuenta que la soya sembrada en el Cono Sur es transgénica, y que empresas privadas en Brasil planean
lanzar al mercado variedades transgénicas de caña de
azúcar para el año 2010. El rechazo a los cultivos transgénicos
es generalizado en América Latina, y la expansión de cultivos para producir y
exportar biocombustibles a Europa exacerbará estos
conflictos.
La solución al
problema del cambio climático generado por los países del Norte no puede pasar
por la creación de nuevos problemas en nuestra región. Hacemos entonces un
llamado a los gobiernos y pueblos de los países de
ES TIEMPO DE SOBERANÍA ALIMENTARIA
Red por una América
Latina Libre de Transgénicos
Red Latinoamericana
contra los Monocultivos de Árboles
Red Oilwatch América del Sur
Movimiento Mundial
por los Bosques Tropicales