La Copa América
y el Socialismo del Siglo XXI
Marcelo
Colussi
¡Se
viene la Copa América!
Faltan pocos días para el inicio y ya el país se ha cubierto con un clima
futbolístico generalizado: Venezuela, una nación donde la tradición deportiva es
básicamente el baseball, empieza ahora a adentrarse en el mundo del fútbol. Pero
no hay ninguna duda que en toda esta fiebre hay más que fútbol. Hay, seguramente,
casi tanto deporte como política. O incluso: más política que deporte.
De hecho
el mismo presidente Chávez lo dijo: “Vistámonos todos de Copa
América”. El torneo, sin más, tiene categoría de asunto de
Estado.
Es la
primera vez que un evento de esa magnitud se realiza en Venezuela, el único país
del área que, hasta ahora, no lo había montado. Se estima que la organización
de la Copa
dejará una ganancia neta dentro del país de 500 millones de dólares. Por lo
pronto el gobierno bolivariano ha invertido 900 millones de dólares en toda su
logística, que no es poca cosa por cierto: 9 ciudades se preparan con estadios
nuevos, con mejoramiento de la infraestructura hotelera; por otro lado, ahí
está el nuevo viaducto Caracas-La Guaira construido en tiempo récord. En cierta
forma el país en su totalidad no deja de estar conmocionado con el torneo en
ciernes.
Varios récords
se apuntan para la ocasión: la última edición de la Copa América en Perú, en el año
2004, recibió cobertura de 160 países habiéndose acreditado en la ocasión 3 mil
periodistas. Para la actual edición 42ª, Venezuela registra una cobertura de
más de 170 naciones, con más de 3 mil 500 periodistas que llegarán. La
audiencia televisiva en el continente americano se estima en 800 millones de
personas, mientras que a nivel internacional se esperan 1.500 millones de
telespectadores. Todo un récord. Por otro lado, por vez primera en la historia
del torneo los juegos serán transmitidos al menos por dos cadenas de televisión
en los Estados Unidos y en tres idiomas oficiales (español, portugués e inglés).
Además, será el primer evento deportivo en América Latina televisado en base a
la novedosa tecnología high definition
(alta definición). También como vez primera en la historia del campeonato se
diseñó un balón especial para el evento, tal como sucede con los campeonatos
mundiales de fútbol, emprendimiento que lleva adelante una empresa privada de
artículos deportivos. Por último, es un récord también la cantidad de sedes que
presenta el torneo: en 90 años de existencia, nunca antes de había jugado la Copa en nueve ciudades
simultáneas. No hay dudas entonces que todo el montaje deja atrás lo meramente
deportivo.
Y si
esto sucede en el campo bolivariano, infinitamente más sucede en la oposición: la Copa América es un baluarte que
la derecha quiere torpedear. No sólo que quiere: ¡lo está haciendo! La
estrategia en juego, comenzada ya después de la salida del aire del canal
golpista RCTV, es evidente que consiste en entorpecer todo lo posible su
realización. Para poder mostrar al mundo que el “dictatorial régimen castro-comunista”
está haciendo agua y que el país está convulsionado por los cuatro costados (para
eso se “movilizaron” los estudiantes universitarios) un escaparate como la Copa América viene como anillo
al dedo a la estrategia del imperio y de la oligarquía local. Queda por verse
aún hasta dónde llegará el plan orquestado en los laboratorios de la CIA, y hasta dónde lo lograrán
implementar sobre el terreno local. Se juegan ahí sofisticadas tácticas de
guerra así como proyectos políticos disímiles: para unos –la derecha nacional e
internacional– la posibilidad de golpear una vez más a la Revolución
Bolivariana buscando su colapso final. Para el proyecto revolucionario:
una buena vitrina desde donde exhibir logros y un país que avanza, organizado y
pujante.
Ahora
bien: descontando desde ya que la monstruosa orquestación de la derecha
intentará desacreditar y atacar todo lo posible el proceso con cuanta patraña
pueda imaginarse, es de esperarse que en los próximos días puedan escucharse y
verse las cosas más inverosímiles. Pero ello no excusa que, ya no desde esta
troglodita posición de derecha sino con características críticas, con una
visión revolucionaria, debamos abrir algunas consideraciones sobre la Copa América.
Si bien entendemos que el éxito de su organización tiene un valor de triunfo
político para la revolución, no podemos dejar de promover una visión crítica.
¿Son
este tipo de actividades las que constituyen el modelo de deporte que
forjaremos en el socialismo del siglo XXI? ¿No podemos aspirar a una política
deportiva que supere el profesionalismo? ¿Tenemos que dejar en el olvido la
práctica de los deportes amateurs? Las entradas a los estadios van de los 5 a los 100 dólares. ¿Realmente
ése es el deporte que queremos, patrocinado por una tarjeta de crédito?
Hoy día,
en la cresta de la ola del capitalismo más salvaje, con un discurso globalizado
unipolar y en el medio del vendaval neoliberal que pretender llevarse por
delante todo intento de alternativa, parece difícil levantar una posición que
no adore la iniciativa privada y el primado de los más fuertes sobre los más
débiles. Pero en el medio de todo eso la opción que se está construyendo en
Venezuela es una fuente de esperanza respecto a que “otro mundo sí es posible”.
Por lo tanto, entonces ¿no podemos promover la práctica del deporte para todas
y todos en vez del fomento de este nuevo “circo” mediático que pasaron a ser
los deportes profesionales, en cuenta el fútbol como el más popular de todos?
Que millones y millones de personas se sienten ante un televisor a mirar cómo
unos cuantos jugadores profesionales muy bien pagados practican un deporte ¿es
fomentar una sana y auténtica cultura deportiva?
Sabemos que los deportes profesionales son
el “circo” moderno más importante, por delante de cualquier otro tipo de
distracción, moviendo fortunas cada vez más grandes que se extienden por un
sinnúmero de negocios, desde ropa deportiva a publicidad, desde derechos de
televisión al internet. Y todo ese circo tiene un poder ideológico fabuloso:
las posibilidades de manipulación que permite ese gran circuito de los deportes
profesionalizados transformados en gran negocio es enorme. El fútbol, siempre
se ha dicho, es una pasión de multitudes, una fiesta popular. Pero ¿es el
fútbol tal como se va imponiendo cada vez más –con todos los campeonatos gigantes
que no cesan de organizarse: ya se levantan voces pidiendo la realización de
los mundiales cada dos años en vez de cuatro–, es realmente ese fútbol una
verdadera fiesta popular, o hay ahí algo más?
No hay dudas que vale aprovechar la Copa América para enviar un claro mensaje
político-cultural al mundo, así como lo hizo la Unión Soviética
con el campo deportivo durante la Guerra
Fría, o como lo hace China con los próximos Juegos Olímpicos
2008, quizá no muy distintamente a como lo hace cualquier país capitalista con
estos grandes montajes. En definitiva: todo es ámbito para la lucha política,
también el deporte. ¿Pero no podemos permitirnos una crítica de este monstruo
que se ha creado con el fútbol profesional? ¿No podemos intentar trascenderlo
en nombre de algo nuevo?
Está claro que hoy por hoy desmontar
este circo colosal –así como desmontar cualquier gran negocio de las grandes
multinacionales capitalistas– es una obra enorme, titánica. ¿Pero no sería ésta
una tarea que debe abordar el Socialismo del Siglo XXI?
Defendamos a muerte la Copa América del sabotaje de la
derecha, pero no dejemos de abrirnos estas críticas: ¿puede ser el “circo”
profesional el paradigma de deporte al que aspiramos?
mmcolussi@gmail.com