ENTRE LA AUTODETERMINACION
Y LAS SOLUCIONES "COJAS"
M.M.F.
A estas alturas del conflicto saharaui-marroquí resulta penoso e inaceptable oír ciertas declaraciones que resurgen como eclosión inesperada para dispersarse aquí y allá con total escepticismo que encierra en contenido y forma una solución menguante al problema de descolonización del Sahara occidental.
Sin embargo, después que las instancias internacionales como las naciones unidas, la comunidad africana pasando por la corte internacional de justicia, atestiguaron el derecho inalienable del pueblo sahraui a la autodeterminación. Hoy, por contra, ciertas fuerzas políticas y económica insisten en hacer retroceder este derecho que es aval de toda la comunidad internacional en materia de descolonización, que nadie puede poner en tela de juicio.
El prolongado silencio personal e institucional de estas voces ante la razón, y los duros años de contienda frontal entre los dos beligerantes, el reino de Marruecos y el F. POLISARIO, hizo revivir quizás entre estos países y personas viejas ansias de chovinismo exacerbado hoy, por declaraciones referentes a soluciones "cojas" que sin duda, no son más que la prolongación de las entonces que rompieron la lanza en aupar a Marruecos en su invasión, por una parte, y por otra, subestimaron a los saharauis hasta el extremo de dejarles condenados a un exilio indefinido, y sin patria.
Pero la diferencia entre ayer y hoy sólo se percibe en un lenguaje engañoso, de apariencia moderado, pero de contenido hueco y de desliz inaceptable ante un problema de descolonización, lo que en definitiva lo deja menos audible y menos creíble.
Pero este discurso entra igualmente en la contradicción flagrante hasta de pedir de los sahrauís prudencia y cordura a la espera que maduren las condiciones para la "solución". Pero acaso 30 años no han sido suficiente para poner los puntos sobre las iés que difieren entre la víctima y el verdugo, y tener la suficiente valentía de levantar la situación de impasse que con la cual se pretende maniatar a los sahrauís ante lo que les pertenece por derecho y naturaleza.
Hay que salir de la carcasa del miedo, la ambigüedad y el chantaje, y sumarse honestamente a la acción común de aquellos que abogan por la sensatez, la valentía, audacia, la razón y la justicia.
El gesto mostrado por parlamentarios e intelectuales españoles, el reconocimiento y apoyo de países africanos y latinoamericanos, así como la amplia ola de protestas en las zonas ocupadas constituyen una abanico de solidaridad y rechazo a la ocupación que, sin duda, incidirá en las deliberaciones de la sesión de la Asamblea General de la ONU. Donde el F. Polissario el reino de Marruecos medirán pulso en una lidia, que desde su comienzo fue desigual, pero con la plena certeza que la razón perdura avalada por la legalidad.
Como es sabido, ninguna convención internacional o regional fundamenta sus valores en soslayar o atenuar el privilegio de pueblos o naciones, ya sean pequeños o grandes, ricos o pobres. Por tanto, es obvio, que nada ni nadie se reserve el derecho de autoría de llevar la voz cantante en ausencia de la concernidos directamente.
Es virtud hablar y actuar en nombre de la legalidad internacional, defenderla con creces y tesón. Pero por igual en conflictos lejanos como en próximos; de altas tensiones como en bajos. Sólo de esta manera podremos ganar el respeto y la consideración que ayude substancialmente a relanzar las relaciones internacionales al nivel que añoran pueblos y naciones de todo el mundo.
Históricamente, las soluciones incongruentes siempre han dejado un mal sabor de boca. Sin embargo, sólo la transparencia en el verbo y la acción política y diplomáticamente podrán enterrar definitivamente el hacha de la discordia que Marruecos levantó desafiante contra el pueblo saharaui en 1975, en detrimento de la comunidad internacional.
En efecto, hoy más que nunca, para la comunidad internacional es necesario aportar las fórmulas más idóneas y solventes, teniendo en cuenta las que están sobre la mesa, que pongan fin honestamente al calvario del pueblo sahraui, que fue víctima y sigue siéndolo de una conjura que se tramó en su ausencia y que desbordó los límites jurídicos, éticos y morales.
Con esa trama se pretendía hace tres décadas atrás, hacer abortar las ansias de libertad de los sahrauís que exigían a la metrópoli española. Se hizo lo que se hizo, no obstante, los sahrauís rechazaron sin embajes la política de hecho consumado, y desde entonces emprendieron un largo viaje de peripecias considerable donde el sufrimiento, la diáspora y el exilio eran las paradas más destacados en la búsqueda del referéndum prometido por la ONU desde finales de 1960.
Pero lo más triste de esta historia, quizás no reside únicamente en la sangría humana, social, económica y política cuyas consecuencias penden aún como verdadera pesadilla sobre la región, el continente y las relaciones internacionales. Sino también, por desgracia, en la intención desafortunada de algunos que vuelven a tocar vieja sinfonía que arroja desapego en el oído receptor, y que nos hace evocar melancólicamente el fin de una etapa que fue superada por el tiempo, los acontecimientos e incluso por nuevas generaciones que aclaman justicia.
Entonces, hay que cortar paso a la sinrazón, que sólo lleva a la confusión. Es pues, como decía perfectamente Murphy: "Si algo puede ir mal, irá mal". ¡Hay que tener cuidado!.